EL SEXTO SENTIDO DE LAS ÉPOCAS HECHO SÉPTIMO ARTE

“El cine propone continuamente el mito del héroe”

Luis Espinal

Se recomienda la obra “El señor de los anillos” como literatura apta para adolescentes. Este libro, traducido a más de 25 idiomas, vendió más de 50 millones de ejemplares en el mundo, además de haber sido tomado en cuenta por la maquinaria cinematográfica y por el sueño de un director de tierras legendarias como Nueva Zelanda.

Cual coincidencia con la desaparición de las dos torres de Nueva York en el siglo XXI, el mundo cinematográfico acoge de manera fantástica la aparición de otras “dos torres” que fueron construidas en la imaginación de un escritor, historiador y filólogo a mediados del siglo XX. Dos épocas históricas que trascienden con la descripción de valores éticos, son encontradas en la historia de hobbits, hombres, elfos, enanos, magos y seres del bajo mundo, descritas de manera tradicional, literaria y cinematográfica.

El encuentro de varias épocas alrededor de los valores humanos, como las tradiciones celtas y toda su simbología, los años de la primera y segunda guerra mundial que vivió Tolkien, y la época actual de Peter Jackson, que no es una taza de chocolate, trae una serie de reflexiones en torno a los lenguajes que cada uno utilizó para expresar su revelación.

Por tanto, en esta apreciación de narrativa ancestral céltica, la literatura fantástica y el cine de nuestras épocas, se identifican tres temas que definen radicalmente la historia del ser humano: la luz, el poder y la oscuridad.

Los valores humanos expresados desde lo simbólico, esotérico, artístico, tecnológico, ecológico y mágico revelan una vez más que las historias y películas épicas, desde cualquier punto de vista, época y cultura, crean en el hombre los más altos sentimientos.

Es como si en determinados minutos de la vida, los celtas, Tolkien y Jackson se hubieran puesto de acuerdo para bombardearnos con mensajes de liberación, el debate del poder, los enigmas, el sacrificio por los ideales, el amor y la bondad, la rivalidad de lo superior con lo inferior, la ambición y el enfrentamiento. La fórmula fantástica se repite, los héroes tienen los mismos retos, el antagonista es el ojo de la oscuridad, la misión es épica, la guerra es apoteósica, y el final suspendido hasta una tercera parte, es esperanzador.

Las Dos Torres es una película que narra la historia de la vida, del amor y de la muerte desde la alta fantasía, una fantasía que sólo en estas épocas podía ser traducida al lenguaje tecnológico y narrativo que maneja el mundo audiovisual.

Al ser una obra literaria de culto, la trilogía de Jackson, convierte a El Señor de los Anillos, en un producto de consumo masivo, que para bien de la estética profunda de una obra literaria, ha aumentado quizás los índices de nuevos lectores de la obra de Tolkien. Los mensajes principales se mantienen para cualquier tipo de humanidad ya sea lectora, cinéfila, consumista de videos o de pipocas. Lo cierto es que en primera fila de una sala cinematográfica, la visualización de un mundo tan parecido al nuestro se convierte en aterrador. Cuando descubrimos a través de la actuación, la caracterización de personajes, la narrativa, incluso la música nos enfrentamos mentalmente a un Saurón interno, a un elfo etéreo, a un enano luchador, a un mago iniciado, a un hombre guerrero, a un hobbit hermano y si observamos mejor en la calle, incluso a un Ent.

Cada escena o secuencia de la película recapitula constantemente el peligro del manejo del poder en el ser humano, el poder y el manejo de la magia, de sabios responsables o ambiciosos, el poder implacable del mal; pero así también el poder implacable de la naturaleza, la ley de causalidad para los magos: el orden. La combinación del humor y el drama en la adaptación, quizás ha pretendido darle su carácter comercial a la obra; un poco gringa diríamos; sin embargo tampoco le resta la majestuosidad que necesita para lograr impactos en el público fanático y no fanático de las tierras medias de Tolkien.

Podría decirse que se trata de una película donde las guerras son superiores, el enfrentamiento del ser humano con la maquinaria del bajo mundo, millares de seres dominados por el poder del mal, la lluvia, el fierro, lo podrido, la pesadez de las armas y el grito de las bestias. Así deben ser las guerras internas en el ser humano, así deben ser las verdaderas guerras, muy diferentes al espectáculo mediático de guerra que tuvimos hace unos meses.  Sin embargo, me entristece pensar que una guerra de elfos, hombres, enanos y uruk hais en celuloide nos conmueva tanto o más que una guerra donde no existe la estética del horror, simplemente un botón y la destrucción del ser humano.

Sin embargo, al ver El Señor de los Anillos, me pongo a pensar que no son casuales las apariciones de dichos mensajes tanto literarios como cinematográficos en estas épocas determinadas. Si bien Tolkien ha experimentado físicamente y mentalmente la guerra, y ha creado un mundo donde permanentemente muestra la esencia del verdadero guerrero; pues Parker ha tenido que hacer tangible a flor de piel y celuloide el sentido de las emociones en una guerra, en una lucha constante. ¿Será que estamos volviendo a pasar por el instante del holocausto? ¿Será circular nuestra historia, así como un anillo? Porque los mensajes en una determinada época no son en vano, y no causan impacto sólo por una movida comercial. Alguien decía apocalípticamente, después de la película: “Ahora la guerra ya no es entre los seres humanos, nos hemos debilitado tanto, que necesitamos la ayuda de seres superiores como ángeles para ganar esta batalla, porque el mal realmente es una maquinaria”.

Ante esas palabras recordé a un hombre, cierto mago blanco de la ciencia, quien decía: No sé cómo va a ser la tercera guerra mundial, pero estoy seguro que la cuarta será con palos y piedras. Supongo que en ese instante habría escuchado noticias de la bomba atómica, supongo que en ese instante se habría arrepentido de descubrir la magia oculta en los átomos. Supongo que en ese instante Tolkien corría desesperado a escribir sobre su mundo y Jackson aún no había conocido el planeta tierra.

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