Érase en el 2008

La magia de los Apthapis de Cuentacuentos

“Había una vez un sapo, con su barriga lleeena de trapo”, solía narrar mi tía, cuando era hora de dormir, y nosotras, mi prima y yo esperábamos con ansias la noche, ya que el cuento del batracio se repetía mágicamente como un sortilegio para llegar al contento. Ya en el día, solíamos escuchar nuestros discos de vinilo, donde una viejita contaba El Patito feo, la Caperucita roja, El Gato con botas, Pinocho o Pedro y el Lobo. Con el paso del tiempo, todavía me entusiasmo como una niña, cuando escucho los cuentos cortos leídos por su propio autor como Monterroso, y lo que hubiera dado por escuchar al mismo Cortázar contando sus cuentos de Famas y Cronopios, si alguna vez lo hizo. Sin embargo, las miles de posibilidades que tiene el arte, me da la oportunidad de escuchar cuentos a través de personas especializadas en el oficio: los cuenta cuentos. Para el 4to Apthapi Internacional de cuenta cuentos me vi con uno, Martín Céspedes, uno de los organizadores. Sencillo, dedicado al teatro y a la cuentería desde hace muchos años, Martín Céspedes me mostró toda la programación del encuentro, recalcando que serán cinco países los encargados de hacer soñar a los distintos públicos de la ciudad de La Paz.

–          ¿Y de qué países vendrán ahora?- le pregunté entusiasmada.

–           Los cuentacuentos vendrán de Perú, México, Paraguay, Colombia y Bolivia – me respondió mostrándome las fotos de los narradores.

–          ¿Y en qué se va a diferenciar de los otros apthapis?, le miré curiosa.

–          A pues, el saborcito nuevo de este encuentro es el Primer Circuito de Festivales de Narración en Bolivia. Después de nuestro apthapi en La Paz, los mismos cuentacuentos se presentarán en el Festival de Narración Escénica “Cuento contigo”, organizado por Teatro Hecho a Mano en Cochabamba.

–          ¿O sea que después del 16 de mayo se van a Cochabamba? y ¿hasta qué fecha estarán allá?

–          Estaremos contando cuentos del 18 al 25 de mayo- me dijo entusiasmado.

Miré las fotos de los cuentacuentos, muchos son jóvenes y otros tienen en el rostro la experiencia, la improvisación, el humor y el drama necesarios para utilizar la palabra y crear magia ante los oyentes. El esfuerzo de años, será representado por las paraguayas Erenia López y Carmen Vallejo, Coordinadora del Festival de Asunción Ñejerepe. De México llegará Sergio Villar, de Perú, Tania Castro, con cuentos dedicados al lado artesanal de los telares.  Representando a Colombia tendremos a Víctor Bustamante y Felipe Mora, que traerá cuentos cantados. Pero el plato fuerte será presentado por Carlos Pachón, uno de los mejores narradores de Bogotá.

–          Te cuento pues, que este Carlos Pachón, es el creador original de Pedro el Escamoso- me chismeó un poco Martín Céspedes.

–          ¿El de la novela colombiana?, le pregunté con mi cara de telenovelera empedernida.

–          Si pues, ese personaje justamente salió de sus sesiones de cuenta cuentos.

–          ¿Y le pidieron permiso?, le pregunté preocupada.

–          No pues, ellos lo registraron antes, y después ya nada se podía hacer, era un personaje mundial.

–          Que pena- me quedé pensando en las injusticias que se hacen con los artistas.

–          Así nomás es pues. Pero bueno, vienen igual de Cochabamba, y somos hartos paceños los que narraremos cuentos. Somos 18 entre paceños y alteños.

–          Qué aluci- Volví a mi optimismo en la charla.

–          Lo rico es que tendremos por primera vez a una niña narradora, Gloria Walpara de Viacha, que se ha formado en la Escuela Fábrica de Cemento. Ella también irá a Cochabamba.

La conversación se centró después en las formas de producción del encuentro; el mismo festival se autofinanciará a través de las actuaciones en el Bunker y talleres. Sin embargo, la mayoría de las narraciones serán gratuitas para el público en general en distintos lugares de La Paz como el Tambo Quirquincho, la Casa de Murillo y la Casa distrital de Villa San Antonio.

–          ¿Has ido al Fitaz?, le pregunté.

–          Si pues. Me dijo con una cara de obviedad.

–          ¿Y en qué se diferencia el teatro del cuenta cuentos? le cuestioné.

–          A ver…primero, se rompe la cuarta pared propia del teatro, hay una intervención, se mira y se habla con el público. Segundo, un cuenta cuentos no se aprende los textos de memoria, pero sí la historia, ya que interviene mucho la improvisación. Tercero, la narración es muy versátil en el uso de espacios, no es necesario un aparato técnico. La narración es más íntima para lugares más pequeños. Ahora, las fuentes son diversas, algunos toman cuentos de la literatura y en el caso de Bolivia, nos gusta mucho el cuento urbano, costumbrista y el de las creaciones propias.

A pesar que la narración en Bolivia es joven, Martín Céspedes me hizo recuerdo que existen espacios fijos de cuentería en Santa Cruz y en La Paz. Por ejemplo, cada miércoles en la noche, el Bocaisapo abre su espacio para narradores que cuentan cuentos de la revista “Correveidile” con un ciclo llamado “De boca en boca”, otro lugar permanente en narración es el TTkos, lugar donde interviene Wilani Teatro, que prontamente organizará, también, un concurso intercolegial de cuentacuentos. Además de cuentos y presentaciones, este 4to apthapi presenta talleres de improvisación, de incentivo a la lectura con alumnas de educación parvularia y otros de intereses especializados en cuentería.

–          Ayj, y ¿habrá Narratón este año?, le pregunté emocionada por el anterior que hubo el año pasado.

–          Claro, pues-  sonrió- Este año nos lanzaremos con la segunda Narratón, cuatro horas mínimo de cuentos, de corrido, en el Tambo Quirquincho, para concluir el encuentro el viernes 16. Claro que todo, todo concluirá con un apthapi que está organizando la comunidad de Jampaturi en el valle de la Animas. Además que después iremos a ver el Gran Poder- concluyó sonriendo y emocionado con tanto correteo cultural en su vida.

Y como si dijera la moraleja de un cuento, Martín Céspedes reflexionó que a veces nos olvidamos de escuchar y sólo queremos hablar, y que la riqueza de escuchar y soñar la palabra nos enriquece. Así, aprovechando el estímulo de sus palabras le reté.

–          Contame pues ahora un cuentito- lo miré como cuando miraba a mi tía en mi niñez.

–          Ucha. No puedo, recién voy a tomar el taller de improvisación, ¡yaaaaaaaaaaa!, lanza una carcajada.

–          Oh, ya pues, ya pues, contame un cuento, le insistí.

–          No pues, tienes que venir al Apthapi, allí te estaremos esperando, para contarte mejor- me miró retando con ojos de lobo feroz.

Nota publicada en PULSO, 2008

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