Celebrando a lo mexicano

LLEGÓ LA PELONA, CON FRIDUCHA Y SU NIÑO

Una mujer se ha burlado de la muerte y se ha burlado con la muerte. La ha bautizado como la mera dientona, la tostada, la pelona, la catrina y la tía de las muchachas. Desde ayer nos visita con su esposo, en forma de mesa para los difuntos, de película, pan de muerto, flores y tequila. Me refiero a la pintora mexicana Frida Kahlo, aquella que ha representado el dolor de un siglo dentro de su cuerpo, oculto en sus vestidos. Recordando los cien años de su nacimiento y los cincuenta de la muerte de su marido, el muralista Diego Rivera, la Embajada Mexicana en Bolivia ha decidido rendirles homenaje uniéndose a nuestra Fiesta de Todos Santos, muy similar a la que se celebra en México.

La agenda cultural de noviembre se abre con la llegada de estas almas, en el tiempo del Manqha Pacha, el mes de nuestros difuntos y las ñatitas. En ese sentido, la Oficialía Mayor de Culturas y la Embajada de México, con el apoyo del Conacine y la Escuela de Bellas Artes, han inaugurado una serie de actividades que mostrarán el encuentro de la cultura boliviana y mexicana.

LAS MESAS

Dos mesas para difuntos se instalaron en el cine 6 de Agosto, inaugurando así el homenaje a los pintores mexicanos y a los difuntos bolivianos. Los resiris hemos admirado la similitud entre una mesa y otra. Me concentré en el altar que los mexicanos instalaron para Kahlo y Rivera.  Allí se encuentra, como parte central, un fragmento de la pintura de Frida, donde se muestra a sí misma, junto a Diego Niño y a la catrina, el esqueleto famoso que creó Guadalupe Posada. Este trío recibe a sus pies una serie de elementos propios. Christopher Shubert, Agregado Cultural de la Embajada mexicana, explica que la comida es fundamental, es por eso que presentan arroz rojo mexicano, maíz, frijoles o porotos, dulces, chiles, bebidas como tequila y mezcal, además de velas, flores blancas a falta de la flor de sempasuchi, la flor típica mexicana para difuntos. No falta, para nada, el papel picado y de colores vivos, y unas figuras en papel maché que representan a los tormentosos artistas.   Otras dos mesas se presentaron en la Escuela de Bellas Artes.

LA PELONA

Frida Kahlo estiró la pata el 13 de julio de 1954 y Diego la siguió tres años después. Llegó la flaca o la pelona y se los llevó uno tras otro. Y no es que me esté haciendo la burla de la pintora, sino que la misma cultura mexicana tiene la tradición de bailar y hacer chistes con la muerte. La figura de una calavera sería la inspiración del artista José Guadalupe Posada, quien inmortalizó a la muerte y a la sociedad mexicana a través de caricaturas y gráficas que, posteriormente fueron rescatadas por la misma Frida. Ese toque de burla, según Shubert, se manifiesta constantemente en el vocabulario mexicano que aun ve a la muerte con buenos ojos y buen gusto, ya que para adornar las mesas, se realizan calaveras de azúcar y chocolates. Shubert señala: Nosotros no tenemos ñatitas, calaveras reales, sino de azúcar y se convierten en artesanías que uno se las termina comiendo. Y son ricas.

PELÍCULAS Y CHARLAS

Paralelamente a los homenajes y mesas en día de difuntos, también se presenta un Ciclo de cine llamado La muerte filmada, donde se presentarán películas que nos hablen de la pintora mexicana, de los difuntos en México y en Bolivia. Uniendo, así, clásicos del cine de oro mexicano con el cine junto al pueblo, como el de Jorge Sanjinés con su película: La Nación Clandestina, donde el Tata Danzanti no deja de bailar junto a la muerte. Así también sobresale la exposición de fotografías de Ñatitas que presenta Cristian Lombardi en el segundo piso del cine 6 de Agosto. La celebración concluye con un ciclo de conversatorios que presentan como tema central la cultura de la muerte en estos dos países, a través de  expertos como Jorge Laruta, Milton Eyzaguirre, Edgar Arandia y Felix Catalá.

Por su lado, el elefante y la paloma; es decir los difuntos Rivera y Kahlo, estarán esperando por nuestras oraciones, para que la marcha sea feliz, para nunca más volver, nunca cerrar los ojos y seguir mirándonos, siempre.

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