LIDERAZGOS, INTERESES, ESTRATEGIAS Y RESULTADOS INDÍGENAS

ENTRE LA LIBERACIÓN INTERNA Y LOS RESABIOS DE LA COLONIA

Por Claudia Daza Durán

Coello decía “Hay que aprovechar de la indiada para todo que después de la victoria yo le indicaré un medio para deshacerse de los indios” (Condarco: 318)

Introducción

En un tiempo en el que los movimientos indígenas en los Andes sigue siendo uno de los temas principales para analizar la participación popular y la democracia en Bolivia, es necesario recordar cíclica y constantemente las razones de un pueblo, de las markas y de los actores sociales que han dejado huella en la historia oral o la historia que no es oficial y que recientemente se ha estado difundiendo a través de varias organizaciones académicas y sociales.

En ese sentido las reflexiones que presento a continuación son críticas comparativas de los líderes que ha tenido nuestro pueblo, diferenciándolos por épocas, coyunturas distintas, las mismas injusticias, estrategias diferentes y resultados que concluyen en un inconformismo que sigue siendo la base vertebral de algunos movimientos actuales.

Desarrollo

“Hay que aprovechar de la indiada para todo que después de la victoria yo le indicaré un medio para deshacerse de los indios” (Condarco: 318) Es así cómo Ramiro Condarco nos muestra una serie de frases en las que explica y recrimina moralmente las actitudes de los liberales ante la actuación de los “indios” en la guerra civil. [1]

Es a partir de esta frase que quisiera comenzar apuntando una serie de coincidencias históricas que tienen como punto de unión al racismo. Un racismo que se manifiesta a partir de la Colonia, donde se encuentran dos pensamientos distintos con una concepción distinta sobre un factor que es primordial en esta lucha y serie de movimientos: la tierra.  La tierra que es entendida como generador de vida para la cosmovisión andina, la tierra como propiedad, la tierra como un asunto legal, la tierra como un factor de guerra y los distintos imaginarios de tierra que se fueron dando en el transcurso de la historia. Así también destaco las diferencias de pensamiento en cuanto a una posición política como las de Tupac Amaru y Tupac Katari y ese cambio de pensamiento que concluye o se centra específicamente en la tierra como propiedad y no como proyecto de nación.

Mi pregunta radica en entender cómo es que un proyecto político de renovación imperial Inca va desgastándose, desde sus estrategias de lucha, liderazgos, objetivos e impactos. Así también trato de identificar los actores que debilitaron ese proceso, que en cierta medida hubiera podido ser instaurado con la insurrección de Pablo Zárate Willca o bien aprovechado, como se hizo en la guerra civil, en la guerra del Chaco.

Tras haber identificado algunos momentos históricos, cabe recalcar la actuación de aquellos “traidores”, de aquellos que no cumplieron con promesas, o de aquellos que obstaculizaron todo el tiempo las gestiones y los movimientos indígenas, desde las gestiones legales que hacía Tupac Amaru, pasando por la lucha de “hormiga” que emprendió Santos Marka T’ula guardando desconfiadamente los archivos de los caciques, hasta la lucha intensa por no participar en una guerra sin sentido para indígenas que ni siquiera conocían la “tierra” que defendían.[2]

Yo lo entiendo como aquella ausencia de Reciprocidad que tenía y tiene el pensamiento indígena en las políticas que se plantearon en la Colonia y se mantuvieron en la República, incluso con mayor intensidad. Ante esa ausencia de igualdad y reciprocidad, se plantea un proyecto político con un imaginario incluso mesiánico al hablar del Pachakuti en tiempos de la lucha de Tupac Amaru II y Tupac Katari, quienes fueron silenciados de la manera más violenta en pleno siglo XVIII. Pero así también, quedaron imágenes, que fueron aprovechadas por el racismo de los q’aras, de bestialidad al asesinar y tratar de “limpiar” esta tierra de blancos. Si bien la Colonia y la Conquista correspondían a un grupo de “extranjeros” o Kharisiris que no cumplieron con el mandato del “Dios” que difundían, lo imperdonable para los indígenas y yo creo que también para cualquiera que estudie profundamente la historia boliviana, radica en el abuso y esa falta de compromiso que existió a partir de la época Republicana, donde los intereses se mostraron sin excusa de manera racista, excluyente, mentirosa y abusiva con respecto a los “indios”.

En principio porque los movimientos indígenas no fueron reconocidos hasta hace algunos años como los principales ejes de cambio en nuestra historia, tanto así que cuando se habla de la independencia no se reconocen visiblemente las actuaciones que se dieron en 1781. [3] Y en segundo lugar, uno de los acontecimientos que ocasionan un debate permanente en nuestra historia: se trata de la guerra civil, donde los liberales a cabeza de Pando llegan al poder al lado de los indígenas, actores sociales importantes al mando de Pablo Zárate Willca. El debate y la crítica que hace por ejemplo Ramiro Condarco radica en esa falta de lealtad que hubo ante los compromisos que se hicieron, de una manera oscura en cuanto a documentación, sobre la restitución de la tierras de origen, tierras que habían sido usurpadas a los indígenas anteriormente por el presidente Melgarejo. Es así que a partir de los hechos de una unión a los liberales, un desconocimiento de estos hacia los indígenas, y un seguimiento incluso penal que les hicieron posteriormente a su victoria, se ha podido rescatar el último proyecto político más compacto y claro que se dio a partir del “temible” líder que se hizo famoso entre los q’aras bolivianos.

Los objetivos o las demandas de un grupo de líderes a cabeza del misterioso Willca, como el de la Restitución de la tierras de origen, la guerra de exterminio contra las minorías dominantes, la constitución de un gobierno indígena, el desconocimiento de las autoridades revolucionarias y el reconocimiento de la autoridad de Zarate Willca, son la muestra de un proyecto que hizo temblar a un grupo minoritario, que no tuvo otra opción que la justificación, yo pienso “racista” nuevamente, de pacificar a los “indios” quiénes habían tomado un camino distinto al que había planteado Pando, cuyo grupo se sujeta en los hechos de Mohoza para incluso enjuiciar a uno de los hombres más importantes de la guerra federal.

Mientras hacía una revisión sobre esta historia recopilada, me detuve de una manera incluso infantil, a pensar en los nombres de las calles que tiene nuestra ciudad[4], la cuál ha sido testigo de una serie de conflictos raciales de quienes concluyeron en lavarse las manos, en vanagloriarse de un triunfo liberal, y sobre todo en buscar opciones para deshacerse, al estilo español, de aquellos quienes solamente pedían lo que se había acordado anteriormente.

A pesar de haber asesinado a Willca, a sus compañeros y a todo ese grupo que lo acompañaba destaco las palabras que se escuchó decirle a su supuesto compañero de lucha; Pando, quien tuvo que recibir la siguiente recriminación en 1904 con la imagen de un Willca cuya imagen asemejó desde ese entonces como un fantasma rebelde:

“No vengo a pedirte clemencia, sino justicia. No cometí otro delito que seguir tus instrucciones, y el de creer en ti y en tus promesas de emancipar a mi raza. Me has engañado y has engañado a mi pueblo”. (Condarco, 409)

Con la participación de Pablo Zárate Willca en nuestra historia, entiendo un quiebre ideológico en cuanto a la comprensión de liderazgo y proyecto indígena. Ya que al hablar del trío Amaru, Katari y Willca podemos concluir que evidentemente, este último se asemejó a Katari por la educación que no recibió, por la capacidad de convocatoria que tuvo con los suyos y por el liderazgo bravío que demostró en sus luchas. Sin embargo, también puedo señalar que fue un liderazgo muy especial ya que los tres dejaron un huella que trascendió la misma historia oficial, que si bien no los nombró mucho reconoce sus participaciones y los impactos que éstos lograron en los levantamientos indígenas. Otro de los aspectos que los diferencia con los acontecimientos posteriores será la forma de lucha, ya que las estrategias eran utilizar armas, macanas y el mismo cuerpo para un enfrentamiento ensangrentado; sin embargo la historia del siglo XX nos muestra una lucha legal, la cual no es tan reconocida como la de los caudillos armados. Es ahí donde aparecen otros protagonistas: los caciques apoderados y los escribanos.

Si bien la liberación que planteaba Tupac Katari fue criticada por esa falsa liberación interna que tuvo al alienarse religiosamente con el catolicismo, ya a inicios del siglo XX se hablaba o se pensaba en una liberación más concreta y práctica: la educación. Es muy apasionante y al mismo tiempo desgarrador cómo don Leandro Condori nos cuenta su vida, relatando hechos que fueron tan importantes para los indígenas de su época.  Ser el escribano de los caciques apoderados, haber conocido a Santos Marka T’ula, a Rufino Zárate, a Eduardo Nina Quispe, a Feliciano Llanqui y a los demás caciques que lo buscaron para gestionar sus tierras es un hecho que me parece trascendental para la investigación de la historia de este sector que no fue tomado en cuenta en la historia oficial. Porque se trata de una historia que paso a paso nos muestra la serie de injusticias que sufrieron los caciques; pero así también nos muestra una serie de reflexiones que hace objetivamente en cuanto a los fracasos que estos tuvieron.

Podemos afirmar que la lucha de Zárate Willca fue seguida de una manera pasiva a través de los caciques, cuyas reivindicaciones se reducen a la recuperación de la propiedad de tierra específicamente, dejando de lado proyectos políticos e ideológicos que eran manejados de manera más amplia por los caudillos ancestrales. Sin embargo deben destacarse resultados concretos que se dieron como el del funcionamiento de escuelas rurales o la aparición del Centro Bartolomé de las Casas, que fue gestionado por Santos Marka T’ula junto al apoyo de Leandro Condori. Si bien las cualidades de bravía y fuerza que se mostraban en Willca o los caudillos del siglo XVIII, debe destacarse el trabajo de “hormiga” y la perseverancia de los caciques, encabezados por Santos Marka T’ula, un personaje que es descrito como aquel analfabeto que terminó siendo el

apoderado de todas las comunidades originarias de la República y cuyos mecanismos no se manejaron en batallas, sino en los Altos Tribunales y Archivos nacionales, con la ayuda de escribanos de la misma “raza”, debido a la desconfianza que había en los tinterillos q’aras o aquellos que se llamaban apoderados de la nada. El Taller de Historia Oral Andina nos presenta el testimonio siguiente: “nuestros adversarios toman nuestros asuntos y pleitos como casos subversivos y con calumnias…lo único que deseamos, es que no se nos esclavice ni se cometa abusos, que nosotros somos bolivianos, representantes de la raza autóctona, de los primeros bolivianos” (THOA, 47)

Es así que también destaco la participación indígena como el primer movimiento pacifista que se dio ya en la guerra del Chaco, quien a partir de 120 mujeres y Marka T’ula se pide la paz, y cese de una guerra que se llevaba injustamente  “indios” a luchar por una tierra que no conocían y donde fueron utilizados, nuevamente para un enfrentamiento bélico que no pudo triunfar en manos del gobierno boliviano.  Es así que esa relación con el mito en cuanto a la participación de los soldados indígenas en la guerra y la muerte posterior de Santos Marka T’ula también nos hace reflexionar sobre los imaginarios que se fueron construyendo debido a la presencia de los Kharisiris en la vida de los indígenas quienes fueron identificando claramente a sus enemigos, entre los cuales se encontraban curas, hacendados y comerciantes.

Uno de los datos interesantes que comparte Leandro Condori al relatarnos su experiencia de vida al lado de los caciques es esa falta de interés y conocimientos que estos tenían en cuanto a los procesos políticos. Ante una de mis primeras interrogantes, Condori aparece con una respuesta:

“Nadie se levantó por eso…porque por una política descuartizaron a Tupac Katari” “No se pensaba apoyar a ningún gobierno que yo recuerde”. (Condori, 62) Es así que podemos entender la focalización en un tema más específico que general o global, abarcado anteriormente por los caudillos de hace años.

Así también, este escribano nos explica porqué los caciques no pudieron en su momento resolver lo que pedían. Ya que entre los caciques no se valoraban, andaban comparando sus tierras o su trabajo como caciques. Es decir que lucharon separados. Por esa razón, según Condori, no pudieron avanzar en la lucha. Tal caso se demuestra también en las apreciaciones que tiene Condori de Nina Quispe que es visto como un apoderado hablador que obedecía a sus patrones, causando por lo tanto otro factor de separación entre caciques. Ese testimonio, sobrepasa a cualquier análisis desde mi punto de vista, porque se trata de la opinión sincera de aquel que vio el proceso de cerca, es por eso que vuelvo a repetir sobre la importancia de este testimonio, que ojalá haya abierto una brecha en la historia oral, testimonio que hubiera deseado tener por ejemplo Condarco al querer explicar los lazos de Pando y Willca.

El hecho de encontrar un personaje como Condori, me hizo reflexionar sobre los objetivos globales de liberación que tuvieron los indígenas y la educación como objetivo personal de unos cuantos que se dieron cuenta que debían entrar en el sistema para hacer la lucha y en algunos casos caer injustamente de nuevo en manos de un gobierno como en el caso de la masacre de 1921 la cual fue testigo de muertes y cientos de despojos.

Conclusiones

Todos los acontecimientos reflexionados anteriormente, se encarnan en las conclusiones o puntos neurálgicos que presenta René Arce al hablar sobre la Guerra del Chaco y la participación del “indio” en esta. Una época donde no había legalidad en cuanto a las tierras, donde lo racial se acentúa, y la ideología de Patria es manipulada para “manipular” a los indígenas; pero una época donde también se dan grupos de bandidos, desertores de la guerra que ocasionaron otro dolor de cabeza en el interior de una patria que todavía no vislumbraba una revolución que lograría responder a los pedidos indígenas y que también los traicionaría posteriormente.

De todos modos, siento que el “indio” como actor social en nuestra historia es uno de los personajes más perjudicados en cada guerra, sublevación, levantamiento o masacre que se haya dado durante años. Pero a pesar de haber perdido mucho queda esa memoria histórica, una de las características que tiene un movimiento indígena como el eje o el mecanismo de una estructura que puede surgir en cualquier momento. Sin embargo, tras reflexiones sobre las característica de liderazgo de caudillos o sobre la lucha que hicieron los caciques en su momento, pues queda el análisis de los actuales movimientos que se encuentran más separados y cuyos objetivos son coyunturales.

En todo caso, siento que además de la lucha armada cuerpo a cuerpo, o la lucha legal son factores que marcaron la diferencia en los caminos que siguieron los indígenas. Sin embargo creo que la educación fue la frontera y bisagra de estos movimientos, que desde un ilustrado Tupac Amaru hasta un escribano como Condori, marcaron una diferencia al lado de aquellos que se sentían con la necesidad de recibir el apoyo logístico y legal, para tomar así decisiones que sólo a ellos y sus comunidades les correspondía. El tema que sigue en debate, sin embargo, es ese pensamiento colonial del que quisieron despojarse los movimientos indígenas y no lo lograron, y si se logró, solamente fue un disfraz que en su momento fue celebrado; pero después discutido permanentemente por el inconformismo de no haber resuelto aún algunas cuentas pendientes con opresores fantasmas o nuevos enemigos que también son bolivianos.

BIBLIOGRAFÍA

CHOQUE, ROBERTO Y TICONA, ESTEBAN. Jesús de Machaqa, la marka rebelde. Sublevación y masacre de 1921. Vol. 2. CIPCA-CEDOIN. La Paz. 1996.

CONDARCO. RAMIRO. Zárate, el temible Willca. Tallres gráficos bolivianos. La Paz. 1986.

CONDORI,LEANDRO Y TICONA, ESTEBAN. El escribano de los caciques apoderados. Hisbol/THOA. La Paz 1992.

TALLER DE HISTORIA ORAL ANDINA. El indio Santos Marka T’ula. Cacique principal de los ayllus de Qallapa y apoderado de las comunidades originarias de la República. THOA-UMSA. La Paz. 1988.

VALCÁRCEL, carlos Daniel. TUPAC AMARU. OEA, Universidad Mayor de San Marcos. Dirección Universitaria de Biblioteca y Publicaciones. Lima, Perú. 1977.


[1] Lo hace al explicar sobre el miedo que se genera de los liberales ante los triunfos que tuvo Zarate Willca en sus batallas, como parte de la guerra civil.

[2] Debido a los movimientos pacifistas indígenas negándose participar de la Guerra del Chaco.

[3] Para Carlos Valcárcel, la rebelión del personaje histórico José Gabriel Condorcanqui, conocido por su nombre dinástico como Tupac Amaru, es vista como una rebelión catalizadora e iniciadora de la guerra por la Independencia.

[4] Me refiero a la calle Goytia, Pinilla, la plaza Pérez Velasco, la calle Reyes Ortiz, calle Guachalla, etc, nombres de aquellos que conformaron el movimiento liberal y que son reconocidos posteriormente con sus nombres en las calles de una ciudad. Más aún el nombre de un departamento, con el apellido de aquel, como se lo muestra en los relatos, de traidor a los “compromisos” que hizo con  Pablo Zárate Willca.

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