LAS CURVAS DE CURVA

Si uno quiere vivir la Iniciación, debe viajar

El camino a Curva acoge ya con sus hierbas. Los olores de la menta, la ruda, la wira wira y otras plantas se  mezclan y preparan poco a poco el ambiente para llegar a la cuna de los médicos andinos. Curva se encuentra en la cima de un cerro, donde los cóndores han encontrado espacios perfectos para planear en libertad. Llegar caminando a Curva es la única forma en la que uno puede valorar realmente a los médicos viajeros, que desde hace años han recorrido estos senderos, que se han extendido incluso fuera del país. Es como una prueba que pide el achachila de los kallawayas: el nevado Ukumani, quien recibe constantemente los rituales y las oraciones de los hombres de Bautista Saavedra (La Paz – Bolivia), y por supuesto, también de los forasteros que saben admirar su belleza envuelta con la niebla, que más que niebla parece el humo de un constante sahumerio.

Grandes torres de corriente eléctrica anuncian la llegada al pueblo, las calles están llenas de postes y focos, pero no hay luz. La Prefectura no completó el trabajo. El alcalde ha viajado. Ha ido a la ciudad a buscar financiamiento. Incluso dos tractores que entregó el gobierno descansan en el hospital; no trabajan porque no hay gasolina. Son pocas las oportunidades que se cuente con gasolina, salvo para la ambulancia que recorre los pueblos cercanos.

Los linajes y las familias de kallawayas son fácilmente reconocibles para los pobladores. Muchos llegan de la ciudad en las fiestas principales del pueblo como ser carnavales, San Pablo y San Pedro en Junio y Todos Santos. Otros viven en la región y son sus hijos los que viven en La Paz, Cochabamba, incluso Cobija. Sin embargo, existen viajeros, que no necesariamente son curveños, sino de otros lugares de Bolivia.

Estos son algunos retratos de viajeros, kallawayas itinerantes, hijos migrantes y forasteros.

Los forasteros y el hospital

Forastero es el nombre de aquel que no pertenece al pueblo. Entre ellos es fácil reconocer al personal del hospital cuyas enfermeras han llegado de La Paz y Potosí. Incluso el mismo doctor internista es un estudiante de 23 años que viene a realizar sus prácticas desde Cuzco, Perú. Ana Espinoza, auxiliar de enfermería señala que en el mes de enero han recibido alrededor de 66 pacientes. El hospital donde trabajan es muy singular. En las puertas el cartel recibe diciendo: Jampina Wasikuna Llaqtapi, Centro de Salud Kallawaya Curva, una inversión de 50 mil dólares. Al lado del consultorio médico, se encuentra un consultorio y el laboratorio herbolario de los kallawayas, incluso un rol de atención de los kallawayas más importantes de Curva. Es Miguel Tejerina, kallawaya, el administrador y chofer de la ambulancia en el hospital. Al médico internista le cuesta adaptarse al lugar, no cree en la medicina kallawaya, le parece incongruente que en un lugar de médicos naturistas se viva los más altos niveles de desnutrición y enfermedades pulmonares. En el hospital hay otro viajero, el médico titular, quién señaló irse de vacaciones por una semana, pero no ha regresado desde hace un mes. Hay oportunidades en las que el hospital permanece desolado, ya que ni siquiera los pobladores buscan a los kallawayas en el hospital, prefieren buscarlos en sus casas. De rato en rato, los únicos que contemplan el hospital son tres cóndores que lo ven desde las alturas.

Niña migrante

Pareciera que Curva es un pueblo de niños, desparramados en las calles. Es la libertad que goza por unos días María, ahijada de la kallawaya Candelaria Bustillos, y que ha llegado de Cochabamba por vacaciones. Cuenta que se quedó huérfana de madre y que su padre, kallawaya, se la llevó a la ciudad. Allí su tía, vende enaguas sin practicar la tradición médica. A María le gusta más Curva porque tiene varias amiguitas con las que corre por todo el pueblo.

Los Cusuhe

“Yo he radicado 12 años en Potosí y Sucre, prestando mi servicio militar he vuelto, he tenido pareja y me he quedado. Constantemente voy a la ciudad y vuelvo, aquí está mi hogar, tengo mis animalitos, chacras, a eso nos dedicamos”, cuenta el kallawaya Bernardo Cusuhe, al tiempo de alzar a su nieta en brazos. Recuerda también que Curva era un lugar donde se vendían mulas y que esa era una de las razones principales de viaje en la antigüedad. Recuerda haber sido joyero en Potosí, pero también el instante en el que se dio cuenta de las necesidades medicinales en su hogar. Además de ser kallawaya, es el representante legal de seis comunidades, en la fundación Puma, que trabaja con el uso sostenible del medio ambiente. Recomienda que para reconocer a un verdadero kallawaya, hay que preguntarle qué idioma habla. “Si te dicen Macha juyai, es kallawaya”, dice orgulloso.

Su hijo mayor es secretario en la Alcaldía de Curva. Tiene 22 años, está casado y tiene una hija. Simón Cusuhe, ha aprendido algo de la lectura de tarot y coca; pero siente que le falta mucho para llegar a ser como su padre. Su madre, Rosa Paye es partera y es ella quien le ha enseñado sobre medicina herbolaria. Cuando estaba en colegio, tenía la costumbre de viajar a Yungas y trabajar cosechando coca. Ha estado en la ciudad de La Paz, cuando hizo su servicio militar. Su hermano menor acaba de irse a la ciudad por las mismas razones. Cuando termine su año de servicio en la alcaldía y su rol de secretario de actas en el sindicato del pueblo, piensa irse a La Paz, porque quiere ser ingeniero agronómico. Señala  que “cada año se van como dos familias a la ciudad. Más que todo vienen para las fiestas, mi amigo por ejemplo está trabajando de carpintero, se ha ido hace tres años, vive en Villa Adela”. No cree que la tradición se pierda, se siente orgulloso de su padre.

Los Paye

Máximo Paye es el más famoso de los kallawayas en Curva. Ha viajado durante veinte años por La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Es huérfano desde niño, quedándose de  entenado del ritualista Mariano Mendoza, el machula de Curva, es decir, el más sabio y más anciano. Señala haber viajado desde muy pequeño, incluso cuenta haber salido en televisión hablando de medicina herbolaria. Es como si llevara el orgullo de ser kallawaya en el sombrero, clave para reconocer a un médico andino, además de la alforja y el poncho rojo. Es miembro principal de la Asociación de Médicos Kallawayas Originarios en Curva, además de Luis Tejerina, Andrés Parrillo y Miguel Tejerina.

Tiene un hijo de 25 años en Potosí, trabaja de albañil y no de kallawaya. Lo esperará en las fiestas de junio porque es pasante. Paye señala: “Más antes había pues médicos más experimentados, se han muerto, han ido rebajando. Pero tampoco puedo obligar a mis hijos para que sigan mis pasos. Aunque el Vitalio es kallawaya”, sonríe al señalarlo orgulloso cuando lo ve pasar por la plaza del pueblo.

Vitalio Paye es su hijo mayor, también es albañil pero vive en Curva y es ayudante de su padre. Sin embargo, siente que le falta experiencia y desea conocer más sobre medicina. Su esposa es Martha Bustillos, hermana de “la Candelaria”, madrina de María, la niña que vive en Cochabamba. La pareja tiene un cuartito para llegar a La Paz, en la final Yanacocha, ahí pagan un alquiler de 90 Bs.

Los Lizárraga

En la casa de los Lizárraga tenemos a un kallawaya retirado de 82 años y sus hijos, el nuevo corregidor territorial y una concejala de la Alcaldía municipal.

Don Daniel Lizárraga, el anciano, viste de oscuro y sombrero, está encorvado por la edad, lleva un ojo dañado por una espina que le llegó hace años, su último viaje a La Paz fue a hacerse revisar, le dijeron que necesitaba operación. “Para qué?, Ya soy viejito, morir nomás quiero, ya ni puedo viajar” señala resignado; sin embargo recuerda con cariño los viajes que hizo por las sendas de Bautista Saavedra en aquellas épocas que no había buses ni zapatos. Señala con orgullo que después de un año solía volver a Curva, habiendo visitado Argentina, Potosí, Monteagudo y Sucre, lugar que añora con cariño por ser un lugar cálido y tener lindas cholitas.

Junto a él, recién llegado de la ciudad de El Alto, se encuentra su hijo, Sebastián Lizárraga, escogido recientemente como corregidor territorial de la comunidad. Tiene 39 años y vive en la ciudad desde niño, estudió lo que pudo, se considera múltiple ya que ejerce de plomero y pintor. Nunca entendió por qué su padre no le quiso enseñar a ser kallawaya, claro que maneja las hierbas para curar con su esposa que viene de la familia Quina, linaje kallawaya. Ha estado visitando la comunidad todo el tiempo, sobretodo en las fiestas, o en aquella oportunidad cuando los Kallawayas fueron declarados patrimonio de la humanidad. En esa oportunidad, llegaron de todas partes, kallawayas y no kallawayas vestidos de rojo para los rituales y la fiesta. Ahora, piensa abandonar su trabajo en la ciudad para dedicarse plenamente al trabajo de autoridad; sin embargo prefiere dejar a sus hijos en El Alto, ya que considera que los profesores en Curva no son buenos.

Su hermana Nora, la concejala de la segunda sección de Curva, es mujer kallawaya. La diferencia de sus colegas, el no poder viajar como ellos. “No salimos a la ciudad, tenemos que cuidar animales, las chacras, no podemos salir a otro lado. Ellos van a Cochabamba, Tarija, Sucre. Antes salían más a Perú, Brasil, Argentina”, señala ofreciendo con hospitalidad un vaso de chicha. Son 30 mujeres kallawayas afiliadas a la asociación, sin embargo no hay mujer curveña que desconozca la función curativa de las plantas.

Nora y Sebastián tienen un hermano en Cobija trabajando de policía. Allí también vive el hijo de Nora, que la visita y ayuda con el pastoreo sólo cuando sale de vacaciones. Al tener el cargo de concejala ha descuidado su trabajo medicinal. Se lamenta que ningún camión llegue a la zona.

Los Tejerina

Luis Tejerina es el Secretario General de la Asocación de Kallawayas en Curva, pero se encuentra de viaje. Sin embargo, son sus familiares entre hermanos, primos, padres, tíos y sobrinos los que hacen respetar el linaje tradicional, incluso estando en las ciudades principales del país. Su sobrino de 18 años desea seguir sus pasos, ayuda a recoger plantas y hacer pomadas, pero prefiere estudiar en el magisterio.

Miguel Tejerina, por su lado, es el que administra el hospital, ejerce de kallawaya en sus consultorios y es chofer de la ambulancia. Su esposa también ejerce en la medicina y junto a los demás comunarios llegan a conformar un número de 67 afiliados en la asociación medicinal. Señala que uno de los logros de este grupo es un libro pequeño de conocimientos, que aún no se ha compartido plenamente, sólo en algunas comunidades cercanas. Cuando alguien de la ciudad necesita de los servicios de Miguel, lo llama al teléfono del hospital o al único teléfono que se encuentra en la plaza central. De acuerdo a los llamados recibidos, viaja cada fin de mes para realizar atenciones en la ciudad, donde se encuentra su hijo Emanuel, prestando su servicio militar.

Afuera

Son varios los médicos naturistas que tienen sus hijos en el exterior.

Con lágrimas en los ojos y orgulloso, Antenor Chaca dice: “El Antenor, en Curva se va a morir”. Sin embargo vive y trabaja en Santa Cruz, su hijo Santiago está en Cuba, gracias a una beca que le dio el gobierno para estudiar medicina, y Felipa, su hija mayor, se encuentra en España.

Por su lado, Eduardo Salazar que trabaja en Cochabamba, extraña con nostalgia a su comadre, la investigadora Ina Rösing, a quien considera como la primera kallawaya alemana en el mundo.

El machula del Consejo de ancianos en Cochabamba, don Aurelio Magnani cuenta que dos de sus hijos viven en Estados Unidos, ambos profesionales; sin embargo su hija se ha dedicado a la difusión de la cultura kallawaya en la ciudad cochabambina. El mismo reflexiona: “Tenemos el deber de enseñar a nuestros hijos, tiene que quedar herencia. Al fin de cuentas, se puede enseñar a todos”.

Los kallawayas en la ciudad

En Lagunillas, una comunidad a quince minutos de Curva, se encuentran dos agrupaciones muy importantes de médicos que han decidido por una residencia en las ciudades. Tal es el caso de la familia Llaves, de los cuales Fabián Llaves los representa en La Paz como el presidente de Kallawayas en la Calle Sagárnaga.

Por su lado, Silverio Chávez (64 años), nuevo Secretario General de Lagunillas, debe viajar constantemente de Cochabamba a su pueblo, para cumplir con su servicio a la comunidad. Su hijo, Alfredo Chávez, es arquitecto, no es kallawaya; pero desea fervorosamente tomar la actividad de su padre. Señala haber tenido mucha vergüenza  de niño, cuando sus compañeros de colegio en la ciudad le decían “hijo de brujo o pajpaco”. Sin embargo, ahora, después de conocer verdaderamente el oficio y el valor de la tradición de sus ancentros, es parte de la agrupación KASFRO (Kallawayas sin fronteras), conformado por jóvenes, hijos de kallawaya en la ciudad de Cochabamba. Alfredo señala convencido: “No somos médicos, pero nos estamos capacitando en la tradición de nuestros abuelos. Somos alrededor de 32 personas. La tradición no se puede perder. Queremos promover y resguardar la moralidad y ética del ejercicio terapeuta tradicional, nosotros también queremos que nos tomen en cuenta como hijos de kallawayas. Queremos impulsar nuevas generaciones de actores culturales para poder preservar nuestra cultura como tesoro vivo. Queremos la conservación de la cultura y unificarnos con otras comunidades de toda la provincia”. Señala que sólo queda un machula en Cochabamba, don Aurelio Magnani. Juan Gómez y Jerónimo Quina, otros miembros del consejo de ancianos, murieron recientemente de cáncer. De éstos últimos no han quedado herederos de conocimiento. A su vez, Alfredo explica que existen jerarquías dentro de los médicos itinerantes. “El machula es el más antiguo, el Ch’ali es el que está pasando a machula como mi padre, y los sockeños que somos nosotros, los jóvenes”. Relata que en la misma alcaldía de Cochabamba existe un kallawaya y que hace todo lo posible por incentivar actividades con residentes de la provincia Bautista Saavedra. Junto a su asociación se encuentra SBIDMEK (Sociedad Boliviana de Investigación y Defensa de la Cultura y Medicina Kallawaya) y la ASBOLPARK (organización de mujeres kallawayas).

La historiadora e investigadora de la medicina kallawaya, Doctora Carmen Beatriz Loza, confirma la fortaleza de estas familias en Cochabamba. No cree que el viaje sea un impedimento para la transmisión de conocimientos y considera que en vez de hablar de migración se debe hablar de “doble residencia”, que se verifica constantemente en las fiestas. La doble residencia, opina la investigadora, les ha permitido profesionalizarse, enterarse de las leyes, de la política de salud pública, conformando herramientas para establecer una lucha sin tregua.

Piensa que las amenazas son otras como:

–          La negativa del Estado a reconocerlos como pueblo indígena, que ha sido borrado del censo 2001.

–          No tienen existencia jurídica en el país.

–          La falta de reconocimiento a su saber desde las esferas de decisión en materia de salud.

–          En el Ministerio de Salud paradójicamente no hay ningún kallawaya trabajando para diseñar la política pública en el tema de salud e interculturalidad.

–          El mercado, debido al exceso de oferta biomédica en el país.

Al respecto, la historiadora señala: “la llegada de médicos cubanos no afectó al Colegio Médico, eso afectó a los médicos tradicionales y de eso no se quiere hablar; además no puede ser que unos cuantos médicos que no conocen el campo, que nunca han caminado a pie, que no conocen ni una planta estén definiendo políticas públicas y los estén desplazando”.

Llegando a una conclusión

–          Una de las razones para la migración en algunos jóvenes, hijos de kallawayas es el servicio militar.

–          Existen familias de kallawayas, pero no todos sus miembros lo son, por falta de aptitud, interés o designación.

–          Al fin y al cabo el VIAJE es un proceso iniciático en los kallawayas, porque los llena de sabiduría, el viaje de ida y vuelta, el viaje sin retorno, el viaje que implica sacrificios.

–          Evidentemente, sí se puede hablar de doble residencia, cuando los pobladores inmigrantes de la provincia Bautista Saavedra tienen casas, chacras y ganado en los pueblos.

–          Una razón de regreso al pueblo es la fiesta. A los pueblos llegan de todas las ciudades y existe un sistema de reconocimiento entre los mismos kallawayas que se identifican como residentes de La Paz, de Santa Cruz y Cochabamba.

–          La asociación es un sistema de sobrevivencia. Lo importante es que están organizados en las ciudades y en los pueblos, a pesar de estar desunidos en algunos casos.

–          La tradición es familiar, no sólo de padre a hijo, sino de padre a esposa, a hijos, a nietos. A comunidades enteras.

DATOS EXTRAS

En la zona existe alrededor de dos mil a tres mil plantas.

Según el censo de 2001, los pobladores de la provincia ocupaban 3.812 viviendas que acogían un total de 11.475 habitantes. Esa es la población que corresponde al 0,49 por ciento del departamento de La Paz haciendo un verdadero mosaico multiétnico.

La Comisión de Política Social en su sesión de plenaria tuvo todos los votos de los parlamentarios para declarar como etnia a los Kallawayas. “El Estado boliviano, multiétnico y pluricultural, reconoce mediante el proyecto de ley, los derechos sociales, económicos y culturales de la etnia Kallawaya, garantizando para tal efecto su identidad, valores, lenguaje, costumbres y sus organizaciones originarias.

El ex diputado Guillermo Mendoza mostró su total satisfacción por la aprobación de está norma que posteriormente será sometida ante el debate en la sesión plenaria de la Cámara Baja. Asimismo manifestó que la etnia Kallawaya está compuesta básicamente por los ayllus Canlaya, Chajaya, Huata, Inca, Sajnajon, Chari, Tilinhuaya y Curva de la provincia Bautista Saavedra del departamento de La Paz.

Datos de servicios en las comunidades cercanas:

Con puestos de salud: Caalaya, Cañuma.

Cementerios: Sanachi, Pajan, Puliporta, Quellwactoa, Cañizaya, Lagunillas, Medallani y Cañuma.

Canchas de futbol: Cañizaya, Lagunillas, Upinhuaya, Caalaya, Cañuma.

Radio comunicación: Pulipata, Curva, Caalaya, Cañuma.

Escuela: Todos menos Lagunillas

Ambulancia: Curva.

Iglesias: Cañizaya, Lagunillas, Cruva, Upinhuaya, Caalaya.

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