MINI REFERENCIAS DE LA LOCURA Y SUS CURAS

Generalidades de Bolivia y del mundo

Claudia Daza Durán

“No creo que mi locura sea la de la persecución, ya que mis sentimientos en estado de exaltación desembocan

más bien en las preocupaciones de la eternidad y de la vida eterna”

Van Gogh

1.1.          Antecedentes generales

Años de melancolía oculta

Coincidimos con L. Pérez (1997) al pensar que los trastornos mentales existieron mucho antes de que la propia ciencia se manifestara. Y está claro que en épocas remotas, cuando se daba crédito a la melancolía de los demonios o dioses sobre los trastornos, eran los brujos y curanderos los que trataban dichas anormalidades.

Ya en momentos mágicos como la época de revoluciones y fenómenos como la Ilustración se recurre a la internación de los gritos, se construyen hospitales y asilos psiquiátricos.

Las anormalidades se veían como posesiones, por ello se procedió a la gran cacería de locos  o alienados por la Inquisición y también a “El Gran Encierro”, momento histórico mejor descrito por Michel Foucault. Las ciudades creaban sus espacios de encierro, tal es el caso de los “Barcos de los Locos” (calvo, 1996). El manicomio en sí es un instrumento terapéutico; y su arsenal, según Gironella Clusa (1996), se restringía a duchas frías, cadenas, sangrías, etc.

A nivel institucional es importante mencionar la intervención de Pinel en la Bicetre, durante la revolución francesa, liberando de las cadenas a 49 enfermos mentales, conformándose así la primera reforma institucional. A fines de ese siglo, según Héctor Sierra (1998),  se genera el paradigma de la mirada, donde la ciencia comienza a clasificar y dibujar la geografía del cerebro.

Siglo XX

A inicios del siglo XX se aplicó principios preventivos de la salud pública en torno a la enfermedad mental. Sierra describe la presencia del paradigma de la escucha, porque la lejanía con el enfermo se reduce drásticamente y los niveles de empatía crecen. Dentro de la prehistoria del grupo terapéutico sobresalen las ideas de reunir a los pacientes para dar instrucciones médicas en grupo (caso de tuberculosos que dirigió Pratt), los temas de discusión dirigidos a esquizofrénicos y la conformación de los grupos de autogestión como los Alcohólicos Anónimos (AA) (ávila, garcía, 1995: 318). Otros aportes a nivel científico crecen,  aparecen estudios de dinámicas grupales como las de Bion (con aportes de cultura grupal y la división de sus grupos), las técnicas dramáticas o musicales (psicodramas) de J. Levy Moreno y las terapias por el trabajo de Simon. La ocupación llega a tener un valor terapéutico.

Ya en los años 60 y 70, se intensifican los estudios sociológicos en torno a los hospitales como institución, aparece Barton con su “Neurosis institucional”, Goffman con sus “Instituciones totales”, Basaglia con el movimiento antipsiquiátrico y Szasz con sus diagnósticos psiquiátricos. El manicomio es transformado en terapéutico mediante terapias ocupacionales, comunidad terapéutica o terapia institucional. Los ingresos de pacientes aumentan pero los días de estancia se reducen de manera notable (del olmo, 1996). En el ámbito comunicacional y específicamente semiótico, Eliseo Verón realiza significativos estudios sobre las diferencias de comunicación en estados neuróticos con histéricos, fóbicos y obsesivos.

Sierra señala biológicamente que la resultante del cambio en la humanidad es la globalización la cual ha generado un derrumbe de la solidaridad, el desempleo masivo, la pérdida de la identidad, la incertidumbre, el quiebre de los grupos sociales, la inseguridad y la falta de confianza en el otro. Se menciona que el hombre ya no cree en Dios porque ha empezado a creer en todo y en cualquier cosa, se habla que “el New Age es al pensamiento lo que las hamburguesas McDonald son a la comida. ¿Es necesario que nos deprimamos de esa manera? “Es una época del yo sobre el nosotros” (sierra, 1998). También se hace referencia a las declinaciones de las familias que ahora son vistas como un contrato y nada más, porque los divorcios crecen, las relaciones sexuales disminuyen mientras aumentan los datos de pornografía a todo nivel. También se nombran los factores de la competencia, adicción y violencia como condimentos importantes de esta salud mental de fin de siglo.

1.2.          Sociología

El enfoque de la sociología en torno a los trastornos mentales se asocia a la economía, el estatus, la posición dentro de la misma sociedad de un individuo o un grupo de individuos que sufren dichos trastornos mentales. Reneses ha desarrollado tres enfoques fundamentales sobre las enfermedades mentales, donde se distinguen: la corriente de lo subjetivo con lo objetivo, en esta corriente se encuentra Goffman representando a la sociología; la corriente político-social, donde la enfermedad se convierte en una contradicción de la estructura social, caso antipsiquiatría; y por último se menciona la corriente ético-sociológica, que por su impacto de carácter ético y humano, consolidó los derechos de los enfermos mentales a partir de nuevas políticas de desarrollo en los hospitales duramente criticados, esta corriente es representada por Thomas Szasz (cuellar, 1996). Más allá de revisar y analizar las corrientes, según Hervella Ruíz,  es preciso entender primero que la sociología ha observado que los desordenes psicológicos están asociados a la pobreza, al aislamiento social, desempleo y bajo estatus social. M.I. De la Hera señala que los trastornos se dan más en las mujeres, en personas separadas, jóvenes y desempleadas en general, cuya enfermedad es detectada más fácilmente por la atención primaria. Un fenómeno ya nombrado sobre los pacientes de un hospital, es el síndrome de reingresar varias veces al hospital. Martín Calvo explica el fenómeno como una carencia de seguimiento y postratamiento.

1.3.          Filosofía

Michea señaló, según J. Alonso Cuellar, que la evolución de la psiquiatría ha seguido las creencias y opiniones filosóficas de cada época, tendencias que se oponen  cada siglo y por siempre. Se ha pensado tanto en la locura que se ha tendido a dividir con el tiempo y en nuestro interior, como piensa Foucault, al loco del cuerdo, al enfermo del sano y a los criminales de los buenos chicos.  El propio Schopenhauer pensó que la línea que separa al genio de la  locura es tan sutil que se llegan a superponer ambos terrenos. “No en vano la  tradición clásica confundía el delirio poético con una forma de locura primigenia inspirada por los dioses” (e. muñoz, 1998). Por su parte y dando grandes aportes al pensamiento, Foucault reflexiona sobre los tipos de conciencia que pueden emerger en torno a la locura. Estos tipos de conciencia son: Conciencia crítica (la locura tiene su razón), conciencia práctica (se establecen normas de la razón), conciencia enunciadora (existencia sustantiva del ser) y conciencia analítica(saber objetivo) de la locura. Para Foucault cada una de estas conciencias tiene un conflicto oscuro, una unidad incesante y una solidaridad entre ellas mismas, para tener entre sí ciertas referencias (puche, 1998).

FOTO: FOUCAULT.

La antipsiquiatría

Tras la serie de injusticias y concepciones de locura o anormalidades a través de los años, se crea un movimiento que simboliza la abolición de las instituciones de control social y la concienciación sobre la ética y trato con pacientes. Los años 70 son para Bassaglia, Szazs y otros pensadores el momento para declarar que la enfermedad mental es un mito, un concepto científicamente innecesario y una metáfora inaudita (pérez, 1997). En su lucha Szasz mencionaba “Sólo cuando los legisladores y los juristas despojen a los médicos, y sobre todo a los psiquiatras, del poder de ejercitar el control social por medio de sanciones cuasimédicas, estarán entonces protegidos los derechos civiles de las personas acusadas de enfermedad mental o envueltas en cualquier otra forma de intervenciones psiquiátricas que no han solicitado”. En torno a ese pensamiento se desinstitucionaliza;  Sin embargo la Asociación Americana de Psiquiatría llama a las consecuencias de la esta política desinstitucionalizadora como una “tragedia social” por el gran incremento de pacientes que engrosaron las calles, los núcleos urbanos y otros asilos que no estaban preparados para atenderlos (amta, 1999).

1.4.          Antropología

La cultura diagnostica de acuerdo con las funciones de actitudes, creencias, políticas, influencias históricas y factores económicos; por ello es muy difícil estudiar la incidencia de enfermedades según naciones y culturas. Se diagnostica, por ejemplo,  mayor depresión en las mujeres por sus sentimientos de tristeza así como casos de esquizofrenia en los varones. En ciertas culturas se observa que el uso generalizado de alcohol parece enmascarar la expresión de la depresión o la esquizofrenia. En cuanto al tratamiento, y también pronóstico, la integración es la respuesta adaptativa menos estresante al proceso de aculturación (cuellar, 1996). Por su parte, según Micol Torres (1996), la fenomenología se transforma en antropología a la hora de hablar de psiquiatría, sobre todo cuando se habla del tipo de relación que debe tener el médico con el enfermo, un punto de encuentro muy importante. Y pues gracias a esa postura nace la psiquiatría antropológica. Otra de las ramas que se desprende de la antropología es la etnopsiquiatría, la cual establece, según Sharon en la investigación de Javier Taborga (1998), que los brujos y los psiquiatras cumplen esencialmente la misma función en sus respectivas culturas, es decir que la labor terapéutica del hombre se manifiesta en diversas formas, ya sea de doctor o de brujo.

1.5.          Legalidad

La protección para los pacientes

“Toda intervención psiquiátrica adquiere una dimensión social y, por tanto, se da en el marco normativo que regula las relaciones sociales” (ruíz, 1996). Goffman describe a las “Instituciones totales” como el principal lugar donde se viola la intimidad, porque durante el proceso de admisión se piden datos de estatus y conductas pasadas (goffman, 1972: 54). Sin embargo, en los últimos veinte años, la responsabilidad jurídica ha incrementado debido al número de demandas interpuestas ante los tribunales de justicia. Es por ello que se han lanzado a todas las comunidades médicas las declaraciones mundiales en defensa de los enfermos mentales donde se pide un derecho a la comunicación, a la información que supone un conocimiento del historial clínico y diagnóstico, a la intimidad, al rechazo de tratamiento y a la buena asistencia médica entre otros. Asimismo, Ruíz reflexiona sobre la ética ante los conceptos del calificativo peligroso aplicado a los enfermos mentales.

Se podría hablar de las Declaraciones de Viena (1983) y Hawai (1977) como una gran antesala para la  Asamblea General de la Asociación Mundial de Psiquiatría llevada a cabo en Madrid, España el 25 de agosto de 1996. También podríamos identificar a “Los principios para la protección de los enfermos mentales y el mejoramiento de la salud mental” desarrollados en Grecia (1989) y Suiza (1997).  Dichas asambleas establecen claramente su posición con respecto a los derechos. Algunos principios de ámbito social son descritos a continuación:

–          La importancia de vivir en la comunidad, cerca de su hogar y con tratamientos adecuados a sus antecedentes culturales.

–          La información cabal que debe recibir el enfermo sobre su diagnóstico y tratamiento. Esta información deberá ser compartida en el lenguaje que el paciente comprenda, también a través de personas que lo representen y que sean designados por el mismo paciente.

–          La libertad de comunicación con otras personas de la institución, de enviar y recibir comunicación privada, libertad a recibir visitas y asesores en privado, libertad de acceder a servicios postales, telefónicos, de radio, prensa y televisión.

–          Derecho a vivir dentro de buenas instalaciones con lugares de recreo, esparcimiento, educación, comunicación, rehabilitación con capacitación vocacional y laboral.

Para finalizar, uno de los aspectos legales del ciudadano común y corriente es su libertad, y en torno a ello Goffman señala que  “es probable que en el periodo de liberación el ex interno saboree las libertades y placeres del estatus civil con mucha intensidad”.

1.6.          Arte

Manifiestos vinculados con el arte señalan que los trastornos mentales y el arte indican un mismo sitio (defago, 1995). Se señala que el fenómeno del internamiento, que es un encierro, muchas veces es un refugio para los locos, puesto que la locura que habita el mundo interno sale al exterior para ser recluida. Al mismo tiempo, Howard Gardner (1982), en su experiencia con personas que hayan sufrido una lesión cerebral, señala que muchos artistas podrían encontrarse en estos lugares de internación reconociéndose ellos mismos por sus aptitudes artísticas, las cuales se habrían mantenido después del gran cambio en su cerebro. Sin embargo, el que esté loco no significa que seas un gran artista y viceversa. Ya J. Miguel Tola (1996) reflexiona profundamente ante la esquizofrenia de Vincent Van Gogh cuando expresa que la locura, no es, para nada, un manantial de capacidad creadora. Esta reflexión nace a partir del gran mercantilismo que se hace con referencia oportunista y comercial a la enfermedad del artista. Eduardo Muñoz nos muestra el paralelismo que se da entre el pensamiento esquizofrénico y el creativo, resaltando claramente que el esquizofrénico puede ser liberado, desinhibido y no restrictivo, pero no disciplinado como el otro. El propio Schopenhauer deduce que la conducta neurótica no garantiza la creatividad.

Una de las manifestaciones artísticas ligadas a la locura es el movimiento del surrealismo, el cual  ha pretendido desconceptualizar la locura. Su máximo exponente, André Breton afirma que la locura en sí no existe y que el surrealismo propone una apertura de mente, la que objetivamente estaría opuesta a la locura  (carrátala, 1998).

A partir de esta pequeña descripción, se nombrará algunas expresiones artísticas a nivel de rehabilitación, producción, la propia enfermedad de muchos artistas y la referencia a personas especialistas en el tema.

Las caretas terapéuticas

Hablando de la función terapéutica del teatro en torno a la salud mental, históricamente se nombra al Teatro de la Espontaneidad, el happening, nombrados por Fanchette (1984) como parientes estériles del psicodrama, porque no tienen una función especifica. Pues sí, sólo el psicodrama y el teatro terapia son reconocidos como instrumentos de rehabilitación, aparte de toda la carga estética que supone el teatro,  para personas que padezcan enfermedades mentales.

Primitivamente se habla de una psiquiatría shakesperiana al analizar que todas las obras de William Shakespeare suponían un juego de roles para los espectadores, los cuáles descargaban sus malas energías al ver violencia y tragedia en los tablados. Ojo, que después muchas personas dicen que ver violencia en televisión o teatro es malo, cuando para los especialistas es todo lo contrario, siendo así la violencia representada una terapia para no cometer los mismo errores que ésta supone. Antonin Artaud es mencionado por Eduardo Pavlosky como un ejemplo de este tipo de teatro.

FOTO: ANTONIN ARTAUD.

Las melodías del silencio

Los locos que inventaron el amor de Astor Piazzola han bailado tangos y otros caprichos, mientras que los gitanos de “El Lebrijano” siguen llorando un jondo desesperado, el Charly García es el capitán del barco y Wolfgang A. Mozart sigue sonando en los teatros. Y así como Pavlosky identifica a estos músicos como representantes de propuestas alternativas de locura, nombra también a Peter Gabriel, León Gieco, Philip Glass, Keith Jarrett, Fito Páez,  Caetano Veloso y Tom Waits entre otros. Así también se podría nombrar a Sead Barret del grupo legendario Pink Floyd. Y desde un pentagrama más solitario Pérez Pérez rememora a Charlie Parker, el músico de jazz que a sus 26 años tuvo que aliviar su depresión nerviosa en un hospital estatal. La música, por tanto, podría ser un enfrentamiento entre la esperanza y el vacío para las personas que sufren de algún padecimiento mental. Y el jazz, por el lado de Parker recibió el silencio y oscuridad, “la de saber que el problema no es hacer  nada, sino que hagas lo que hagas es nada” (pérez, 1998).

En cuanto a lesiones cerebrales se refiere, la música es muy importante al momento de hablar de los compositores musicales que, posteriormente a su lesión, continuaron con sus aptitudes musicales leyendo notas y ejecutando. Y si bien la lesión cerebral corresponde a un fenómeno estrictamente físico y se diferencia de un trastorno mental, cabe señalar que gracias a los estudios de afasia y sus terapias musicales se demuestra constantemente que cada forma de arte está organizada de un modo distinto en el cerebro, tomando en cuenta la evolución del arte, su representación neural y su interacción. Por ello, la música puede ser observada en personas con trastornos mentales a través de  los criterios de roles de ejecución, audición y composición, las destrezas musicales y la motivación (gardner, 1982).

FOTO: CHARLIE PARKER.

Los piantados de la palabra

Platón escribía que el poeta era cosa alada, muchos pensadores señalan que el loco tiene alas. Al relacionar trabajos y biografías de escritores, algunos estudiosos se detienen en la figura de Kafka como el que pierde la memoria y olvida sus angustias, los símbolos extraños y los sueños. Por ello se hace referencia a la vida esquizofrénica que llevaba dividida en la vida trabajadora y la vida que no otorgaba sitio a la mentira: el ser escritor. Kafka reflexiona constantemente su propia metamorfosis (muñoz, 1998).

Jacinto Muñoz hace referencias especiales de Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant y Friedrich Nietzsche como los escritores que le dieron a la realidad una extraña expresión. Empecemos por Poe, quien según Muñoz sufre constantemente crisis de delirio con motivo de sus grandes borracheras, intentos de suicidio por sus ataques de manía persecutoria. Por tales razones la narrativa de Poe está colmada de fobias y manías a través de los personajes ficticios que para variar son “borrachos, melancólicos, neurasténicos, hipocondríacos, hipersensibles, locos en definitiva, inclinados a la demencia, a la  perversidad”.

Por su lado, Maupassant padecía una enfermedad nerviosa hereditaria y el trastorno mental. Muñoz recalca que durante la locura de Maupassant se pone de moda relacionar al genio con el loco, moda que permitió al escritor ejercer un alter ego literario. Muere escribiendo estoy loco en un hospital psiquiátrico. Sus personajes son solitarios, infectados, prostitutas, locos llenos de neurosis, miedo, suicidio, magnetismo y bastardía entre otros. Paralelamente, una clínica psiquiátrica veía el diagnóstico de reblandecimiento cerebral y de  parálisis cerebral progresiva de tipo esquizofrénico en Nietzsche quien tuvo que acabar su existencia genial y convertirla en intentos de suicidio, era un genio roto por el trastorno mental como argumentan psiquiatras. El pensamiento de Nietzsche se basa en el círculo, aquel donde la  serpiente se muerde la cola, la cual  sólo era apta para los más fuertes, sin embargo Muñoz concluye que ni el mismo Nietzsche fue lo bastante fuerte, corrompiendo así su cordura arrancándole la vida. A la vez, Ma. Del Pilar Yague, tras analizar a las grandes personalidades enredadas en trastornos mentales, menciona a León Tolstoy quien escribía y describía constantemente la ruina final de su vida, la cual podría llegar a través de cerrar los ojos y aguardar la propia aniquilación. Por ello, Tolstoy es visto como un enfermo depresivo. Y si de depresivos se trata, Virginia Woolf no se queda atrás, quien  a través de constantes interrogantes concluye que vivir en el mundo de la novela y la vida le produce una gran tensión, llevándola al fondo de un rio provocando su suicidio.

FOTO: ALAN POE.

Esquizofrenia multicolor

Las propuestas de color caótico y formas desgarradas están en manos de Líbero Baadi, Francis Bacon, Ricardo Carpani, Lygia Clark, Ernesto Deira, Marcel Duchamp, Giacometti, Pablo Larreta, Henry Moore, Luis Felipe Noé, Emilio Petorutti, Pablo Picasso, Tinguely,  y otros pintores y escultores surrealistas o de los cuales reluce la esquizofrenia galopante, tal es el caso de  Vincent Van Gogh. Se describe, por ejemplo, que la esquizofrenia de Van Gogh logró que el pintor “meta la mano al fuego pidiendo que se le permitiese contemplar por última vez el rostro nórdico de una mujer amada mientras aguantase, ir deambulando como pastor entre mineros miserables para llevarles la palabra de Cristo, dormir sobre tablas, meterse en tabernas, borracho, fumar para quitarse el hambre, o quitarse un pedazo de oreja para ir a terminar en un burdel, desangrándose” (tola, 1996).

Los testimonios del propio Van Gogh en las cartas escritas a su hermano denotan sufrimiento y  angustia por la enfermedad, la cual ocasionó el suicidio del pintor en el hospital psiquiátrico donde solía dibujar, pintar y escribir, sin parar, sobre sus obras y el laberinto que no lo dejó ser.

FOTO:  VAN GOGH

Dosis de celuloide y otras sombras

“Sometimes it’s only madness that make us what we really are”, dice Batman en la historia de Grant Morrison “Arkham Asylum” y con los trazos de Dave McKean, reconocidos artistas del cómic.

Interior- Noche- Sala de proyección oscura. El grito de un hombre llega al cuarto oscuro donde descansan cintas y cintas de celuloide con fotogramas de movimientos grotescos, inocentes y psicóticos. Las bandas sonoras y uno que otro disco con musiquita de circo pobre están repartidos por el suelo, al borde de la puerta una mujer se balancea amordazada, llora, sonríe y tiene miedo. La luz se prende, se dejan de comer la pipocas y los créditos comienzan a correr en la pantalla, los pocos nombres salen por orden de ocurrencias del montajista: Woody Allen,  Federico Fellini, Marcello Mastroianni, Carlos Saura, Fernando Solanas, Quentin Tarantino. Breve intento de recomendación de aquellos cineastas y fotógrafos que proponen narrativas, guiones y personajes lejanos a la normalidad de un público que observa y se sorprende por el clímax y los quiebres dramáticos del séptimo arte (pavlosky, 1993). Un cine que te muestra el surmenaje de un pianista en “Shine” (Claroscuro), un grupo de locos en “Twelve Monkeys” (Doce Monos), las controversias sociales de Kubrick con “The Orange Clockework” (La Naranja Mecánica), un psiquiátrico cárcel en la realidad virtual de “Abre Los ojos”, una locura completa de violencia y soledad en “The Fight Club” (El club de la pelea), un homenaje simbólico en “Tango Feroz”, las amistades desarrolladas entre pacientes en “Girl Interrupted” (Inocencia Interrumpida), el miedo en “The Shining” (El Resplandor)  y “Psycho” (Psicosis),  en fin un centenar de propuestas y puntos de vista. Por último nombremos a “Patch Adams”, historia de un ex paciente de un hospital psiquiátrico y posteriormente doctor que ha optado por ponerse una nariz de payaso para curar a sus pacientes; está claro además que no se debe olvidar al paciente extraterrestre que baila al son del himno de la alegría en “Hombre mirando al Sud Este”.

LINK: ESCENA DE HOMBREMIRANDO AL SUD ESTE. Y THE FIGHT CLUB

  1. CASO BOLIVIA

“Simón Bolívar muere ansioso diciendo ¡Vámonos!”

Réverend

2.1.          Antecedentes

Los insanos del sol

Los pueblos de la raza melancólica son los aymaras y los quechuas, concluye José María Alvarado (1943), tras una recopilación histórica de la psiquiatría en Bolivia. Una raza que desde los períodos del incaico entiende la enfermedad mental como un castigo de dioses, una sanción del demonio o de la providencia, etc. (1).  Pero no sólo de enfermedades se llenaba esta cultura. Por ejemplo se señala con beneplácito el ejercicio de una psiquiatría rústica al momento de hablar de las balneaciones, sangrías y trepanaciones que se ejercitaba. Las prácticas medicinales recetaban desde la sangre de cóndor para nerviosos, romero para la histeria, hasta la trepanación que era utilizada para botar a los malos espíritus de la cavidad craneal de las personas con trastornos, convulsiones y fracturas en el cráneo. Alvarado nombra esta práctica como una terapia psiquiátrica incaica (alvarado, 1943). Por su lado Juan Manuel Balcázar (1956), estudioso de la medicina en Bolivia, señala al tratamiento medicinal musical que empleaban los kallawayas a la hora de espantar a los espíritus de las enfermedades, en especial las nerviosas (2).

Y dando una vueltecita por el oriente boliviano, Balcázar nos señala que cuando los locos caminaban por las comunidades constituían una diversión para los sanos; sin embargo cuando estos constituían ya un estorbo los aislaban a la selva o al desierto, si no se los había matado o enterrado vivos (balcázar, 1956).

Torturas y encierros coloniales

Si en Europa se hablaba de las cacerías de locos místicos y brujas, en Bolivia colonial se vivía un vampirismo colectivo, caso Yamparáez, donde se comía el corazón y se chupaba la sangre de la gente para tomar territorios. Alvarado habla de las torturas y encierros injustos ordenados por el Santo Tribunal de Oficio contra los reos que sufría de histeria, epilepsia y otros trastornos.

Por el lado de la asistencia médica, tanto Alvarado como Balcázar coinciden en la ausencia de hospitales o lugares especializados para la gente que sufrían trastornos mentales, apenas se dan testimonios que fueron creciendo con el tiempo de la casona sombría, llena de leprosos, sifilíticos y otros locos en sus respectivos calabozos. Estamos hablando del Hospital de Santa Bárbara, perteneciente al Hospital No. 4,  en Sucre.

La terapia del coloniaje, paralelamente a todo tipo de acontecimientos, no había crecido médicamente, las creencias aun seguían vigentes, por ejemplo, la receta para quitarse los males del espíritu consistía en poner en la nuca un huevo duro y asado, poniendo en el estómago a la vez una gallina abierta, con las tripas afuera (balcázar, 1956). Para liberarnos del coloniaje llega la época republicana, la cual no deja de ser interesante a la hora de hablar de aciertos asistenciales y liberaciones interesantes.

Bolivia, ¿la hija predilecta de un genio delirante?

Es necesario hacer un paréntesis en Bolivia, para hablar de su propio padre, quien después de haber sido analizado por muchos historiadores aun reposa en la tesis de Diego Carbonell (1916) como un hipocondríaco, depresivo y delirante. Pero, ¿cómo se atreven a hablar así del Libertador? La ansiedad de Simón Bolívar está justificada, según Carbonell, por la gran melancolía y  choques nerviosos (que hicieron suponer una locura y aparición de genialidad) e hiperactividad que tuvo desde su juventud, época en la cual enviuda a los 19 años, razón que justifica su alma perturbada y la manía de viajar. También se podría nombrar la opinión de Unamuno al nombrar  las ideas de Bolívar como una Locura Bolivaresca por el hecho de querer crear una república de Atlántico a Pacífico, de norte a sur, cubriendo selvas y cubriendo Los Andes. Sin embargo,  “El propio Bolívar confiesa sus enajenaciones mentales”, señala Carbonell. Se reflexiona sobre el hastío por los hombres que tuvo Bolívar durante 1825 y 1827 (después de la Independencia), años que fueron invadidos por una soledad hasta el momento de su muerte. Se dice que hubo muchos intentos de suicidio, y por eso lo habían llamado “el genio de la desesperación”. Bolívar había muerto diciendo: “Vámonos, vámonos muchachos. Esta gente no nos quiere, lleven mi equipaje abordo de la fragata”. El delirio y los estados de ansiedad se hicieron evidentes a sus 47 años, edad en la que moría canoso, viejo, solo y totalmente debilitado (carbonell, 1916) (3).

Por su lado, su hija predilecta, Bolivia, tuvo que cobijar en sus tierras y calabozos a esos que como su libertador, y peor aún,  caminaban solos por las calles esperando un lugar donde morir y tal vez sin haberse enterado nunca, por su encierro físico y mental, de la libertad e independencia de su propia patria, regalo que les había dado su padre, un hombre estéril y melancólico.

Cuando Pacheco y los demás le dijeron sí a la clase infeliz

Alvarado señala que Bolivia tuvo que vivir los primeros cincuenta años de República con el modelo colonial, a pesar de la reforma mundial de psiquiatría que Pinel hacía en Francia. Está claro que en estos pequeños detalles ya se muestra el atraso a nivel asistencial en nuestro país. Sin embargo, también se hace referencia a la cobertura que dieron algunos presidentes como Ballivián, Melgarejo y sobre todo Pacheco en el caso de la reclusión de los insanos. Ballivián, a través de una ordenanza del 29 de abril de 1846, señala: “Los locos, furiosos o dementes que vagaren por las calles y los campos, se recogerán en los hospitales para cuidarlos, siempre y cuando que no tengan deudos que puedan asistirlos. Teniéndolo, se les obliga a recluirlos en sus casas”, con tal decisión Alvarado reflexiona que era menester vagar en las calles para ser recluidos. Fue entonces que en 1881 un hombre se levantara de la tristeza de la tragedia familiar para  comenzar con un nuevo proyecto: el manicomio nacional.  Es Gregorio Pacheco, designado como el fundador y organizador de la asistencia psiquiátrica en Bolivia, quien a raíz de padecer una niñez solitaria e infeliz al lado de su abuela con problemas mentales, decide en su situación de presidente de la República fundar, con sus donaciones familiares, el Manicomio Pacheco en la ciudad de Sucre. Esta fundación se constituye, según los especialistas, como el primer jalón dentro de la asistencia en salud mental nacional.

Con el tiempo, este manicomio, por su carácter nacional, pierde capacidad de afluencia, además de presentar muchas falencias. Balcázar nos hace visualizar un manicomio sin clasificación de dolencias, con celdas oscuras, cuartos independientes, constituyéndose así en un lugar sólo de reclusión, donde la terapéutica no avanzó. “En el manicomio había mala higiene, la gente abandonaba a sus locos, mala alimentación, se quitaban la comida, lamían las mesas. Para 115 enfermos había 30 cucharas” (balcázar, 1956). Cuando Melgarejo hacía de las suyas, también quiso dar una atención especial a los enfermos mentales, creando así en 1868 el Reglamento de hospitales, donde se establecía una tarifa de seis reales diarios para el tratamiento de amentes no pobres, creando por lo tanto una atención  gratuita para los pobres. También se ordena que los amentes tendrían locales separados de los demás enfermos (balcázar, 1956). A partir del siglo XX se van construyendo más manicomios a raíz de las inquietudes de muchos médicos, asimismo existe un interés para crear donativos para el hospital. El manicomio de Pacheco mejora su atención, naciendo así otros lugares de servicio.

Entre otros datos importantes tenemos el primer ensayo sobre la jubilación de los empleados que se escribe en 1938, el funcionamiento de la Caja Nacional de Seguro como esperanza para una mejor protección para la salud en 1949, los intentos de Ismael Montes  por crear un manicomio en La Paz, el cual sí fue realizado pero cayó siendo un fracaso, la organización del sindicato de médicos de la Caja de Seguro Social en 1954, etc. Cabe destacar la presencia de la orden de San Juan de Dios, orden que se ocupa de los enfermos mentales a nivel mundial, ellos trabajan en Cochabamba y Sucre.

Es entonces que en 1964 se crea el Hospital de Psiquiatría  de la Caja Nacional de Salud, constituyéndose treinta años después en la primera comunidad terapéutica en la ciudad de La Paz. El servicio psiquiátrico del Hospital General corresponde también a fechas contemporáneas en cuestión de su fundación y funcionamiento.

Ahora bien, después de una reflexión histórica, el director del hospital psiquiátrico de Sucre, Dr. Héctor Montellano, señala que la salud mental actual ha dependido mucho, desde los años 80, del estado económico del país, factor que juega un rol importante al crear un estrés continuo, es por ello que se señala que la demanda psiquiátrica ha ido aumentando con el tiempo, además de tener también a la tecnología como una factor negativo a la hora de hablar de salud mental.

Para prestar una mayor asistencia  en el estado de la salud mental boliviana a fines de siglo, el Ministerio de Salud ha diseñado el Plan Nacional para la Salud Mental, a la cabeza del doctor Rodolfo López (Director Nacional de Salud Mental y Ministerio de Salud) el cual se plantea para los años 1999 y 2000, años que traen consigo un saborcito muy distinto al que tuvieron que pasar muchas personas en la oscuridad de algo que aún nos cuesta entender. Sin embargo, entre los médicos especialistas existe una incertidumbre en cuanto a la importancia que se le da a la salud mental en el gobierno.

El año 2000 es el espectador de simposios como el realizado por la orden San Juan de Dios al celebrar sus 50 años de servicio, simposio en el que se tocaron temas de la historia, la mutación, la depresión, la drogodependencia, de las perspectivas psiquiátricas, las leyes, etc.

FOTO: PRESIDENTE PACHECO.

2.2           Prevalencias

El doctor Montellano señala que en este momento las principales patologías del país son la prevalencia del alcoholismo, las sustancias controladas (cocaína, marihuana, etc.) y las esquizofrenias.  La situación actual que presenta el Plan Nacional de Salud Mental (1999) señala que el 8% de la población total padece de alguna discapacidad física, mental o sensorial, que el 60% pertenecen al área rural o peri urbana y que sólo el 1% del total de discapacitados recibe atención en centros especializados. Las estadísticas nacionales de la década anterior señalan que sobre un total de 1594 pacientes el 18% correspondió a casos de alcoholismo, el 18% a la esquizofrenia, el 9% a síndrome orgánico cerebral y 9% a trastornos delirantes, registrándose un incremento a finales de siglo en casos de trastornos orgánicos, alcoholismo, trastorno debido a sustancias y epilepsias (plan nacional de salud mental, 1999).

En cuanto a la demanda de atención psiquiátrica, la directora del Hospital Psiquiátrico CNS, Dra. Germaine Haillot, señala que los problemas menores han ido aumentando con el tiempo. Los trastornos de mayor prevalencia han sido los de depresión y ansiedad, además de reconocer que dentro de la epidemiología mundial, el 25 hasta el 30 % de los individuos con otro tipo de enfermedad presenta un problema de tipo mental y emocional. Epidemiológicamente, por lo tanto, los trastornos de ansiedad y depresión son los más significativos. Sin embargo a nivel de hospitalización, los de mayor demanda son los problemas de psicosis y los de trastornos orgánicos cerebrales. Ahora bien, se señala también, que los problemas de ansiedad y depresión son mayores en las mujeres, dándose más problemas de alcoholismo en el sexo masculino.

2.3.  Servicio psiquiátrico

Nos alcanza con una mano para contar a las instituciones encargadas de prestar servicio psiquiátrico en Bolivia, por ejemplo, entre los mismos especialistas se reconoce al Hospital Psiquiátrico Nacional de Sucre, el que fundó Pacheco, con sus áreas para mujeres y varones, luego se toma en cuenta y reconoce el trabajo del Hospital Psiquiátrico de San Juan de Dios en Cochabamba, el Servicio de Psiquiatría que presta Ministerio de Salud a través del Hospital de Clínicas en La Paz, y el Hospital de Psiquiatría de la CNS, lo cual ha sido considerado como uno de los primeros en trabajar la comunidad terapéutica. También se menciona de manera muy opaca, la presencia de clínicas o camas privadas en Santa Cruz y Tarija.

Por su lado Bolivia tiene una Sociedad Boliviana de Psiquiatría, que es miembro de la Sociedad de Psiquiatría en América Latina y por ende de la Sociedad Mundial de la Psiquiatría. Cabe señalar también al Instituto Nacional de Psiquiatría que engloba toda la psiquiatría a nivel nacional, en Santa Cruz se nombra al Centro de Salud Mental y la inauguración, en La Paz, del Instituto Psiquiátrico, manejado por la orden de San Juan de Dios, en Irpavi, según Montellano.

FOTO: HOSPITAL DE SUCRE.

2.4. El aspecto místico de la locura en nuestra sociedad

Cuando la luqira y el ariwatu agarran a los tojpis y los yatiris los curan

El aspecto histórico de las tradiciones aymaras se siente sobremanera en el folklore y la cerámica, pero de manera muy significativa en el idioma. Es por ello que la nominación de ciertos trastornos y anormalidades de conducta provocados por la Pachamama sería: Wampu (loco, zonzo, opa el que habla en las vertientes) (taborga, 1998: 28). Asimismo, Taborga esquematiza los trastornos o anormalidades que no son producidos por la Pachamama, los cuales vendrían a ser: Chaqui chuju (angustia), Chini Onqoy (locura por mordedura de murciélago) y el Karkatitiy (epilepsia). Otros especialistas, nombrados por Taborga, como Lila Tarifa y J. José Torres comparten con nosotros una topología en la cual resaltan conductas o enfermedades como: las de dormir en lugares silenciosos, asustarse con chullpas y pensar mucho (Luqira), asustarse mucho, tener dolor de cabeza y cansancio (Mancharisqa), tener delirios por debilidad y enflaquecimiento (Saqrasqa), ser tentado por el saqra en forma de mujer (Tintasiyum), arrebato por renegar (Arriwatu), y el amartelo por tristeza y destete (Terisiya).

Hablando de nuestros doctores rurales, se nombra al murichi, que vendría a ser una especie de neurólogo de la comunidad, según Alba y Tarifa. Sin embargo, se  señala que lo más corriente es que un yatiri o jampiri se  dediquen a curar a los locos.

Tras comparaciones y estudios del trato de estos médicos rurales, con sus zonzos y sus casos de Chaqi chuju o arriwatu, se concluye que “el doctor tiene mucho que aprender del curandero y también viceversa” (taborga, 1998).

Ahora bien, si uno presenta una anomalía, está nervioso y melancólico se nos ofrece un sin fin de terapias tradicionales. Tal es el caso del clavel o la chonta para el susto. Se recomienda romero, valeriana, borraja, chauka chauka y otros para los nervios y la melancolía. Ojo que cuando se trata de embrujar y causar una enfermedad mental se recurre al maíz (con el cual se ocasiona la perdida del alma y del espíritu).  No se piense que sólo las plantas son útiles para estas cosas, los animales también son una parte fundamental a la hora de combatir convulsiones, enfermedades mentales, epilepsias, etc. Tal es el caso de la lechuza, golondrina, murciélago, picaflor, gallina, perro, zorro, cuy, estrella de mar hembra. Taborga recopila también al hueso de gentil y al azufre negro como ingredientes para provocar enfermedad mental.

La pieza que contiene gran importancia dentro de nuestra cultura, para no recibir ningún tipo de embrujo o algo por el estilo, es el amuleto que en este caso recibe el nombre de Ulla Llakho.

Cabe hacer una mención espiritual y mística a don Jaime Sáenz quien con sus “Imágenes paceñas” no deja de mencionar al eterno loco, que por derecho llega a ser el genio y el misterio de la ciudad, y que continuamente sueña recibiendo las pesadillas, dolores y alegrías de las almas que aún no dejan de llorar en las calles. Es así como desaparecen nuestras descargas y es así cómo él desaparece.

Notas

(1)     Revisar todo el aspecto místico de Bolivia, donde se habla de una medicina natural, brujerías, apariciones y representaciones sobre los trastornos mentales. Javier Taborga ha realizado una investigación sobre todos estos aspectos, desarrollando sus puntos más centrales en la representación que tiene la sociedad paceña y rural sobre las enfermedades mentales y sus respectivas curaciones tradicionales.

(2)     Cabe volver a mencionar el papel  del brujo y del médico como terapeutas a la hora de hablar de las culturas y su respectivo tiempo.

(3)      Con este subtítulo no se quiere afirmar ni apoyar las ideas sobre la psicopatología de Bolívar, sin embargo está invitando a investigaciones y análisis actuales que, con tales antecedentes históricos y el razonamiento de principios de siglo de Carbonell, puedan dar mejores aportes.

(4)     Se cuenta que la abuela de Pacheco estaba loca por haber perdido al marido en la guerra de la Independencia. Ella solía encerrar a sus tres hijas, entre las que se encontraban la madre de Pacheco y la madre de Campero, otro presidente de Bolivia.

ESTE TEXTO HA SIDO EXTRAIDO DEl MARCO REFERENCIAL DE LA TESIS:

La comunicación grupal liberadora en terapias artísticas de la comunidad terapéutica del Hospital Psiquiátrico La Paz. Bolivia (La Paz, Universidad Católica Boliviana) de Claudia Daza Durán. 2001.

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