NACER MUJER, NACER ESCRITORA

Ayer me llamaron y me regalaron rosas, me mandaron sms y me lanzaron halagos, por mi lado abracé a mis cercanas y rendí homenaje a mis lejanas. Pero también, al sentarme frente a la computadora, pensé por un instante en aquella que murió a sus 73 años, y que dejó escrito en su Epitafio: “libre ya del suplicio de la vida”, “ausente, pero no perdida”. Me quedé callada, me imaginé su voz y hasta me inventé una charla y le dije: gracias Adela, gracias por “Nacer Hombre”, y gracias por el linaje que dejaste, ese clan de mujeres escritoras bolivianas, que no han dejado de conmoverme hasta los huesos.

Porque si bien en Bolivia, se recuerda a la mujer en general, yo pienso más en aquellas que han preferido ser brujas, malditas, guerreras, poetas o novelistas, que han buscado otros caminos y otras posibilidades en sus vidas. Me acuerdo entonces de las conversaciones que tuve con escritoras, aquellas que alucinan, por ejemplo con Lindaura Anzoátegui de Campero, aquella que firmaba como El Novel, la escritora y primera dama, que nos dejó detalles históricos y cívicos del siglo XIX, con personajes frívolos, detestables o nerviosos.

Me conmuevo con María Virginia Estensoro de quién se dudaba si sabía llorar, aunque otros dijeron que sí, que lloraba sin gritos, sin lágrimas, sin ojos, destilando alma e inquietud en sus cuentos. Lo afirmó Andrés Cusicanqui, a propósito del texto “El Occiso” que narra la muerte de Enrique Ruiz Barragán, hombre que amó profundamente. Otra Virginia, en este caso, Vicky Ayllón, al referirse a mujeres escritoras, resaltó lo que otra mujer decía de Estenssoro: “Virginia Estenssoro se asemejaba a un volcán en erupción, no sólo por la voz fuerte y un tanto varonil que poseía, sino porque tuvo además la osadía de fumar frente a todos”.  La escritora Marcela Gutiérrez me señala que de ella admira su potencial feminidad, otros la recordarán como la femme fatale y quizás algunos historiadores la descubran como la madre de Guido, joven que fue detenido en la guerrilla del Che.

De la Guerra del Chaco, se haría cargo otra mujer, pero de manera muy irónica y humorística. De Laura Villanueva Rocabado o Hilda Mundy me habló Virginia Ayllón, y en los textos que ha escrito sobre ella recalca su revolución interna, ubicándola en la “carrera loca y traviesa por los bordes de la razón”. Ya que no escaparon de su escritura los suicidas, la crónica roja, y las mujeres sumisas que fueron martilladas por su crítica agria y sonriente.

La narradora Marcela Gutiérrez también recuerda a Alcira Cardona, cuyo poema “Letanía de las Moscas” le parece muy hermoso y de largo aliento. Además de Cardona, recalca la importancia de la novelista Gaby Vallejos y la actual poeta María Soledad Quiroga. Me comenta : “Creo que escribimos diferente a los hombres porque escribimos desde las entrañas, es más fuerte u hormonal, no se si porque se nos ha reprimido antes, no se, pero creo que nos entregamos mucho más en cuerpo a la escritura. Para mí el oficio de escribir es vital, la poesía la escribo en estados de euforia, puedo estar deprimida, tengo que estar en un estado especial”. Las mujeres de antes y las mujeres de ahora, para esta narradora somos lo mismo, que si bien antes existía más machismo, nosotras siempre estaremos dentro de nuestro cuarto, con los ojos abiertos a nuestro mundo interno, al cuarto propio que hacía referencia la misma Virginia Wolf.

Por mi lado, me acordé de Blanca Wietuchter a quien tuve la oportunidad de servirle café durante casi un año, cuando era ayudante del departamento de Cultura en la Universidad Católica. Allí pude verla “escribiendo y leyendo”, placeres que generalmente no se ven. Al principio no conocía muy bien su trabajo, pero cuando la fui descubriendo me enamoré de la ternura y la rigidez de su voz, y más aún de sus palabras. Fui su alumna de poesía por dos o tres días, un taller que no llegó a concretarse, pero siempre me acordaré de sus comentarios: tienes mucha fuerza.

A pesar de haber tomado otros rumbos, su voz retumba en mi bruja interna, y cada vez que puedo me lanzo a escribir, con la venia de aquellas que han cruzado el umbral, que han nacido mujeres y escritoras, y que aún siguen fugitivas del olvido.

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