La MUJER en busca de un sentido y una respuesta

Para Eduardo, ave que perdí olímpica y lebudamente a pesar de Naomi Kleim.

Cuando tenía 17 años era fanática absoluta de la segunda guerra mundial, me conmovía Ana Frank en su ático escondido, me iba repetidas veces al cine durante tres horas para ver La Lista de Schindler[1] y me sobrecogía el tema del holocausto y los judíos. Hace poco vi la foto de un amigo en los campos de concentración, convertidos en museos, y he leído sobre las consecuencias humanas, sociales y económicas que trajo tan funesta guerra. De ella, sin embargo, han nacido muchas cosas magníficas. Después de una gran tormenta llegó el ordenamiento de una nueva sociedad, sacudida por el miedo y el terror. Surgen entonces, la Declaratoria de los Derechos Humanos, las Naciones Unidas, dos potencias que después se volvió una, el sin fin de pronunciamientos de varias naciones y el nacimiento, en 1948, de la nueva era de Acuario, tal como lo señalaría cualquier astrólogo que asume estos tiempos de renovación.

Me sorprendió en algún momento que incluso la bomba atómica había explotado la fecha en la que los bolivianos festejamos la fiesta nacional. Cada 6 de agosto, entonces, no sólo pienso en la independencia boliviana, sino también en la resultante de un hecho que no ha dejado de sorprender a la humanidad por la capacidad de destrucción a la que ha llegado el ser humano, pero también por esa capacidad de sobreponerse que tuvo mucha gente al experimentar el holocausto en carne y hueso. Es muy diferente, por supuesto lo que pudo mostrarnos Spielberg en su homenaje a los judíos. Es muy diferente un diario, es muy diferente el testimonio, es muy diferente la vida misma de aquel que estuvo y sobrevivió para contarlo y más aún para curarse de la manera más alucinante.

Recientemente conocí a un lector de ojos hermosos que padece de insomnio y que no deja de leer en las noches para poder encontrar el sueño justo[2]. Y es muy probable que haya leído bastante sobre estos acontecimientos, sin embargo también le gusta mucho la literatura que busca el sentido real de la vida, y fusionando ambas cosas se encontró con textos del doctor Víctor Frankl[3]. No recuerdo exactamente qué libro me recomendó de este autor; pero supuse por las investigaciones que hice, que podía tratarse de El hombre en busca de sentido. Al leer su biografía y acercarme poco a este autor, concluí que si hubiera vivido cerca de él, fija hubiera sido una de sus pacientes o aprendices de logoterapia, ya que adoro la palabra terapia, es como la terquedad que tiene el hombre de recomponerse ante la imposibilidad de encontrar la felicidad y justificarse a sí mismo que sí existe algo más allá y que existen una serie de pasos para lograr un encuentro exitoso.

Es así que antes de entrar a una lectura profunda, pienso en la palabra logoterapia y me acuerdo directamente de otra película, que hace referencia a Shopenhauer quien escribió bastante sobre el pesimismo. En este caso, la película nos mostraba el lado bueno del filósofo a través de La vida es Bella[4].

Tras haber leído primeramente el índice y el prefacio, hago la misma reflexión que hizo el autor sobre la “ridícula vida desnuda” y me pongo completamente existencial: sufro porque existo y me pregunto si estoy viviendo o sobreviviendo. Entonces una llega a la primera clave de esta gran respuesta: la responsabilidad de vivir. Estas primeras reflexiones, entonces, hacen pensar en mis amigos psicólogos que se cuestionan constantemente la vida cuando se encuentran en situaciones extremas. El autor era psicólogo, el profesional ideal para sobreponerse, el profesional ideal que te ayuda para salir adelante, pero obviamente una se pregunta ¿y quién lo saca al psicólogo de su depresión, de su angustia, de su tristeza?. Viene a mi memoria entonces la película La habitación del hijo, que nos muestra a un psicoanalista cuyo hijo muere, y que tiene que escuchar los problemas menores de sus pacientes a pesar de querer dejarlo todo y morir del dolor.

Pero volviendo a los pequeños campos de concentración donde estuvo Frankl, pues estamos hablando de hombres comunes, cuya identificación más tangible era un número y no el nombre propio. Nuestro autor se llamaba en términos nazis No. 119.104 y es así cómo él también se nombra de esa manera para comprenderse como común, a pesar de la distancia que él quería tener al redactar su ensayo psicológico. Sin embargo puedo destacar la narrativa de Frankl, ya que dramatiza hechos que podían ser mostrados fríamente en su informe. Cito por ejemplo, lo que escribe “El silbato de la

locomotora tenía un sonido misterioso, como si enviara un grito de socorro en conmiseración del desdichado cargamento que iba destinado a la perdición”.(FRANKL:9) Todo entonces, en muchos casos incluso, se limitaba a la sonrisa, de la curiosidad a la sorpresa.

Por otro lado me pregunto si todos algunas vez llegamos al estado de la muerte emocional a la que llegaron los presos en los campos de concentración, yo le llamo inercia, botarse en tu cama y no responder a nadie, no decirse hola a sí mismo. El caparazón, evidentemente, aparece no? y todos nos cubrimos como tortugas asustadas. Pero por otro lado el inconsciente nos juega también mucho en los sueños, porque si bien había cierta inercia también, en los campos de concentración hubo sueños con pan, pasteles, cigarrillos y baños de agua templada. Frankl sabe que al no tener satisfechos esos simples deseos, todos iban a soñar con las cosas que más buscaban para su cumplimiento.

Por otro lado, el hambre también fue un factor determinante para el sufrimiento. Cito: “Los que no hayan pasado por una experiencia similar difícilmente pueden concebir el conflicto mental destructor del alma ni los conflictos de la fuerza de voluntad que experimenta un hombre hambriento”. (FRANKL, 40).

En fin, había una serie de limitaciones como la del deseo sexual, sentimentalismos[5]. Sin embargo la política y la religión eran temas muy recurridos. Qué triste saber que muchos incluso ya no podían encontrar las palabras para rezar.

Sin embargo, una puede ir descubriendo el sentido que Frankl fue encontrando a su vida en estos espacios donde el dolor y el sufrimiento crecían. Su apreciación sobre el amor y la poesía le dan sentido entonces a las vidas de aquellos que quizás nunca pasaremos por estas situaciones, sin embargo queda la enseñanza y por eso es que supongo que el autor escribió sus testimonios. Por ejemplo dice: “La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el

hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad —aunque sea sólo momentáneamente— si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin  poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente —con dignidad— ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Por primera vez en mi vida podía comprender el significado de las palabras: “Los ángeles se pierden en la contemplación perpetua de la gloria infinita.” ¡Que difícil es amar no?¡ y qué difícil llegar a ese estado de contemplación cuando supones que ya no tienes nada, cuando en realidad lo tienes todo y no te das cuenta.

Muchas veces nos refugiamos en los pensamientos pesimistas y nos ponemos a llorar, es cierto. Pero queda como gran ejemplo esa búsqueda en el interior que tuvieron los prisioneros, para sentir la belleza del arte y la naturaleza. “Cuando estés triste, recuerda todas las cosas hermosas de tu vida”, dice un libro más contemporáneo y es cierto, ese es un ejercicio que muchos que han estado en momentos muy oscuros recomiendan. ¡Y qué bello podría ser el mundo!, le doy la razón a un prisionero.

Y pues bien, le doy mi total fe al autor cuando dice que el arte y el humor los fue renovando o cambiando. Que doloroso, sin embargo, cuando el arte invade en espacios tan duros. Me conmovió la presencia de un violín en ese día que Frankl recuerda “De pronto se hizo el silencio y en medio de la noche se oyó un violín que tocaba desesperadamente un tango triste, una melodía poco conocida y poco desgastada por la continua repetición. El violín lloraba y una parte de mí lloraba con él, pues aquel día alguien cumplía 24 años, alguien que yacía en alguna otra parte de Auschwitz, quizás alejada sólo unos cientos o miles de metros y, sin embargo, fuera de mi alcance. Ese alguien era mi mujer”. (FRANKL, 51)

A su vez, la libertad espiritual se convirtió en una opción, que es una de las cosas que más ha podido conservar Frankl después de su experiencia en los campos de concentración. Una entonces puede elegir, una puede elegir por el sufrimiento[6] o por el riesgo[7]. Ahora me pregunto entonces ¿seré digna de mis sufrimientos? ¿Seré digna de lo que he optado en determinado momento? La aceptación del sufrimiento, de la cruz es un reglamento de la vida, tal cual lo hizo el Maestro Jesús, es así cómo lo entiendo perfectamente al cargar con mi cruz, con mi cruz que me acompaña todos los días. Es ahí, que Frankl, nos recomienda que en realidad la vida es la que espera de nosotros. Y esa cruz, por tanto, se vuelve en una responsabilidad. La conducta y la actuación recta, correcta entonces es el sentido que Frankl destaca, más allá de esperar que la vida nos de respuestas.


[1] Me encantaba la escena de la niña del abriguito rojo.

[2] Aunque últimamente no le creo porque cuando le llamo tipo 2 de la mañana me contesta sonámbulo, y obviamente no está leyendo absolutamente nada.

[3] Que no es para nada parecido al doctor Víctor Frankestein de Marie Shelley.

[4] Película que también nos muestra la historia de la guerra vista desde los ojos de un niño y su padre que no dejó de jugar con él hasta el último instante para protegerlo del horror de lo que estaba pasando.

[5] A este fenómeno de la ausencia de reflexiones sociales Frankl le llama hibernación cultural.

[6] Tal como me señaló el lector de ojos bellos que me recomendó esta lectura.

[7] Que muchas veces no he optado por miedo.

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