Una crónica amarillista

Lo cierto es que Luciana Pabón, una joven de 13 años, estudiante del colegio San Anselmo,  salió de su casa, un poco retrasada, casi alrededor de las siete de la mañana.

Caminó por la vía central de la ciudad, había estudiado toda la noche, como señaló su madre, porque tenía un examen final.

A la misma hora, el ciudadano Fernando Núñez, chofer oficial del auto presidencial, salía del garaje para dirigirse a realizar su tarea diaria, llevar al presidente de la república a su despacho. Al cabo de quince minutos habían llegado cuatro escoltas policiales en sus motocicletas, así lo atestigua la casera de la esquina que no quiso dar su nombre. El señor presidente, Gonzalo Morales de Zamora, debía cumplir con una reunión muy importante, donde el tema principal sería la educación y los derechos humanos.

A eso de las siete y media, el señor presidente salió, acompañado de algunos ministros que habían llegado a recogerlo. Los escoltas atestiguan que el chofer presidencial tenía los ojos enrojecidos y que se lo veía un poco cansado; sin embargo, además de ser cristiano, se descarta la posibilidad alcohólica en su organismo a esas horas del día. Con el ceremonial acostumbrado de jerarquía presidencial, la caravana de automóviles había emprendido su marcha a la casa de gobierno a las siete cuarenta.

Según los informes de tránsito, el accidente se llevó a cabo a las siete cincuenta, en la calle Ballivián. Luciana, la joven estudiante, fue atropellada por el auto presidencial. Después de ser trasladada con urgencia al Hospital General, fue interrogada por la PTJ y posteriormente fue acusada de suicida.

El testimonio de Luciana asegura conocer muy bien las normas viales de la ciudad, y que por tanto no tuvo la culpa de los acontecimientos.

Por su lado, Núñez, el chofer presidencial declaró que la niña pasó rápidamente ante el automóvil oficial, lanzándose directamente, quizás con la intención evidente de ser atropellada y sacar partido del acontecimiento. El testimonio fue corroborado por Eliseo Quispe, uno de los escoltas motociclistas que había visto correr a Luciana desde una calle anterior.

La madre de la atropellada, Rosaura Pabón, señala que su hija no tiene ningún problema emocional como para suicidarse. Así también negó toda posibilidad de sacar partido por un accidente que le parecía ridículo y fuera de lo común. Por tanto, recurriría a la ayuda de la Defensoría del Pueblo para que tome partido y descubra la verdad.

A los tres días del atropello, sin poder obtener alguna declaración del señor presidente, la Defensoría del Pueblo corrobora el despido del chofer Fernando Núñez, quién se encuentra actualmente desaparecido.

Sin embargo, a últimas horas del día de ayer, aparecieron Renata Mamani y su compañero Julián Tijlla, supuestos testigos del accidente. Ambos afirmaron que cuando escucharon a los escoltas presidenciales pasar por la calle, no escucharon pasar inmediatamente al supuesto automóvil presidencial. Pero, que sí escucharon detenerse un automóvil, y suponen que el chofer salió de su puesto para conceder su lugar al señor presidente, reconocieron sus voces. Como es bien sabido, el señor presidente no sabe conducir, además de la miopía y astigmatismo que presenta.

La declaración tan comprometedora fue objeto de burla, ya que Renata Mamani y Julián Tijlla son ciegos, y aunque hayan recibido el apoyo de su sindicato y otras instituciones, su declaración no fue válida.

El caso de Luciana Pabón se encuentra en una revisión exhaustiva, ha provocado una controversia en el parlamento, muchos diputados afirman que el presidente es el culpable del atropello, otros lo defienden, los alumnos y profesores del colegio San Anselmo saldrán en una protesta por las calles pidiendo justicia, el chofer aún se encuentra desaparecido y el presidente de la República organiza un viaje al exterior.

Sin embargo, algo inesperado sucedió en la lluvia del día de hoy. Cuando la caravana oficial se disponía abandonar la casa de gobierno, un rayo cayó sobre la estatua de la plaza Murillo causando la ruptura de la base principal del monumento.

Una casera, que no quiso dar su nombre, señala que desde ese instante un médico y un sacerdote visitan la casa presidencial ¿acaso para confesar y curar la conciencia?

CDD

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