Para ver a Subiela hay que saber volar, sino perdemos el tiempo con él

Las peliculitas de Eliseo Subiela tienen ese qué sé sho, viste. Salís de tu casa, vas al cine o te comprás un dvd, comienzan los créditos, una musiquita rara, saxo… cuando de repente, en una cama, está Darío Grandinetti personificando a Oliverio, mezcla rara de astronauta y poeta sudamericano, estrechando la mano a cualquier mujer que pueda volar con él. Una se ríe, pero sólo él puede mirarnos, y saber exactamente cómo seducir, cómo acercarse y decir: Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos. Si una no sabe de quién es la frase, está perdida, o en todo caso se salva cuando se entera y aprende que es un poema de Mario Benedetti. Esa fue la táctica y estrategia de Eliseo Subiela en la película El lado oscuro del corazón: aliarse con poetas, un buen actor y escribir una historia fantástica que induce al vuelo o al hueco de una cama. Todo eso dependiendo de la muerte imaginaria que llevemos dentro.

Es así, que medio bailando y medio volando conocí a Eliseo Subiela a través de las aventuras de un poeta porteño que busca en una cama totalmente surrealista a la mujer que vuela. El cineasta se considera un militante de la ilusión, la mayoría de sus películas apuntan a todas las facetas del amor, y donde evidentemente sobresale lo ridículo, lo fantástico y lo piantado. Es por eso que muchos de los que han visto a Subiela lo aman o lo odian, les parece un genio o un superficial. Las mismas opiniones he escuchado en cuanto a la poesía de Benedetti. “Táctica y Estrategia”, “No te salves”, “Rostro de vos”, que figuran en la película, no son poemas tan valorados dentro del mundo literario, más es la gente del pueblo, la colegiala, la universitaria, el que está camote quienes llevan en el corazón el sentimiento de esa “soledad tan concurrida” que vive Oliverio durante toda la película. No es que desmerezca el trabajo del gran poeta uruguayo, sin embargo éste es más apreciado en su aspecto narrativo.

El cineasta argentino señala en sus textos o entrevistas que su oficio principal es entretener en la oscuridad y que el cine es el único sueño que se tiene con los ojos abiertos. Con El lado oscuro del corazón, Subiela entretiene desde nuestras tinieblas y fantasmas, cuestiona el erotismo y lo muestra atorrante, nos muestra cualquier cantidad de símbolos que los mismos psicoanalistas obsesivos no se cansarían de explicar, se alía con los efectos especiales, con las palabras pensadas, incluso invita a Mario Benedetti a participar de la película diciendo uno de sus poemas en alemán, escena donde sólo fanáticos del viejito amado lo podríamos identificar. Es una diarrea de sentimientos, símbolos, conceptos, una lista intelectual de cosas que no conforman a los artistas en cuanto a su convivencia con el amor y el sexo.

Al proponer la oscuridad, también plantea un lado claro que interpela a una muerte subdesarrollada interpretada magistralmente por Nacha Guevara. La presencia de este personaje que representa la desolación, los conflictos existenciales, la poca luz, la inteligencia que sabotea la felicidad, es como el lado no poético de la película. El heroísmo en esta historia se centra en el amor y la poesía, la antiheroína es la muerte, es esa que vomita mirando un beso y que no soporta un bolero. Es la otra, la fiel, y que no soporta una amante en la cama de su eterno perseguido. Sin embargo, también es esa que tiene el glamour para criticarlo y tener la decencia de aceptar que no puede tocarlo ya que este hombre sigue diciendo algunas palabras, a pesar de hablar como un “camionero”.

Y sí, esta película es un bolero cantado por María Marta Serra Lima, que une al poeta con la puta, con esa que sí conoce a Benedetti, con esa que vive sola, que tiene una hija, que también se ilusiona y hace el amor como nadie al amanecer. La construcción de Ana, la que vuela, es un ideal, no se si sólo para hombres, pero es como la perfección en mujer. La mujer de cuento que con una frase mejor a la tuya (la del hombre) te desploma con un knockout y es la que resuelve todo con el abandono, a pesar del amor. Es como la Maga de Cortázar, imposible de encontrarla, amada por su imposibilidad de existencia en las ciudades desoladas.

Con El lado oscuro del corazón puedes pasar tranquilamente de una ciudad a otra, comenzar en un burdel de Montevideo y terminar en el cielo de Buenos Aires, puedes tocar el sexo de un poeta, pasearlo como un obelisco por las calles, traspasar una vagina como puerta, y después, abrazar su corazón directamente. Puedes ser liberal y puro, ser una ciega que sabe de qué color es el calzoncillo de su amante, puedes ser la madre vaca del poeta, puedes ser el poeta y puedes ser la prostituta. Es en el territorio de esas fronteras donde se sitúa Subiela, con esas verdades y mentiras maravillosas que nos han sabido contar desde siempre los argentinos, mostrando un imaginario del amor y el sexo, a través de sus poetas Oliverio Girondo, Mario Benedetti que no es argentino, pero es igual. Es como si el cineasta hubiera juntado todos los movimientos que se tiene bailando tango, te seduce, te enternece, no le importa si tienes la nariz chueca o las tetas chicas, te hace renegar, te satura, te hace llorar y llora, te besa, te hace el amor, vuela, te deja, se va.

Algunas de sus otras películas también tienen esa carga emocional, cursi y melancólica gaucha de los sentimientos. Si una se acostumbra a las diarreas afectivas e ilusiones supersport de este cineasta, es capaz de volar con él y a su estilo. A Subiela le encanta separar los pies del piso, le gusta lanzarse y quizás hasta empaparse de lo más infantil, cosa que disgusta a los que odian comer tanto chocolate. Claro está que a muchos que enarbolan a Ana, la que vuela como la mujer perfecta, no les gustó para nada la reaparición de Oliverio en El lado oscuro del corazón 2. Y les doy la razón, porque ahí la claridad triunfa, el amor salva, existe la posibilidad de otra que vuela diferente, se detectan las recetas cinematográficas, y Oliverio está calvo y Ana está vieja, y los dos deciden lanzarse de la cama optando por el manicomio como un lugar de encuentro para el futuro.

Mientras tanto, ésta, la primera, no se queda inmóvil al borde del camino, no quiere con desgana, no se salva, entonces ésta, sí, El lado oscuro del corazón, la que no se salva sí se queda conmigo y con todos aquellos que al escuchar la música y el saxo de Osvaldo Montes nos acordamos que alguna vez en nuestras vidas vimos a un Oliverio en la calle o a una Ana en nuestras camas, o viceversa.

Claudia Daza Durán

Originalmente publicado en la revista digital  Cinemas Cine

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