MUJER QUE SALVA

 

Para Clarice y Vinicius

Me encanta subrayar los libros, a pesar de ser un atentado a la pulcritud de aquellos que los guardan y los cuidan. Yo prefiero un diálogo abierto, a plan de un bolígrafo en mano, porque sencillamente me es la única manera de resaltar aquella frase que nos cambia la vida.

La clave es cumplir con el movimiento, así como lo requiere el taichi[1], un movimiento lento, certero y exacto que va hacia al corazón, a esa capacidad de observación que a veces perdemos, a esa inteligencia que se nos extravía en el sendero.

Lo maravilloso es encontrarnos con propios infiernos, con cachivaches mentales y basura existencial. Lo maravilloso es descubrir a nuestros propios muertos, una humanidad que ya no está; pero que ha dejado la frase exacta para salvarnos todavía de esta muerte.

Y una de mis salvadoras y muertas favoritas es Clarice Lispector, quien a plan de descubrimientos diarios me ha mostrado más allá del incendio, el sentido de la sencillez, la inteligencia y la nostalgia.

¿Cuántas veces me has despertado Clarice? Te agradezco y subrayo con orgullo todas las recomendaciones para llorar correctamente, para conservar el calor humano de los cementerios, para vivir feliz e infeliz en los insomnios. Eso de tenerle gratitud a tu máquina de escribir me enternece, y cuánta envidia he tenido al saber de tus conversaciones. Te he buscado, me han robado tus libros y te he recuperado y como siempre nuestros caminos serán circulares. Cito, ese tu 14 de septiembre: “Dije una vez que escribir es una maldición. No me acuerdo exactamente de por qué lo dije, y con sinceridad. Hoy repito: es una maldición, pero una maldición que salva”. Y hoy te respondo, leerte es una bendición que salva. Quién como tú Clarice para publicar por el periódico el siguiente aviso:

“Se necesita de alguien hombre o mujer que ayude a una persona a estar contenta porque ésta está tan contenta que no puede quedarse sola con la alegría, y necesita repartirla. Se paga extraordinariamente bien: minuto a minuto se paga con la propia alegría. Es urgente, pues la alegría de esta persona es efímera como estrellas fugaces, que hasta parece que sólo se las vio después de que cayeron; se necesita urgente antes de que caiga la noche porque la noche es muy peligrosa”.

Me pregunto cuántos lectores habrán acudido a tu aviso. Espero que mucho lectores hayamos podido leer este tu aviso para abrazarte en plena lectura y decir: yo, yo hubiera querido estar a tu lado.

“El silencio es el centro de su obra” comentó otra persona sobre su trabajo. Y quizás el silencio era el ejercicio de su alma, para mostrar todo lo que tenía dentro. En un cuaderno de copias he bautizado sus frases como Lispectoreadas para recordarme a mí misma las enseñanzas de su lectura. Lindo sería apropiarse de éstas para salvarnos: “Tener el coraje de tener fe. Y tener fe en la propia fe, pues la fe puede ser un gran susto, puede significar caer en el abismo…Si hay coraje no se lucha más”. Y los aprendizajes pueden ser varios, expuestos en novelas, en sus crónicas saturninas, en sus recomendaciones diarias, en sus plegarias a un Dios que siempre le ayudó a conseguir lo imposible. Qué linda esta brasilera, ucraniana, pero brasilera, llena de luz y de oscuridad, viviendo al margen de los accidentes y de los astros, dejándose juzgar por sus propios fantasmas, con un corazón por delante, con una taquicardia permanente en sus palabras, con una locura diferente a la demencia. Quizás, como decía ella, no logró catalogar sus alegrías y tampoco utilizar las palabras saudade[2], amor[3] o gallina[4] como los demás. Aún así le encantaba escribir y manifestar nuestras voces, la humanidad plena en su soledad, la humanidad plena en sí misma.

Hace años, en una recomendación que quizás ya no recuerde, la poeta Mónica Velásquez me dijo que Clarice Lispector escribía lindo. Desde ese día, ya por el hecho de la sonoridad de su nombre y por la misma Mónica, la he buscado y me ha encontrado. La biblioteca del CEDOAL[5] donde están expuestas varias novelas, las más famosas y otras rarezas, es el lugar secreto de la Clarice en La Paz. Allí me presté “Revelación de un mundo” y otros libros y realmente se revelaron más de mil sensaciones de lectura. Aprendí sobre los estados de gracia, sobre las dulzuras de Dios, sobre el anonimato, sobre los restos del carnaval, sobre los cosmonautas, sobre las despedidas y los escándalos inútiles del amor. Los perfumes de la tierra, las lecciones de un hijo, los placeres de una vida normal, el impulso y la aventura de escribir, el misterio y las apariciones, la humildad y la técnica son frases o palabras tenazmente utilizadas por esta mujer. Ya en la feria del libro me percaté de que Yachaywasi[6] había traído cualquier cantidad de sus libros, con tapa dura, o sea caros, ojala los hayan vendido, ojala alguien los haya comprado. Ya en esas épocas volví a encontrar otros libros en “Escaparate Cultural”[7] y con el sólo hecho de escuchar: “¡tenemos libros de la Clarice¡¡¡¡¡¡¡”[8], me lancé de nuevo a la aventura de saborearla. Hace poco escuché que la aman en Colombia y en la carrera de Literatura de la UMSA y en Brasil y en todo lado, en canciones y en estudios lacanianos. Supongo que es nuestra escritora amada, la que nunca pasó de moda, o se está poniendo de moda, qué más da, pero su alma nos sigue charlando, a pesar de haberse ido hace 34 años.

No me canso de recomendarla, porque es una mujer que más allá de haber dejado un aporte maravilloso a la literatura, desde su territorio, nos ha dejado un testimonio para aprender a sentir las cosas, a hacerse cargo del mundo,  a ver y escuchar a las personas, a escribirlas sin volver a leer y dejarlas al destino. Sencillamente he aprendido a rezar, en momentos de mucha tristeza y claridad, como uno de sus personajes llamada  Lori y quien se pedía a sí misma (No pedía a Dios, sino a sí misma): “Alivia mi alma, haz que sienta que tu mano esté cogida de la mía, haz que sienta que la muerte no existe, porque ya estamos en la eternidad, haz que amar no es morir, que la entrega de sí mismo no significa la muerte, haz que sienta una alegría modesta y diaria. Haz que reciba el mundo sin temor. Bendíceme para que viva con alegría, el pan que como, el sueño que duermo, haz que tenga caridad hacia mí misma pues si no, no podré sentir que Dios me amó, haz que pierda el pudor de desear que la hora de mi muerte haya una mano humana para apretar la mía. Amén”.

 


[1] Meditación oriental en movimiento. Lo practican harto en la Plaza Avaroa, la Plaza Humboldt y Plaza Bolivia. (La Paz, Bolivia).

[2] Sobre la saudade Clarice Lispector escribe un 27 de mayo: “Saudade es un poco hambre. Sólo ocurre cuando se come la presencia. Pero a veces la saudade es tan profunda que la presencia es poco: se quiere absorber a la otra persona toda. Estas ganas de no ser el otro para una unificación completa es uno de los sentimientos más urgentes que existen en esta vida”.

[3] Sobre el amor Clarice Lispector escribe: “Cuando el amor es demasiado grande se vuelve inútil: no se lo puede administrar, ni la persona amada tiene la capacidad de recibir tanto. Me quedo perpleja como una criatura al ver que incluso en el amor hay que tener sentido común y noción de la medida. Ah, la vida de los sentimientos es extremadamente burguesa”.

[4] Sobre la Gallina Clarice Lispectos escribe: ” La gallina tiene mucha vida interior. Para decir la verdad lo único que tiene es vida interior. Nuestra visión de su vida interior es lo que nosotros llamamos gallina. La vida interior de la gallina consiste en actuar como si entendiera. Cualquier amenaza y ella grita escandalosamente hecha una loca. Todo esto en el fondo para que el huevo no se rompa dentro de ella. Huevo que se rompe dentro de la gallina es como sangre.  La gallina mira el horizonte…Como si de la línea del horizonte estuviera viniendo un huevo…El huevo todavía es el mismo que se originó en Macedonia. Pero la gallina es siempre la tragedia moderna”.

[5] En el Espacio Simón I. Patiño, en la Belisario Salinas y Ecuador, en Sopocachi, en La Paz, en Bolivia.

[6] Por la UMSA¡¡¡. Sí, por ahí.

[7] Por el Edif. Hoy en la 6 de Agosto o sino en la 21.

[8] Juan Manuel Finot bien alegre por traer libros de la Clarice desde Argentina. Él me vendió doblemente un libro debido a un robo inesperado en un restaurante vegetariano. Quien tenga ese libro de la Clarice, espero profundamente lo haya leído, lo haya regalado o me encuentre lo más antes posible.

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