RESEÑA del concierto de presentación del disco Destrenzas, del guitarrista paceño Gabriel Guzmán.
22/10/2011gabo

Sin duda, el Gabo, nuestro guitarrista Gabriel Guzmán, está chocho con su primer disco Destrenzas. Con este su grito de independencia, se ha soltado el cabello y ha dejado de (sólo) acompañar a otros músicos; pero ellos, sus amigos, sus hermanos y sus magos tampoco lo han dejado solito.

¿Qué diciendo ahora puedo criticarlo al Gabo, cuando es él mismo quien nos cuestiona, siempre, con su ojo raro? No queda otra, pues, que analizar su presentación, el lanzamiento y ch’alla de este su disco, con el mismo ojo que a veces nos mira.

Es muy triste cuando el Teatro de Cámara no se llena; pero el Gabo volcó taquilla con sus amigos y sus perseguidores musicales.

El ritual tuvo su mística. En una esquina yacía el disco challado, invitando a ser mojado nuevamente con el alcohol. El guitarrista salió maquillado y con trenza; en algún momento pensé que se iba a destrenzar, como un performance paralelo, pero no, no movió nunca la cabellera.

Lo que sí movió y bastante fue a sus músicos invitados, quienes, tras una presentación al estilo del Gabo, salieron, tocaron un temita y se volvieron a entrar al camerino donde, según se escuchaba de rato en rato, parece que vivieron una fiesta aparte.

Vamos a la música. No pues, el Gabo supo abrazarnos como abraza a sus guitarras, a la acústica y a la eléctrica. El Gabo demostró que la dulzura es capaz de ir acompañada de la furia, y que no importa la soledad de un instrumento para confundir las sensaciones.

Es un guitarrista pulcro que ha hecho arreglos musicales de varios cantantes, y ésta era su oportunidad para mostrarse así, solito y como es, bien capo.

Y se acompañó de aquellos que lo conocen y saben cuándo quiere música tierna, cálida o fuerte. Tal es el caso del percusionista Marcelo Murillo, con quien tiene una especie de pacto musical; ni qué decir de Vadik Barrón, con quien compuso una canción del disco.

También estuvieron en escena -para deleite de la gente- Sergio Antezana, Sobrevigencia, Álvaro Montenegro y Óscar García. Faltó Melissa Herrera -de todos con los que grabó el CD-, quien no pudo estar para la presentación; de cierta forma la extrañé porque había muchos hombres en el escenario y lo único femenino fue la guitarra.

Dos temas me conmovieron especialmente, no sé si por el encuentro de generaciones o por la ternura de interpretación. Tanto Óscar García como Álvaro Montenegro -por separado, y a su turno- se mostraron tan niños y tan dulces como es el Gabo en sus composiciones.

Lloré porque es raro verlo cantar al Óscar, y más aún si lo hace casi sollozando, casi leyendo un poema como lo hizo tantas veces con el poeta Juan Carlos Orihuela. En cuanto a la cueca La tejedora, interpretada con Álvaro Montenegro, me pareció un pacto nuevo con la ciudad moderna; unión de cuerdas y metal.

Por lo demás, la familia musical del Gabo, Sobrevigencia, se mostró con todo para reventar el teatro como siempre lo hace. No cabe duda que Gabriel Guzmán se forjó en este grupo, cuya solidez y fuerza vibran a través de los instrumentos de viento y percusión.

Tocaron el tema Teoponte, y con eso bastó para corroborar que vale la pena seguir escuchando nuestra música, que por sí sola hace crítica social, incluso sin palabras. Busqué el tema en el disco porque fue el que más me impactó, y sólo después caí en cuenta que era de Sobrevigencia. Queda buscarlo y escucharlo de nuevo.

Aunque el repertorio respetó casi rigurosamente el orden de las canciones en el disco, el tiempo quedó corto; parecía que habían tocado cuatro temas y ya había terminado el concierto.

Quería más, esperé que en algún momento se haga un ensamble entre todos los artistas, pero no se pudo llegar a un clímax general, y nos quedamos con los estilos personales.

El concepto quedó claro, pero quizás no se pudo manejar en escena ese desprenderse, esa distancia, para quedarse al final, el guitarrista, con su propio fantasma, sin arreglo ajeno, con su guitarra desnuda, sólo cuerdas.

Queda decir que el Gabo me hace recuerdo a su abuelo, Mario Guzmán, porque tiene un aire que no tiene cualquier artista: parece que ha sobrevivido del pasado, porque lo trae en sus melodías, en sus maneras tan paceñas de hablar, en esa manera’ de tocar.

* Columna coordinada por Bunker, espacio cultural.
Publicado en Página Siete

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