ImagenTenis de expositora

Quiero escribir pero me sale polvo, me sale polvo de los libros, del cabello y de los zapatos. Y es que estuve recorriendo por la 18va Feria del Libro en La Paz durante dos días y bueno….sí, voy a pecar de jodona, histérica quejona, inconforme, jailona con el ojo chueco, burgués con la saliva amarga, a lo quinceañera que no le interesa la opinión de sus padres o simplemente una consumidora de eventos culturales que tiene derecho a reclamar. Los libros no tienen la culpa, los escritores no tienen la culpa, las editoriales no tienen la culpa, los lectores no tienen la culpa, las letras peor; pero alguien debe responder a lo que está aconteciendo estos días en la Feria que cumple 18 años de existencia.

A manera de retrato, relato lo observado de la manera más superficial, para llegar a la conclusión que somos el país del “así nomás”.

1. Un cartel gigante cuelga del edificio del campo ferial que dice: “Por fin La Paz tiene su campo ferial”; cuando en realidad se luce un edificio a la mitad, con los cimientos todavía visibles, el trabajo bruto está a flor de piel, con los tractores descansando. “No te quejes de eso porque la Prefectura está dando el lugar a mucha  insistencia” me dicen cuando despotrico en plena feria. Ok, vamos a ser tolerantes y no vamos a decir nada porque al primer reclamo los pueden sacar tostando y de ahí nos quedamos sin nada.

2. Me vendieron libros empolvados, al principio juraba que era porque estaban guardados en los cajones del olvido; pero en realidad están empolvados porque la construcción hace lo suyo en los noches, la polvareda no tiene la culpa de su existencia, se mete con los libros y con los vendedores quienes han decidido ir con pinta de albañil para no arruinar sus zapatos. Vamos a ser tolerantes, digamos que el polvo le da cierto romanticismo poético, ya, al fin y al cabo tengo mi trapito y lo limpio, el polvo no arruina la literatura.

3. Una gotera expulsó a una vendedora de su stand quien asustada llamaba a su jefa para contar lo acontecido, a la media hora, la dueña del stand guardaba sus libros y se retiraba de la feria. “Yo que ella les pido la plata y nunca vuelvo” dice una compradora. Listo nos da pena por esos expositores, pero la feria continúa, más bien no era una editorial pesada, quizás la señora no vendía mucho así que sigamos paseando.

4. En la sala de comidas, que está expuesta a los olores del Choqueyapu, hay más sillas que mesas, o sea obvio, pero hay un montón de sillas apiladas y pocas mesas. Tenemos que estar correteando a la gente que ya terminó su comida para pedirle rápidamente su mesa. ¿Descuido de las empresas de comida? Ni los que comen están cómodos. Está bien, tolerancia, si somos capaces de comer agachaditos en la ciudad, por qué no vamos a comer sin mesas en esta fiesta donde aun se observa los cimientos.

5. Si te da ganas de ir al baño acepta la aventura, porque no hubo agua sino hasta el domingo, y si bien ahora hay agua, hay que hacer cola peor que en boliche, además que ya hay baños fuera de servicio. Ok,no importa, nos aguantamos con tal de escuchar las conferencias y seguir viendo los libros. Que el pis no nos arruine la fiesta.

6. Las charlas o conferencias: un caso crítico. En los pasillos escuché: “Creo que vamos a suspender esa charla porque no se escucha nada”, “terminas escuchando en stereo porque se cruzan las voces”, “¿dónde es la sala tal?” “los viejitos no pueden subir al último piso, entonces tuvieron que trasladar la charla al subterraneo”, “yo voy a presentar mi libro en otro lugar, aquí no, te botan, no te dan el tiempo necesario para hacer una buena exposición o para esperar a tus invitados”, “yo escritora, llegué tarde a mi exposición porque no sabía dónde era mi sala y dos de mis invitados llegaron tarde…me dio pena”, “se ha cortado la luz en la presentación del Adolfo!!!!!!! y justo cuando habló él”, “la Cecilia tenía que gritar para que la escuchen”, “¡Cómo van a colocar las salas de charlas detrás del garage y con la comida! o sea nadie ubica pues”, “yo creo que lo llaman a ese escritor de Cocha y le dicen que mejor ni venga porque para que no lo escuchen bien y quizás no lleguen a su charla mejor que ni venga”, “La Elvira y el Alvaro tuvieron que actuar en otro lugar”,”hubieras visto la feria dos horas antes de la inauguración…. era un caos…”. Y así, de lo observado: para ir a las salas de charlas de arriba hay que subir harto, bueno para hacer ejercicio, super, pero cuando llegas ves una exposición bella de Nicanor Parra y Miguel Rep abandonadísimas, le dieron el último lugar, junto a dos salas que compiten en sonido, las conferencias se mezclan, no sabes a quien escuchar.  Los sonidistas hacen lo posible, pero la acústica es tan mala que realmente no te dan ganas de escuchar y compartir con los escritores. Y las salas de abajo, obviamente están al otro lado de la feria, sótano, detrás de la comida cruzando igualmente sus audios, su anonimato. Adiós intimidad con el escritor, cómo celebrar la literatura cuando tus escritores o comentaristas, no pueden hacerlo con la gala que merece, cómo hacer un homenaje a Jesús Urzagasti como se merece cuando no hay en sonido el retorno necesario para los conferencistas, que al final terminan tensos porque un siguiente expositor le muestra su reloj porque le toca. ¿Se merecen estas condiciones los escritores? ¿Se merecen la condición de lo inacabado, del así nomás, del ruido, del cruce de sonidos, de la falta de luz, de la gotera? ¿Se merecen exposiciones vacías? ¿Se merecen una señalética pobre que en papel tamaño carta dice dónde se encuentran las salas? Y los que quieren escuchar a sus escritores, parientes, ídolos de la literatura, como fuese ¿nos merecemos el quilombo del ruido? ¿la desorientación nerviosa? ¿la desolación porque nos cambiaron el esquema y no hay nadie que nos diga por aquí amigo, por allá, por abajo, por arriba? Sí, hay una voz que de rato en rato que dice dónde y qué se expone, pero suena peor que azafata de aeropuerto,porque para variar se mezcla con la música chabacana que han decidido exponer los stands más grandes que no son precisamente de libros.

7. ¿Qué hacen bailando Wachiturros o Michael Jackson en la parte central de la Feria? Es música pop alucinante, música del mundo, que alucinas cuando los bailas en matriquis o escuchas en minibus, no quiero pecar de elitista, adoro a Jackson, me se los pasitos de los Wachiturros; pero ¿qué hace en una feria del libro? ¿Creemos que ver bailar a Michael Jackson nos hará leer, comprar o vender más libros? ¿Es necesario un circo de este tipo y más aun quitando espacio a otros expositores que pagaron menos pero que mueren de frio afuera, sin luz necesaria, sin el lugar que se merecen? ¿De qué promoción estamos hablando? Ok, lo toleramos? No sé, yo no pude, mil veces ahí un escenario para músicos, si querían música, con invitados buenos de diferentes géneros, cuentacuentos,música, teatro mañana y tarde, lo que sea, pero música estridente que se confunde con otras y la bulla?

8. Me resulta feo ver expositores, que quizás no pudieron pagar más por un stand decente que tienen que bancarse sitios “x” sin mucha luz, muertos de frío, con goteras de por medio, ¿cómo ser inclusivos con los que hacen arte, venden arte y no tienen los recursos necesarios para estar en el lugar que se merecen? Tres stands me dieron mucha pena: la del Marco Tóxico (que se en estos días ha estado haciendo una crítica dura con sus dibujos), el de “Viñetas con altura” y uno de Venezuela que en pocas tuvo que recibir gotas de la lluvia de hoy. Cómo entender épocas de inclusión cuando tus artistas, los que producen y hacen festivales internacionales están tan al borde de la puerta. Y extrañas de nuevo la antigua bodeguita, quisieras que incluso los libreros de la Pérez o la Nuñez del Prado estén aquí, celebrando la literatura no importa desde la piratería o el libro usado.

9. Para variar, resulta irónico que estén publicitando el “monorriel” digo el “Teleférico” cuando afuera más de 50 personas hacen cola, mojadas por la lluvia o con paraguas esperando el bus que los recogerá para llevarlos de nuevo al centro, resulta irónico porque afuera no hay minibus, no hay radiotaxis, no hay trufi especial, lo que sea para que te saque del lugar. Comentario: “Nos han cortado la callesita que nos llevaba a las pasarelas, tienes que dar la vuelta grave”. Y obvio, si llueve, uno arriesga lo poco o mucho que compró, pero ya, es el riesgo de venir sin auto, sin skate, sin avioneta, pero no importa, vamos a caminar.

CONCLUSIÓN: Los que amamos la literatura vamos a ir donde sea, y vamos a aguantar lo que sea, los que necesiten vender libros o exponer en una charla o presentar libros, vamos a ir donde sea, así como el quinto pasajero vamos a bancarnos el día a día. Y así seguiremos construyendo cultura, luchando contra viento y marea, porque los libros se merecen, porque algo bueno tiene que salir de todo esto, pero eso sí, es necesario reclamar por mejores servicios, desde el trufi hasta una feria que ya es madura. Yo se que dije muchas cosas feas y no es mi estilo, hay libros maravillosos, gente linda vendiendo los libros, mucha gente comprando los libros, la fiesta sigue igual; pero los detalles nos llevarán al éxito, y siento que fueron detalles que hay que mencionar, exponerlos y cuidarnos mucho al momento de hacer cualquier evento, aunque sea un tecito en la casa. No hecho la culpa a nadie, pero quiero escribir más y sólo me sale polvo, mucho polvo.

 

 

 

 

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