Tu estrella y tu temblor.
Eso nada más quiero.

M.C.

oscar

Entonces, de eso se trataba el dolor, denso y sutil. Mientras continuaban con otra canción sólo aplaudíamos y susurrábamos con tono a reclamo desgarrado: ¡qué les pasa!
No sabía si gritar, llorar o sacar foto; en todo caso el grito era evidente al final de cada tema. Un grito porque la canción era hermosa, otro porque los arreglos eran tan endemoniados como la canción, y otro grito más porque sencillamente todos habíamos ido a matildear.
El evento “Entre cuerdas, un concierto en homenaje a Matilde Casazola y Jesús Durán*” me llegó por red social, me alegré mucho porque era el Oscar García quien junto a otros músicos hacían el honor. Cómo no ir a semejante concierto. Compartir el evento era una obligación, comentarlo en almuerzos, buscar pasacalles con su diseño, hacer una lista de canciones para ensayar, pensar en la chuquisaqueña. Eso era matildear; por eso, muchos masoquistas quizás nos dimos cita en el Teatro Municipal y en el Equinoccio y qué mejor compañía que la de Oscar García, Gabo Guzmán, Teresa Morales y David Portillo.

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Matilde Cazasola es, seguramente, una de las artistas que más llanto y alegría ha sacado a la gente sola. Muchos nos hemos sanado cantando un abandono, un regreso o un milagro escondido en la hierba. Su voz nos ha llevado a Sucre, a su patio, a las ciudades, a los monolitos de piedra, al color del mundo y quizás por eso músicos como Oscar García han decidido vestirla a su estilo. Después de los conciertos queda la curiosidad de saber más, de seguir conversando y saber qué piensa el Oscar de la Matilde. Para eso es mejor hablar frente a frente y qué mejor lugar que en su estudio de sonido. Allí, vestido de blanco, junto a su perrito Oto se da un tiempo para hablar sobre la maestra.
– ¿Por qué es tan importante la Matilde?
– Porque es una de las mujeres más creativas e importantes, no sólo en la literatura, sino también en la mesomúsica. Y todo eso tiene que ver con el contexto en el que se formó, su patio, su familia, la ciudad y el país entero.

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Después se acuerda de la poesía de la Matilde y destaca “Los cuerpos” uno de los poemarios que más le gustó. En ese texto Matilde nos habla sobre amar su cuerpo venciendo las distancias, nos muestra sus huesos, el misterio de los ojos y nos recuerda que éstos pueden ser vengativos al momento de ser ciencia y alerta (con razón) que “el mundo de los corazones es blindado”. Volvemos a la música.

– Ella hace un guiño a la música tradicional, urbanas de Sucre y Potosí, le da un aire nostálgico, boliviano, sudamericano. Y si tuviéramos la capacidad, como Estado, sociedad, colectivo… de mirarnos, la obra de Matilde está en los lugares más altos.
Así lo entendieron hacen años ya la Ema Junaro, el uruguayo Fernando Cabrera, el Luis Rico o la Jenny Cárdenas cuyos trabajos se centraron en muchas canciones de la Matilde. Así la conocieron muchos, tras estas voces que eligieron “El regreso”, “Tanto te amé” o “El fueguito”.
– ¿Y sus aires? ¿son su sello personal no ve? Ese es su aporte
– Las raíces de las músicas tradicionales tienen un montón de entradas, españolas, locales, otras que vienen de música quechua; pero se destaca la herencia española, los romanceros. Esa cultura apropiada, es decir tomar elementos ajenos y hacerlos propios, y ella tiene mucho de eso. Ha sabido leer de nuestras tradiciones y les ha dado un aire más elaborado, más poético en lo musical. Y sus canciones no son estrictamente cuecas, sino aires, porque no se rige a las formas cerradas, esa libertad estamos heredando de Matilde. Su aporte es haberse dado esa libertad dentro de las tradiciones, sin violentarlas, sin faltarles el respeto.
– ¿Y cómo has hecho vos Oscar para darte la libertad de trabajar con estas canciones?
– Con la misma actitud. Es decir, tener total libertad para caminar y bordear sus canciones, respetando sus estructuras, sus armonías; pero siempre como entrando y saliendo de la armonía y rítmica, no de su melodía. La magia de una hermosa canción es que, sin una vestidura, así desnuda sea una canción linda. El concepto de arreglar una canción sobra, por eso hablamos de vestirla y no disfrazarla. Es así que, con nosotros, lo que ha cambiado es la vestidura con esas dos guitarras que han conversado.

Y sí, dos generaciones han conversado en ese escenario, García y Guzmán, los dos melenudos y barbudos, dos músicos que se encontraron por pura magia urbana y seguramente afinados por el tiempo. El Gabo, siempre como un soldado y dispuesto a trabajar por la música boliviana y latinoamericana, apuntando a la delicadeza y la elegancia con su guitarra. Y el Oscar en esta oportunidad, dirigiendo, haciendo en carne propia esa comunión entre músicos y cantantes. Por otro lado, las voces, de David y de Teresa, engranados con la música con mucho cuidado, haciendo solos, dúos, siendo comunidad al momento de lanzar cada letra al escenario.
– Nos has dejado deslumbrados con la canción de la Golondrina
– La primera vez que escuché me pareció lindísima, son de esas canciones que emocionan, y mientras la escuchaba me sonaba una sonoridad como arpa, muchos armónicos, casi fuera de la tonalidad, probé. Afiné una guitarra de doce cuerdas, decidí los puntos armónicos y probamos y quedó muy linda, es la misma canción y la guitarra con la rítmica que le di le dio otro carácter que guiña y bordea a Violeta Parra o a los Beatles, pero quedó con fuerza.

                                                             Con esa “vestidura” en la canción de la golondrina afirmé que el Oscar había hecho un pacto, con el demonio o directamente con algo ahí arriba, porque nos transportó a un viaje sin retorno quizás, porque nos dejó con el corazón abierto, porque comprendió la soledad y el amor que plantean las canciones de Matilde no sólo en la letra, sino en esa melodía de la guitarra.

Después del concierto me fui a escuchar el últimoportillo disco de la Matilde, descubriendo lo descubierto por el Oscar, dándole mi propia vestidura, sintiendo la desnudez de las canciones, descubriendo que “las raíces de los árboles conocen las respuestas para todas las preguntas que te atormentan”. Queriéndole a la Matilde, como se quiere a una guardiana, a una maga, y deseando que siga regalándonos más canciones, más poemas, más luces y deseando también este tipo de conciertos, que sigan haciendo homenajes con propuestas, con demonios y ángeles invitados al escenario. Y que nos sigan persiguiendo sus canciones, en un teatro, en una entrevista, en un disco, en la radio o en aquellos cumpleaños donde aún se saca una guitarra y se canta “El fueguito” con ese dolor único que sólo conocemos aquellos que alguna vez hemos muerto de frio.

NOTAS: Ya habrá otro momento para duranear.

Claudia Daza Durán
Curiosa del arte ajeno

Publicado en EL DESACUERDO 2013

 

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