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A ratos da la impresión de que está preparando al mundo para su muerte. Y se lo dije. Y es que el Vadik Barrón volvió de Alemania con proyectos claros, los ejecutó en unos cuantos meses y se volvió a ir. No procastinó para nada. Procastinar, un verbo utilizado por los psicólogos haciendo referencia a las postergaciones. Evidentemente, el gran viaje a Europa, Berlín y otras ciudades lo han alimentado de voluntad y de madurez artística. Resultado: un disco y dos libros. El disco “Efectos personales” y los libros “Los espejos sonoros” y “Minoría absoluta” fueron presentados el mismo mes.
Mejor aún, este año también se ganó un “Eduardo Abaroa” en la categoría rock, y hoy acaban de anunciar que ganó el Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal”. No cabe duda que es su año. Ante su ausencia, queda entonces, desmenuzarlo, escucharlo con auriculares, buscar su blog, analizarlo y encontrar aciertos musicales y poéticos.
Benjamín Chávez, el poeta, me comentó recientemente que no hay orureño que no ame a Spinetta. –Vaya afirmación– me dije. Y es que el Vadik (orureño de infancia y adolescencia) tiene ese estilo, y está tan arraigado que podríamos decir que Luis Alberto es su gran maestro espiritual y poético. Y cual discípulo, hasta le ha compuesto una canción llamada “San Luis” al momento de su muerte. Empecemos por ahí entonces, el Vadik tiene la carga poética que muchos compositores no tienen, llegando a ser un artista completo porque cita, trabaja muy bien la intertextualidad y arma imágenes que logra llevar a nuestra generación directito a la nostalgia y al reflejo.
Digo “reflejo” porque si ahora estiramos el cuello y miramos a Berlín, el Vadik inmediatamente se hará cargo de sacar un espejo para reflejarnos Oruro, La Paz, Yungas, Sorata o Sucre. Y nos hará ver Bolivia desde donde está, volviendo al mundo un lugar pequeño donde se puede cantar una canción. Ese es el gesto que sorprende, porque el trabajo de Barrón no deja de nombrar raíces armando una tensión de ida y vuelta, y en avión, entre sus hogares. Veamos un poco esos gestos en sus canciones:

En La Paz escribió: “tú en Berlín, yo en La Paz/la espera no tiene final” (en la canción “Berlín”)
En Madrid escribió: “Somos Juan Cutipa, Martín Fierro y Cimarrón” (en la canción “Para volver a casa”)
En Berlín evocó a Baires al cantar al flaco Spinetta, también cita el Hospital Psiquiátrico Pacheco (a modo de hotel) y a Yungas. Y es justamente en la canción “Yungas” donde hace un guiño a Pink Floyd y sus chanchos en el cielo.
Pero también evoca desde la ciudad de El Alto a la Linares y a la Eloy. (Un espejo más cercano diríamos)

Y no basta con evocar porque desde su estancia en Berlín, se puso en contacto con músicos capísimos aquí en la ciudad de La Paz. Por eso, cuando llegó a Bolivia, entraron directo a estudios y conciertos porque ya la tenían clara.
En cuanto a su poesía, Oscar García escribe que “los espejos sonoros se pasean entre la figura visual y el roce aural sin ningún otro sistema que la fluidez amable y el ácido encuentro con sus demonios y sus tufos, que son como los elfos pero de Oruro”. Otra vez un encuentro, de reflejo y paralelismo. Y es así, con headphones en los oídos, Barrón nos presenta espejos de Chagall, Borges, Artaud, Storni, Pizarnik, Palahniuk, Freud y muchos más para lanzarnos y regresarnos a nuestro país profundo, ese país jazzero donde vivimos improvisando, donde “se puede ponderar ese fabuloso manicomio que es la poesía boliviana”. Así escribe el Vadik, diciendo que la Pachamama es una matrioska viuda, haciendo lo que se puede con frases de Mick Jagger, con haikus como bonus tracks, sintiendo nostalgia de la Virgen del Socavón…Y sí, al Vadik le encanta guiñar porque lo hace también en su primer libro de prosa, donde nos da “instrucciones” para comer salteñas tal como lo haría un cronopio de Cortázar, donde se lanza con un horóscopo para sus lectores augurando ataques al corazón, aconsejando que no seamos pelotudos y advirtiendo que los días actuales ya no son lo mismo sin Breaking Bad.

Es una gran alegría que un rockero sea premio nacional, los tiempos cambian, ahora un poeta carga con su guitarra eléctrica y viaja mucho por todo lado, y es el amigo de muchos quienes realmente amamos sus propuestas y lo leemos y lo escuchamos…evidentemente,  para no sentirnos solos.

 

 

Texto que iba a ser publicado en El Descuerdo, pero por tardona no pude entregar 😦

Claudia Daza (la tardona)

 

 

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