Qué difícil es conversar con un payaso que te aclara que no le gusta las entrevistas. Tuve que hacer tres comentarios a mi payasesco parecer y accedió a la charla. Supongo que se trataba de encontrarnos en la bondad.
Cuenta que odiaba a los payasos, que los veía ridículos hasta que vio a un clown ruso y listo, zas payaso.
Está en la ciudad de La Paz con veinte personas que desean afinar su humor, sus puestas en escena, su capacidad de improvisación.
Hablamos mucho sobre los fracasos y contó una anécdota junto al Circo del Sol. Una puesta en escena que destrozó de la risa en Japón, no tuvo para nada el mismo efecto con los ingleses. Los payasos tuvieron que romperse la cabeza por qué y lo replantearon. Señala que el artista siempre debe aspirar al fracaso porque es ahí donde se aprende.
Subraya que le da mucha pena el payaso de circo tradicional porque siguen con el mismo gag de hace años, que es urgente reinventarse, sobre todo en esta época que todo el tiempo se lanzan chistes. Sugiere que el payaso sea más serio. Le pregunté cuán urgente es la alegría hoy en día. No supo responder, sus lágrimas aparecieron y se tuvo que aguantar el papelón.
Antón Valén, clown, payaso, director de payasos del Circo del Sol en Alegría, estuvo en la ciudad de La Paz.

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