Category: Crítica de cine


“Una mujer que escribe, piensa el pasado a través de sus madres”

Virginia Wolf

Sin tomar en cuenta que la realidad peruana post Sendero Luminoso sea tal y como muestra la directora, Claudia Llosa nos presenta una obra política y poética, donde un sin fin de símbolos denuncian un tipo de represión que al final se convierte en libertad.

Me sorprendió, de entrada, la denuncia poética, fuerte y dolida en quechua de una mujer anciana que es capaz de decir “perro”, “pene”, “violación”, y como toque final le de la gana de morir gritando su resentimiento a una guerrilla. Es así como La Teta Asustada de Claudia Llosa presenta la tesis de su reflexión, desde el cuerpo de dos mujeres, una madre y otra hija, una violada y muerta, y la otra con una vida a medias, sin ajayu.

El tema central de esta historia es la enfermedad de una mujer que se alimentó de la leche de una mujer violada. Ante tal trauma, decide marginarse llevando una papa entre las piernas como símbolo de una permanente protección, que al mismo tiempo conlleva una putrefacción interna.

Esta simbología expresa una realidad y la oculta, la denuncia y la maneja desde las laderas, la pobreza y el mundo popular de sus propios rituales. Se convierte, por tanto, en más que un ejercicio de la memoria. Sin embargo, llama la atención el pánico individual de un trauma que fue colectivo, y es ahí donde la película deja de lado el aspecto social y se enfoca en lo intimista, psicológico, femenino y simbólico. Aun así me quedó la sensación de que Fausta, la mujer que sufre de la enfermedad de la teta asustada, representa parte de la sociedad traumada que dejó Sendero Luminoso y que todavía tiene miedo a rescatarse o salvarse a sí misma del dolor y del pasado.

La narrativa de Llosa nos muestra varios mundos que incluso puede confundir destinatarios. El quechua, la poesía y la dulzura de las frases que suelta Fausta muestran un lado de la historia que a muchos amantes de lo onírico llamaría la atención; la cultura popular peruana -a través de la creatividad chola, su estética, sus rituales y sus fiestas- nos muestra otro mundo que incluso llega a ser superficial, a pesar de representar una realidad cultural.

Los arquetipos y elementos culturales son riquísimos. La cumbia chicha de los créditos nos muestra la historia desde afuera, el canto en quechua de una mujer sola nos muestra la historia desde adentro. La cultura de la muerte es femenina: de pronto, es una muerte que canta, que protege, que se muestra en ataúdes de color y que al final de cuentas es amorosa porque no habla de venganza sino de protección a pesar de los daños posteriores que puede causar, el miedo.

La Teta asustada, a pesar del miedo y del conflicto interno, nos señala también diferentes aspectos de la creatividad. Primero, el canto de Fausta y sus maneras de comunicación en quechua con su madre; segundo, las organizaciones de las bodas de la cultura popular que se muestran constantemente como el símbolo de la promesa y la continuidad de la cultura; y por último, la pianista y jefa de Fausta que se roba melodías de su empleada ante una creatividad caduca y rota como su piano.

La construcción del miedo en esta película es totalmente interna: el desmayarse como un leit motiv nos muestra a una mujer siempre sola, que no es asistida realmente hasta el final donde ella misma pide auxilio. Fausta es la bandera de una sociedad, pero es un personaje anormal, tímido, incluso loco: ¿a quién se le ocurre meterse una papa entre las piernas? Sólo a un personaje fantástico, que incluso huye de los perros que son lo únicos que se dan cuenta de su realidad.

Cabe destacar, así también, cómo Llosa nos muestra una sociedad a la que no le interesa el trauma, la enfermedad, o el aislamiento de Fausta. Es la historia de una mujer sola, que ni se permite enamorarse ante sus fantasmas y horrores internos. ¿Será esa la realidad peruana ante su pasado? ¿Será que así son las culturas con sus traumas históricos? ¿Y es por eso que Llosa recurre a un personaje solitario, para poder expresar una rabia social que incumbe a todo un país que de alguna manera fue violado? ¿cuántas mujeres que han sufrido de la teta asustada habrán visto esa película? ¿y cuál sería la solución concreta de esta cineasta ante un trauma que ella misma expone?

Leí por ahí que Claudia Llosa era una cineasta racista y mal entendida de la realidad peruana, al vivir fuera de su país y juntarse con artistas y productoras europeas. Sin embargo, siento que la belleza es un medio para esta película: la música, la fotografía, la lentitud de algunas escenas, incluso lo exótico por lo cholo llega a tener su atractivo. Las mujeres propietarias de su lenguaje y su enfermedad logran salvarse, la cineasta logra salvar a su personaje principal. Y quizás ahí podría radicar el debate de esta película, ¿Será Llosa muy maternalista ante la enfermedad de Fausta? ¿O su postura se limita en mostrar una realidad que sólo denuncia en medio del desierto y la promesa de una tierra para enterrar por fin a su madre? ¿Cómo entender la solución simbólica y poética que propone?

A pesar de las preguntas, la experiencia de una víctima influye en la resignificación del sentido de su cuerpo y eso es lo más rescatable: que una teta asustada se pueda manifestar, en quechua, en español, en imágenes, en forma de una papa, en forma de una momia viajera. En fin, en forma de una flor sencilla que también tiene derecho a gritar.

Claudia Daza Duran

Originalmente publicado en la revista digital  Cinemas Cine

Para ver a Subiela hay que saber volar, sino perdemos el tiempo con él

Las peliculitas de Eliseo Subiela tienen ese qué sé sho, viste. Salís de tu casa, vas al cine o te comprás un dvd, comienzan los créditos, una musiquita rara, saxo… cuando de repente, en una cama, está Darío Grandinetti personificando a Oliverio, mezcla rara de astronauta y poeta sudamericano, estrechando la mano a cualquier mujer que pueda volar con él. Una se ríe, pero sólo él puede mirarnos, y saber exactamente cómo seducir, cómo acercarse y decir: Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos. Si una no sabe de quién es la frase, está perdida, o en todo caso se salva cuando se entera y aprende que es un poema de Mario Benedetti. Esa fue la táctica y estrategia de Eliseo Subiela en la película El lado oscuro del corazón: aliarse con poetas, un buen actor y escribir una historia fantástica que induce al vuelo o al hueco de una cama. Todo eso dependiendo de la muerte imaginaria que llevemos dentro.

Es así, que medio bailando y medio volando conocí a Eliseo Subiela a través de las aventuras de un poeta porteño que busca en una cama totalmente surrealista a la mujer que vuela. El cineasta se considera un militante de la ilusión, la mayoría de sus películas apuntan a todas las facetas del amor, y donde evidentemente sobresale lo ridículo, lo fantástico y lo piantado. Es por eso que muchos de los que han visto a Subiela lo aman o lo odian, les parece un genio o un superficial. Las mismas opiniones he escuchado en cuanto a la poesía de Benedetti. “Táctica y Estrategia”, “No te salves”, “Rostro de vos”, que figuran en la película, no son poemas tan valorados dentro del mundo literario, más es la gente del pueblo, la colegiala, la universitaria, el que está camote quienes llevan en el corazón el sentimiento de esa “soledad tan concurrida” que vive Oliverio durante toda la película. No es que desmerezca el trabajo del gran poeta uruguayo, sin embargo éste es más apreciado en su aspecto narrativo.

El cineasta argentino señala en sus textos o entrevistas que su oficio principal es entretener en la oscuridad y que el cine es el único sueño que se tiene con los ojos abiertos. Con El lado oscuro del corazón, Subiela entretiene desde nuestras tinieblas y fantasmas, cuestiona el erotismo y lo muestra atorrante, nos muestra cualquier cantidad de símbolos que los mismos psicoanalistas obsesivos no se cansarían de explicar, se alía con los efectos especiales, con las palabras pensadas, incluso invita a Mario Benedetti a participar de la película diciendo uno de sus poemas en alemán, escena donde sólo fanáticos del viejito amado lo podríamos identificar. Es una diarrea de sentimientos, símbolos, conceptos, una lista intelectual de cosas que no conforman a los artistas en cuanto a su convivencia con el amor y el sexo.

Al proponer la oscuridad, también plantea un lado claro que interpela a una muerte subdesarrollada interpretada magistralmente por Nacha Guevara. La presencia de este personaje que representa la desolación, los conflictos existenciales, la poca luz, la inteligencia que sabotea la felicidad, es como el lado no poético de la película. El heroísmo en esta historia se centra en el amor y la poesía, la antiheroína es la muerte, es esa que vomita mirando un beso y que no soporta un bolero. Es la otra, la fiel, y que no soporta una amante en la cama de su eterno perseguido. Sin embargo, también es esa que tiene el glamour para criticarlo y tener la decencia de aceptar que no puede tocarlo ya que este hombre sigue diciendo algunas palabras, a pesar de hablar como un “camionero”.

Y sí, esta película es un bolero cantado por María Marta Serra Lima, que une al poeta con la puta, con esa que sí conoce a Benedetti, con esa que vive sola, que tiene una hija, que también se ilusiona y hace el amor como nadie al amanecer. La construcción de Ana, la que vuela, es un ideal, no se si sólo para hombres, pero es como la perfección en mujer. La mujer de cuento que con una frase mejor a la tuya (la del hombre) te desploma con un knockout y es la que resuelve todo con el abandono, a pesar del amor. Es como la Maga de Cortázar, imposible de encontrarla, amada por su imposibilidad de existencia en las ciudades desoladas.

Con El lado oscuro del corazón puedes pasar tranquilamente de una ciudad a otra, comenzar en un burdel de Montevideo y terminar en el cielo de Buenos Aires, puedes tocar el sexo de un poeta, pasearlo como un obelisco por las calles, traspasar una vagina como puerta, y después, abrazar su corazón directamente. Puedes ser liberal y puro, ser una ciega que sabe de qué color es el calzoncillo de su amante, puedes ser la madre vaca del poeta, puedes ser el poeta y puedes ser la prostituta. Es en el territorio de esas fronteras donde se sitúa Subiela, con esas verdades y mentiras maravillosas que nos han sabido contar desde siempre los argentinos, mostrando un imaginario del amor y el sexo, a través de sus poetas Oliverio Girondo, Mario Benedetti que no es argentino, pero es igual. Es como si el cineasta hubiera juntado todos los movimientos que se tiene bailando tango, te seduce, te enternece, no le importa si tienes la nariz chueca o las tetas chicas, te hace renegar, te satura, te hace llorar y llora, te besa, te hace el amor, vuela, te deja, se va.

Algunas de sus otras películas también tienen esa carga emocional, cursi y melancólica gaucha de los sentimientos. Si una se acostumbra a las diarreas afectivas e ilusiones supersport de este cineasta, es capaz de volar con él y a su estilo. A Subiela le encanta separar los pies del piso, le gusta lanzarse y quizás hasta empaparse de lo más infantil, cosa que disgusta a los que odian comer tanto chocolate. Claro está que a muchos que enarbolan a Ana, la que vuela como la mujer perfecta, no les gustó para nada la reaparición de Oliverio en El lado oscuro del corazón 2. Y les doy la razón, porque ahí la claridad triunfa, el amor salva, existe la posibilidad de otra que vuela diferente, se detectan las recetas cinematográficas, y Oliverio está calvo y Ana está vieja, y los dos deciden lanzarse de la cama optando por el manicomio como un lugar de encuentro para el futuro.

Mientras tanto, ésta, la primera, no se queda inmóvil al borde del camino, no quiere con desgana, no se salva, entonces ésta, sí, El lado oscuro del corazón, la que no se salva sí se queda conmigo y con todos aquellos que al escuchar la música y el saxo de Osvaldo Montes nos acordamos que alguna vez en nuestras vidas vimos a un Oliverio en la calle o a una Ana en nuestras camas, o viceversa.

Claudia Daza Durán

Originalmente publicado en la revista digital  Cinemas Cine


EL SEXTO SENTIDO DE LAS ÉPOCAS HECHO SÉPTIMO ARTE

“El cine propone continuamente el mito del héroe”

Luis Espinal

Se recomienda la obra “El señor de los anillos” como literatura apta para adolescentes. Este libro, traducido a más de 25 idiomas, vendió más de 50 millones de ejemplares en el mundo, además de haber sido tomado en cuenta por la maquinaria cinematográfica y por el sueño de un director de tierras legendarias como Nueva Zelanda.

Cual coincidencia con la desaparición de las dos torres de Nueva York en el siglo XXI, el mundo cinematográfico acoge de manera fantástica la aparición de otras “dos torres” que fueron construidas en la imaginación de un escritor, historiador y filólogo a mediados del siglo XX. Dos épocas históricas que trascienden con la descripción de valores éticos, son encontradas en la historia de hobbits, hombres, elfos, enanos, magos y seres del bajo mundo, descritas de manera tradicional, literaria y cinematográfica.

El encuentro de varias épocas alrededor de los valores humanos, como las tradiciones celtas y toda su simbología, los años de la primera y segunda guerra mundial que vivió Tolkien, y la época actual de Peter Jackson, que no es una taza de chocolate, trae una serie de reflexiones en torno a los lenguajes que cada uno utilizó para expresar su revelación.

Por tanto, en esta apreciación de narrativa ancestral céltica, la literatura fantástica y el cine de nuestras épocas, se identifican tres temas que definen radicalmente la historia del ser humano: la luz, el poder y la oscuridad.

Los valores humanos expresados desde lo simbólico, esotérico, artístico, tecnológico, ecológico y mágico revelan una vez más que las historias y películas épicas, desde cualquier punto de vista, época y cultura, crean en el hombre los más altos sentimientos.

Es como si en determinados minutos de la vida, los celtas, Tolkien y Jackson se hubieran puesto de acuerdo para bombardearnos con mensajes de liberación, el debate del poder, los enigmas, el sacrificio por los ideales, el amor y la bondad, la rivalidad de lo superior con lo inferior, la ambición y el enfrentamiento. La fórmula fantástica se repite, los héroes tienen los mismos retos, el antagonista es el ojo de la oscuridad, la misión es épica, la guerra es apoteósica, y el final suspendido hasta una tercera parte, es esperanzador.

Las Dos Torres es una película que narra la historia de la vida, del amor y de la muerte desde la alta fantasía, una fantasía que sólo en estas épocas podía ser traducida al lenguaje tecnológico y narrativo que maneja el mundo audiovisual.

Al ser una obra literaria de culto, la trilogía de Jackson, convierte a El Señor de los Anillos, en un producto de consumo masivo, que para bien de la estética profunda de una obra literaria, ha aumentado quizás los índices de nuevos lectores de la obra de Tolkien. Los mensajes principales se mantienen para cualquier tipo de humanidad ya sea lectora, cinéfila, consumista de videos o de pipocas. Lo cierto es que en primera fila de una sala cinematográfica, la visualización de un mundo tan parecido al nuestro se convierte en aterrador. Cuando descubrimos a través de la actuación, la caracterización de personajes, la narrativa, incluso la música nos enfrentamos mentalmente a un Saurón interno, a un elfo etéreo, a un enano luchador, a un mago iniciado, a un hombre guerrero, a un hobbit hermano y si observamos mejor en la calle, incluso a un Ent.

Cada escena o secuencia de la película recapitula constantemente el peligro del manejo del poder en el ser humano, el poder y el manejo de la magia, de sabios responsables o ambiciosos, el poder implacable del mal; pero así también el poder implacable de la naturaleza, la ley de causalidad para los magos: el orden. La combinación del humor y el drama en la adaptación, quizás ha pretendido darle su carácter comercial a la obra; un poco gringa diríamos; sin embargo tampoco le resta la majestuosidad que necesita para lograr impactos en el público fanático y no fanático de las tierras medias de Tolkien.

Podría decirse que se trata de una película donde las guerras son superiores, el enfrentamiento del ser humano con la maquinaria del bajo mundo, millares de seres dominados por el poder del mal, la lluvia, el fierro, lo podrido, la pesadez de las armas y el grito de las bestias. Así deben ser las guerras internas en el ser humano, así deben ser las verdaderas guerras, muy diferentes al espectáculo mediático de guerra que tuvimos hace unos meses.  Sin embargo, me entristece pensar que una guerra de elfos, hombres, enanos y uruk hais en celuloide nos conmueva tanto o más que una guerra donde no existe la estética del horror, simplemente un botón y la destrucción del ser humano.

Sin embargo, al ver El Señor de los Anillos, me pongo a pensar que no son casuales las apariciones de dichos mensajes tanto literarios como cinematográficos en estas épocas determinadas. Si bien Tolkien ha experimentado físicamente y mentalmente la guerra, y ha creado un mundo donde permanentemente muestra la esencia del verdadero guerrero; pues Parker ha tenido que hacer tangible a flor de piel y celuloide el sentido de las emociones en una guerra, en una lucha constante. ¿Será que estamos volviendo a pasar por el instante del holocausto? ¿Será circular nuestra historia, así como un anillo? Porque los mensajes en una determinada época no son en vano, y no causan impacto sólo por una movida comercial. Alguien decía apocalípticamente, después de la película: “Ahora la guerra ya no es entre los seres humanos, nos hemos debilitado tanto, que necesitamos la ayuda de seres superiores como ángeles para ganar esta batalla, porque el mal realmente es una maquinaria”.

Ante esas palabras recordé a un hombre, cierto mago blanco de la ciencia, quien decía: No sé cómo va a ser la tercera guerra mundial, pero estoy seguro que la cuarta será con palos y piedras. Supongo que en ese instante habría escuchado noticias de la bomba atómica, supongo que en ese instante se habría arrepentido de descubrir la magia oculta en los átomos. Supongo que en ese instante Tolkien corría desesperado a escribir sobre su mundo y Jackson aún no había conocido el planeta tierra.