Category: Prensa escrita


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“Los mineros están que ya no pueden de zapatear una cueca proletaria”

Oscar García

 

A eso de las doce de la noche, el Dj de la Gota de Agua se mandó una cueca diciendo: “Y esto va por nuestro Jechu, por nuestro Jesús Durán”. Corrí para pedirle la otra cueca preciada y la puso después diciendo: “Y aquí sigue nuestro homenaje para el Jechu con esa letra sacada del libro de don Jaime”. Y así fue cómo comencé a llorar su muerte, bailando cueca, agitando mi pañuelo de klinex, zapateando sobre la cerveza, cambiando la letra y cantando: si te encuentras con el Jechu…

Cuando la ciudad de la furia cayó en su triste velorio, aquí en La Paz ya habíamos llorado a nuestro propio muerto unos días antes. Se trataba del Jesús Durán, uno de los compositores de música popular más importantes de los años 80 y quien seguramente desde ahora es uno de nuestros principales guardianes en la cordillera. -Dicen que fue infarto- susurran en los velorios. Tuvo dos velorios el Jesús, el típico de la funeraria y el homenaje que se organizó ese lunes en el Ministerio de Culturas. Llenito estaba, el segundo velorio, lleno de flores, claveles rojos, muchos amigos. Allí ya en el escenario se sentó, abrazando su guitarra el Gabo Guzmán. Obvio, cómo no iban a estar los Sobrevigencia en ese homenaje. Y así…el David Gamón comenzó a cantar “No me olvides”…esa canción dulce que Jesús Durán había compuesto hace muchos años, cuando aún tenía voz.

Ahí estaban el Ariel, el Edgar, el Dani, el Sergio, la Vero, el Quique, amigos con los que siempre hemos cantado sus canciones en las guitarreadas. Cómo no ir. Habíamos asistido para despedirnos, esta vez, para cantar delante de su cuerpo. A sacar fotos, a registrar el momento, a recordar a nuestro muerto. Y los demás a escuchar la voz desgarrada de los chicos que cantaron. Ahí, el pasado se volvió presente porque de pronto invitaron a los músicos y compañeros del taller Arawi. ¡Ahí está! Nos llevaron a esa nostalgia que no podemos tener porque nosotros éramos muy chitis cuando ellos ya estaban cantando “Explicación de mi país”. Y comenzaron a cantar los amigos, esos cincuentones que alguna vez al agarrar una guitarra, tocan canciones que nos narran un continente fuerte. El dolor era evidente, cuando tocaba tocar las palmas, eran palmas de alegría pero también de resignación y orgullo. Segundo grupo, Los Igualitarios, conocidos como la segunda generación del Taller Arawi. Y cantaron los temas más representativos del “Explicación de mi país”. Cantamos con ellos “Dejumbate”, “Siglo XX”, “Jallalla”. Fue el último grupo con el que el Jesús produjo su segunda versión de “Explicación de mi país” a cargo del Fredy Mendizabal. Todos, muy sencillos y muy agradecidos con el artista, todos jóvenes, una generación diferente, una generación que aun debe seguir descubriendo secretos en su música. De pronto, una chica hermosa se paró y empezó a invitar un poquito de singani. –Es su hija­- dicen. Tiene la misma sonrisa, qué chica más simple y más tranquila. –Un poquito de coca sería bueno ¿no?- dicen otro rato.

Imposible escapar a los comentarios de velorio; pero a la vez sorprendente la paz de la hija quien no estaba de negro, sino de rojo. -Vámonos ¿no?- dijimos cuando todo parecía que llegaba el final. Ya nos estábamos yendo, cuando nos dicen del otro lado –La Jenny ha llegado-. Uhhhh no, nos quedamos. Y así, la Jenny Cárdenas agarró la guitarra y con una sonrisa nos cantó “Oscar Alfaro” y siguió y cantó y se desgarró la voz con “Jallalla” y nos desgarró el alma porque compartió historias de amigos, era como si la hermana mayor de la familia nos contara qué se cantaba esas veces, dónde se reunían, hasta qué hora bebían, cómo se retaban y componían esa cueca que aparece en Felipe Delgado. -Nunca le escuché la voz- le dije a un cuate. –Yo tampoco- me dice él. Claro, Jesús había perdido la voz hace quince años después de una embolia. Y sólo había dejado canciones, y así como dijo la Jenny, había tenido la valentía de seguir y estar a nuestro lado hasta ahora, con su libreta y sus palabras y sus dibujos para poder entendernos con él. Cortaron la luz del escenario, empezaron a guardar los micrófonos y los cables; pero todos se acercaron más al cuerpo de Jesús a pedido de su hija. Y se armó una guitarreada más íntima, ahí, entre los dos Talleres Arawi, la Jenny, los amigos de la trova, y bailaron una cueca y sonrieron, y lloraron y recordaron las canciones que a él le gustaba. Era como estar en los ochenta, era como si estuviésemos encerrados esperando el amanecer. Generalmente podemos comentar espectáculos y conciertos. Hoy nos tocó describir un velorio, pero así hay que despedir a un artista, cantando y bailando, cantando sus canciones, recordando esas conversaciones importantes, haciendo promesas para seguir con el sendero. Total, el Jesús ya es nuestro renacido. Sus cenizas yacen, sí, en las montañas y su voz sigue en nuestros casettitos, en nuestros cds y nuestras memorias. Jallalla por lo que nos explicó y por aquellos que sí lo entendieron.

Claudia Daza De niña y adolescente, charanguista

Publicado en El Desacuerdo

 

 

Foto y video: Edgar Rodríguez

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A ratos da la impresión de que está preparando al mundo para su muerte. Y se lo dije. Y es que el Vadik Barrón volvió de Alemania con proyectos claros, los ejecutó en unos cuantos meses y se volvió a ir. No procastinó para nada. Procastinar, un verbo utilizado por los psicólogos haciendo referencia a las postergaciones. Evidentemente, el gran viaje a Europa, Berlín y otras ciudades lo han alimentado de voluntad y de madurez artística. Resultado: un disco y dos libros. El disco “Efectos personales” y los libros “Los espejos sonoros” y “Minoría absoluta” fueron presentados el mismo mes.
Mejor aún, este año también se ganó un “Eduardo Abaroa” en la categoría rock, y hoy acaban de anunciar que ganó el Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal”. No cabe duda que es su año. Ante su ausencia, queda entonces, desmenuzarlo, escucharlo con auriculares, buscar su blog, analizarlo y encontrar aciertos musicales y poéticos.
Benjamín Chávez, el poeta, me comentó recientemente que no hay orureño que no ame a Spinetta. –Vaya afirmación– me dije. Y es que el Vadik (orureño de infancia y adolescencia) tiene ese estilo, y está tan arraigado que podríamos decir que Luis Alberto es su gran maestro espiritual y poético. Y cual discípulo, hasta le ha compuesto una canción llamada “San Luis” al momento de su muerte. Empecemos por ahí entonces, el Vadik tiene la carga poética que muchos compositores no tienen, llegando a ser un artista completo porque cita, trabaja muy bien la intertextualidad y arma imágenes que logra llevar a nuestra generación directito a la nostalgia y al reflejo.
Digo “reflejo” porque si ahora estiramos el cuello y miramos a Berlín, el Vadik inmediatamente se hará cargo de sacar un espejo para reflejarnos Oruro, La Paz, Yungas, Sorata o Sucre. Y nos hará ver Bolivia desde donde está, volviendo al mundo un lugar pequeño donde se puede cantar una canción. Ese es el gesto que sorprende, porque el trabajo de Barrón no deja de nombrar raíces armando una tensión de ida y vuelta, y en avión, entre sus hogares. Veamos un poco esos gestos en sus canciones:

En La Paz escribió: “tú en Berlín, yo en La Paz/la espera no tiene final” (en la canción “Berlín”)
En Madrid escribió: “Somos Juan Cutipa, Martín Fierro y Cimarrón” (en la canción “Para volver a casa”)
En Berlín evocó a Baires al cantar al flaco Spinetta, también cita el Hospital Psiquiátrico Pacheco (a modo de hotel) y a Yungas. Y es justamente en la canción “Yungas” donde hace un guiño a Pink Floyd y sus chanchos en el cielo.
Pero también evoca desde la ciudad de El Alto a la Linares y a la Eloy. (Un espejo más cercano diríamos)

Y no basta con evocar porque desde su estancia en Berlín, se puso en contacto con músicos capísimos aquí en la ciudad de La Paz. Por eso, cuando llegó a Bolivia, entraron directo a estudios y conciertos porque ya la tenían clara.
En cuanto a su poesía, Oscar García escribe que “los espejos sonoros se pasean entre la figura visual y el roce aural sin ningún otro sistema que la fluidez amable y el ácido encuentro con sus demonios y sus tufos, que son como los elfos pero de Oruro”. Otra vez un encuentro, de reflejo y paralelismo. Y es así, con headphones en los oídos, Barrón nos presenta espejos de Chagall, Borges, Artaud, Storni, Pizarnik, Palahniuk, Freud y muchos más para lanzarnos y regresarnos a nuestro país profundo, ese país jazzero donde vivimos improvisando, donde “se puede ponderar ese fabuloso manicomio que es la poesía boliviana”. Así escribe el Vadik, diciendo que la Pachamama es una matrioska viuda, haciendo lo que se puede con frases de Mick Jagger, con haikus como bonus tracks, sintiendo nostalgia de la Virgen del Socavón…Y sí, al Vadik le encanta guiñar porque lo hace también en su primer libro de prosa, donde nos da “instrucciones” para comer salteñas tal como lo haría un cronopio de Cortázar, donde se lanza con un horóscopo para sus lectores augurando ataques al corazón, aconsejando que no seamos pelotudos y advirtiendo que los días actuales ya no son lo mismo sin Breaking Bad.

Es una gran alegría que un rockero sea premio nacional, los tiempos cambian, ahora un poeta carga con su guitarra eléctrica y viaja mucho por todo lado, y es el amigo de muchos quienes realmente amamos sus propuestas y lo leemos y lo escuchamos…evidentemente,  para no sentirnos solos.

 

 

Texto que iba a ser publicado en El Descuerdo, pero por tardona no pude entregar 😦

Claudia Daza (la tardona)

 

 

paty

Esta muerte ya estaba anunciada. El golpe me tocó hace unos días. Entré al Escaparate Cultural,

de fondo, canciones de Nilo Soruco; pero no había muchos libros en los stands, estaban haciendo

inventario para cerrar y finalizar su actividad en abril. Me salí avergonzada y triste. En la tarde

volví, con platita para comprar alguna joya y no quedarme con las ganas de llevarme algunos libros

más.

Una de mis librerías favoritas se cierra. ¿Se cierra por falta de respuesta? ¿Se cierra por falta de

políticas culturales? La cosa es que se cierra…y punto.

Queda entonces subrayar esas escenas tan lindas que quedan entre caseros. Y como se tratara de

marcar un libro, marco de la siguiente manera:

Prólogo de la conquista: Ya no recuerdo cómo llegó a mis manos un catálogo impreso, donde

había una lista de libros. Al revisar, una se quedaba chocha porque había títulos muy buenos

para comprar y lo más lindo: una podía llamar por teléfono y llevaban el libro a tu domicilio.

¡Qué más podíamos pedir! Llegaron a ocho publicaciones de estos catálogos, con 2500 títulos

de producción nacional. Había de todo, narrativa, poesía, ensayos, también había música. Poco

después apostaron por la venta virtual, con un sitio web.

Páginas de la emancipación: Ya no recuerdo cuál fue el primer libro que compré del Escaparate,

pero sí recuerdo que me alegré mucho cuando abrieron la tienda en la zona sur, después de

haber participado en muchas ferias del libro en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Buenos Aires y

Guadalajara. En alguna feria es muy posible que los haya conocido y seguramente los entrevisté

para hablar sobre este proyecto cultural. No dejaron de crecer y lograron abrir también en la 6 de

agosto. O sea que no había justificación para no comprar, estaban al paso.

Páginas de la comprensión: Ya no recuerdo el año de esa feria del libro en La Paz; pero sí recuerdo

que en algún espacio discreto estaba el Escaparate y con títulos de lujo, surtidito, con todas las

editoriales posibles, ofertando libros independientes y libros de editoriales reconocidas. Es allí

donde encontré el libro “Cerco de Penumbras” de Oscar Cerruto, primera edición, de esos cuyas

hojas son de papel sábana y que huelen a guardado. Me dio mi ataque porque era de colección,

pero ya no me alcanzaba el dinero para llevármelo. Es así que Patricia Calderón, una de las

gestoras de este proyecto me dijo: ¡llevátelo! Paga lo que puedas y el resto nos terminas de pagar

en la librería la siguiente semana. Es ahí donde me di cuenta que este proyecto iba en serio, que

su objetivo de atención personalizada era en serio, y que se trataba de fomentar la lectura y que

era posible crear lazos entre caseras de libros.

Páginas de las recomendaciones: Ya no recuerdo cuántas veces me habré quedado conversando

con el Juan Manuel Finot, otro de los responsables de este proyecto. Y me quedaba a charlar

porque él sí sabía vender los libros, te hacía antojar novedades, te sugería autores, tenía 6000

títulos para recomendar, buscaba hasta encontrar lo que le pedías, y si no encontraba te decía

dónde podías buscar. No hay que olvidar que el Juan Manuel viajaba a otros países para traer

nuevos títulos, porque también se animaron a traer libros de afuera, incluso en idioma francés. O

sea llegaron a ofertar de todo, nacional e internacional, allí encontré libros baratos de la Clarice

Lispector, allí el Juan Manuel me hizo toda una reflexión sobre la importancia de leer a Baricco,

Palahniuk, Murakami y muchos más. Si le pedía alguna poeta boliviana como Vilma Tapia, la

encontraba y recomendaba otra más. Y así eran todos los que trabajaron en el Escaparate. ¡Qué

más podíamos pedir!

Epílogo forzado: Yo sé que recordaré siempre y con nostalgia a este espacio cultural. Ahora están

devolviendo los libros a sus autores y editoriales. Están conciliando cifras y pagando las últimas

cuentas. Pero también están liquidando hasta el 12 de abril algunos títulos y los descuentos van

del 10 al 30%.

No queda más que agradecer a este proyecto privado que tuvo la convicción y la apuesta de

hacer un aporte cultural a este país durante más de diez años. No supimos responder, no supimos

sostenerlo, no pudimos apropiarlo. No sé qué pudo haber pasado. Lo cierto, y de eso estoy segura,

es que muchos son los que tienen un historial con esta librería, porque un libro no es cualquier

cosa. Gracias Escaparate, triste ver lugares así cerrándose y que no hagamos huelga, ni bloqueos

ni nada. Gracias por haberle dado un giro a mi vida con cada libro que me han vendido, cada vez

que los lea recordaré con nostalgia diciendo: Había una vez en la calles paceñas, una librería, un

espacio de lujo y se llamaba Escaparate Cultural.

 

Claudia Daza

Periodista con saudade

 

Tu estrella y tu temblor.
Eso nada más quiero.

M.C.

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Entonces, de eso se trataba el dolor, denso y sutil. Mientras continuaban con otra canción sólo aplaudíamos y susurrábamos con tono a reclamo desgarrado: ¡qué les pasa!
No sabía si gritar, llorar o sacar foto; en todo caso el grito era evidente al final de cada tema. Un grito porque la canción era hermosa, otro porque los arreglos eran tan endemoniados como la canción, y otro grito más porque sencillamente todos habíamos ido a matildear.
El evento “Entre cuerdas, un concierto en homenaje a Matilde Casazola y Jesús Durán*” me llegó por red social, me alegré mucho porque era el Oscar García quien junto a otros músicos hacían el honor. Cómo no ir a semejante concierto. Compartir el evento era una obligación, comentarlo en almuerzos, buscar pasacalles con su diseño, hacer una lista de canciones para ensayar, pensar en la chuquisaqueña. Eso era matildear; por eso, muchos masoquistas quizás nos dimos cita en el Teatro Municipal y en el Equinoccio y qué mejor compañía que la de Oscar García, Gabo Guzmán, Teresa Morales y David Portillo.

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Matilde Cazasola es, seguramente, una de las artistas que más llanto y alegría ha sacado a la gente sola. Muchos nos hemos sanado cantando un abandono, un regreso o un milagro escondido en la hierba. Su voz nos ha llevado a Sucre, a su patio, a las ciudades, a los monolitos de piedra, al color del mundo y quizás por eso músicos como Oscar García han decidido vestirla a su estilo. Después de los conciertos queda la curiosidad de saber más, de seguir conversando y saber qué piensa el Oscar de la Matilde. Para eso es mejor hablar frente a frente y qué mejor lugar que en su estudio de sonido. Allí, vestido de blanco, junto a su perrito Oto se da un tiempo para hablar sobre la maestra.
– ¿Por qué es tan importante la Matilde?
– Porque es una de las mujeres más creativas e importantes, no sólo en la literatura, sino también en la mesomúsica. Y todo eso tiene que ver con el contexto en el que se formó, su patio, su familia, la ciudad y el país entero.

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Después se acuerda de la poesía de la Matilde y destaca “Los cuerpos” uno de los poemarios que más le gustó. En ese texto Matilde nos habla sobre amar su cuerpo venciendo las distancias, nos muestra sus huesos, el misterio de los ojos y nos recuerda que éstos pueden ser vengativos al momento de ser ciencia y alerta (con razón) que “el mundo de los corazones es blindado”. Volvemos a la música.

– Ella hace un guiño a la música tradicional, urbanas de Sucre y Potosí, le da un aire nostálgico, boliviano, sudamericano. Y si tuviéramos la capacidad, como Estado, sociedad, colectivo… de mirarnos, la obra de Matilde está en los lugares más altos.
Así lo entendieron hacen años ya la Ema Junaro, el uruguayo Fernando Cabrera, el Luis Rico o la Jenny Cárdenas cuyos trabajos se centraron en muchas canciones de la Matilde. Así la conocieron muchos, tras estas voces que eligieron “El regreso”, “Tanto te amé” o “El fueguito”.
– ¿Y sus aires? ¿son su sello personal no ve? Ese es su aporte
– Las raíces de las músicas tradicionales tienen un montón de entradas, españolas, locales, otras que vienen de música quechua; pero se destaca la herencia española, los romanceros. Esa cultura apropiada, es decir tomar elementos ajenos y hacerlos propios, y ella tiene mucho de eso. Ha sabido leer de nuestras tradiciones y les ha dado un aire más elaborado, más poético en lo musical. Y sus canciones no son estrictamente cuecas, sino aires, porque no se rige a las formas cerradas, esa libertad estamos heredando de Matilde. Su aporte es haberse dado esa libertad dentro de las tradiciones, sin violentarlas, sin faltarles el respeto.
– ¿Y cómo has hecho vos Oscar para darte la libertad de trabajar con estas canciones?
– Con la misma actitud. Es decir, tener total libertad para caminar y bordear sus canciones, respetando sus estructuras, sus armonías; pero siempre como entrando y saliendo de la armonía y rítmica, no de su melodía. La magia de una hermosa canción es que, sin una vestidura, así desnuda sea una canción linda. El concepto de arreglar una canción sobra, por eso hablamos de vestirla y no disfrazarla. Es así que, con nosotros, lo que ha cambiado es la vestidura con esas dos guitarras que han conversado.

Y sí, dos generaciones han conversado en ese escenario, García y Guzmán, los dos melenudos y barbudos, dos músicos que se encontraron por pura magia urbana y seguramente afinados por el tiempo. El Gabo, siempre como un soldado y dispuesto a trabajar por la música boliviana y latinoamericana, apuntando a la delicadeza y la elegancia con su guitarra. Y el Oscar en esta oportunidad, dirigiendo, haciendo en carne propia esa comunión entre músicos y cantantes. Por otro lado, las voces, de David y de Teresa, engranados con la música con mucho cuidado, haciendo solos, dúos, siendo comunidad al momento de lanzar cada letra al escenario.
– Nos has dejado deslumbrados con la canción de la Golondrina
– La primera vez que escuché me pareció lindísima, son de esas canciones que emocionan, y mientras la escuchaba me sonaba una sonoridad como arpa, muchos armónicos, casi fuera de la tonalidad, probé. Afiné una guitarra de doce cuerdas, decidí los puntos armónicos y probamos y quedó muy linda, es la misma canción y la guitarra con la rítmica que le di le dio otro carácter que guiña y bordea a Violeta Parra o a los Beatles, pero quedó con fuerza.

                                                             Con esa “vestidura” en la canción de la golondrina afirmé que el Oscar había hecho un pacto, con el demonio o directamente con algo ahí arriba, porque nos transportó a un viaje sin retorno quizás, porque nos dejó con el corazón abierto, porque comprendió la soledad y el amor que plantean las canciones de Matilde no sólo en la letra, sino en esa melodía de la guitarra.

Después del concierto me fui a escuchar el últimoportillo disco de la Matilde, descubriendo lo descubierto por el Oscar, dándole mi propia vestidura, sintiendo la desnudez de las canciones, descubriendo que “las raíces de los árboles conocen las respuestas para todas las preguntas que te atormentan”. Queriéndole a la Matilde, como se quiere a una guardiana, a una maga, y deseando que siga regalándonos más canciones, más poemas, más luces y deseando también este tipo de conciertos, que sigan haciendo homenajes con propuestas, con demonios y ángeles invitados al escenario. Y que nos sigan persiguiendo sus canciones, en un teatro, en una entrevista, en un disco, en la radio o en aquellos cumpleaños donde aún se saca una guitarra y se canta “El fueguito” con ese dolor único que sólo conocemos aquellos que alguna vez hemos muerto de frio.

NOTAS: Ya habrá otro momento para duranear.

Claudia Daza Durán
Curiosa del arte ajeno

Publicado en EL DESACUERDO 2013

 

chesco

Es fácil. Si usted va al cine, a un partido de fútbol, a un concierto, si lee un libro, si analiza una noticia debería tener a su alcance siempre un Chesco de mierda. Si usted escribe un guión, un poema, un ensayo, debería contar siempre con un Chesco de mierda. Porque será el primero en estar en desacuerdo con sus ideas, con las ideas de los demás, del escritor, del goleador, del árbitro, del director, del guionista, de su rima y su punto aparte.

Quienes han tenido el honor de toparse con un Chesco de mierda siempre tendrán en cuenta la importancia de saborear el misterio de las noticias, de las historias y las personas en nuestra ciudad. El mejor Chesco de mierda se sabía las fechas importantes, era un geek de la cultura, se sabía cumpleaños, aniversarios, títulos de libros y películas, directores y años de filmación, hablaba con pertinencia sobre el futbol y una secuencia cinematográfica, y no cualquier secuencia. Era feminista y stronguista. Calixtino y periodista. Guionista, docente y crítico de cine. Era nuestro renegón, ¡era nuestro jodón!!!!!! ¿Cómo no recordarlo entonces, después de un año de su retirada, cuando este Chesco de mierda escogió a la parca y decidió hacer cine con ella?. ¡Qué se habrá creído, que lo vamos a olvidar así nomás?, para qué escribe pues, para qué tanto periodismo, blog, y mails hablando y hablando de las cosas que le apasionaron. Por eso te voy a citar querido Franchesco Díaz, para que no te olvidemos y te sigamos leyendo o te comencemos a leer en serio. Los textos siguientes son encontrados en su blog chescodemierda o En Bandeja Alta, son fragmentos de mails que mandaba a sus contactos todos los viernes, y algunos comentarios que se mandó en alguna conversación. Así era el Chesco, así era el periodista Franchesco Díaz Mariscal:

1. EL ÁCIDO CIUDADANO: “No voy a poner la empresa, por razones obvias. Me trae a casa y como últimamente estoy empapado de series y lecturas policiales, lanzo la pregunta como parte del coloquio: “¿Maestro, quién les limpia el auto cuando recogen a un pasajero ensangrentado?”.
La réplica, luego de echarme una mirada de reojo como para cotejar la razón de mi interrogante, es contundente: “No recogemos”. Por supuesto, lanzó el por qué de inmediato. “Es que es una macana, hermano”, explica el conductor, quien debe tener mi edad o un poco más –no pude adivinar el año en el tatuaje del cuartel en su brazo izquierdo…”

2. SI ERA PELI, HABÍA QUE IR PUES: “Estrenan una película de erotismo y suspenso sicológico realizada en Bolivia por una estadounidense. ¡EL ÚLTIMO HUAYÑO EN LA PAZ!!! TOCARÁ VERLA, REPITO”.

3. EL LECTOR Y RECOMENDADOR DE POETAS BOLIVIANOS PARA CADA VIERNES: “Vuelvo a enviarles algo de la obra de Juan Carlos Orihuela, nacido en La Paz en 1952 y de quien ya mandé antes algunos versos. Considerado un hombre importante de la poética boliviana”.

4. EL CRÍTICO DURO DE CINE: “Jorge Sanjinés retoma, después de muchos años, el papel de ser el Narrador mediante la voz en off en Insurgentes. Pero este regreso no es como volver a otear lo que se hizo en El coraje del pueblo, donde se expone lo que se va a ver, dando paso a la valerosa recreación de los mineros que vivieron las situaciones mostradas. Aquí, Sanjinés hace un salto retro erróneo y retoma la idea, muy en boga en los documentales de los años 40 a 70 del siglo anterior, de la “Voz omnisciente” (Voice of God, la voz de Dios para teóricos como Bill Nichols)”.

5. COMENTANDO SIEMPRE SOBRE ARTE Y CULTURA: “Bailarines piden que se apoye a las danzas contemporánea, moderna y aun clásica dentro de las políticas culturales del Estado. APOYEMOS TOTALMENTE ESTE PEDIDO. SI LAS ENTRADAS FOLKLÓRICAS, OTRA HERMOSA EXPRESIÓN DE DANZAS -PENOSAMENTE LIGADAS AL CONSUMO ALCOHÓLICO, PERO ES UN PROBLEMA DE DISTINTA ÍNDOLE-, TOMAN LAS CALLES CUANDO QUIEREN, ASIMISMO QUE LO HAGAN LAS DANZAS MODERNA Y CLÁSICA”.

6. EL COLEGA SOLDADO: “Ayudo a un grupo de periodistas extranjeros (peruanos, creo) a hacer imágenes desde una de las ventanas del palacio y me encanta cuando un grupo de jóvenes veinteañeros, algunos de ellos conocidos porque hacen fanzines y tienen ideas anarquistas, les levantan el dedo medio a los figurones que optan por hacer mutis y refugiarse en los pasillos internos”.

7. EL QUE IBA MÁS ALLÁ DEL EVENTO CULTURAL PORQUE CONOCÍA BIEN A LA GENTE: “Déjenme comenzar por el final. No voy a contarles cómo acaba la película, sino por el crédito dedicatorio cuando la pantalla se va a negro: “Al Rulo”. Listo. Se me hizo un nudo en la huata y tragué saliva dos o tres veces. Lo mismo les debió pasar a todos quienes lo conocimos. Por eso, esta reseña también va para el hermano de Marcos, Raúl Loayza Montoya, fallecido el año pasado”.

8. EL CALIXTINO OCHENTERO QUE SEGUÍA SIENDO UN NIÑO: “¡Ya has visto la peli de 31 minutos!!!!!!!!!!!??”

9. SÍ, EL STRONGUISTA DE PELÍCULA: “Se me salen las lágrimas mientras empiezan a sonar los petardos en la hoyada. El plantel va a festejar con los hinchas que han poblado la General. Luego hacen una ronda gritando “¡Dale Campeón, dale Campeón!!!”. Estamos en la Libertadores 2012, junto con los de Tembladerani. El Choco, jugador e hincha, no cabe en sí de contento, porque es su primer título. TIGRE TIGRE TE AMO TE AMO!!!!!!! ME OYES TE AMO!!!!!!!!”. ¡Esto es una fiesta y yo me voy a El Prado!!! Y en Sucre, salgan todos del Pacheco a gritar ¡Tigre!!!! ¡GRACIAS, MI TIGRE CAMPEÓN!!! ¡ESTE ES EL MEJOR REGALO DEL AÑO!!!

10. EL AMIGO QUE IBA AL GRANO: “Está dando Saura en la Cinemateca. ¿Vamos?”

11. EL DOCENTE DE CINE: “Pero cerremos con “El Ascensor”. Al día siguiente de verla, desde casa mandé un correo a todos mis alumnos diciéndoles de manera contundente y escueta: «Fui a verla ayer y es una buena película, así que… ESTÁN VOLUNTARIAMENTE OBLIGADOS A VER EL ASCENSOR». La misma sugerencia va para todas y todos ustedes ;)”

12. EL AMIGO QUE AL DESPEDIRSE SIEMPRE LO HACÍA COMO UN BUEN AMIGO: “Que todas y todos estén muy bien. Abrazos y besos, según corresponda. Será hasta el próximo viernes. Abur, Franchesco Díaz Mariscal”.

La acidez desapareció de sopetón hace un año. Era febrero y Marcos Loayza le mandaba buenos ánimos en el FB. Le llamé. ¿Cómo estás? Bien nomás. ¿Qué tienes?. Pre infarto. Mañana te visito. Ya. Chau. Chau.

Al día siguiente ya no estaba. Qué difícil debe ser estar en un partido stronguista sin él, qué difícil es sentir ese vacío en la crítica de cine de La Paz. Qué difícil entender que periodistas como él, así tan culturales, tan comprometido con la coyuntura, con la poesía ya no esté.

No le gustaba escribir homenajes póstumos y es más probable que ahora esté en desacuerdo por estas palabras. Quizás ya muchos lo han olvidado, por lo menos estos días leeremos sus blogs y ojalá alguien lo coleccione, lo reescriba y ordene ese tan bonito testimonio que nos dejó con tres nombres: PERIODISMO, CINE, THE STRONGEST.

La Bruja.

“El OTRO es un perfecto ignorante, pero de ningún modo estúpido”
Jesús Urzagasti

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Mis ojos y mis oídos se han estado impregnando del Chaco boliviano. De pronto, algunos de nuestros beneméritos aparecen en la televisión, haciéndonos recuerdo que gracias a su lucha tenemos gas, por otro lado un grupo de jóvenes intelectuales reeditan y rescatan la novela Chaco de Luis Toro, más allá se hacen homenajes póstumos al escritor Jesús Urzagasti, el chaqueño que se nos murió este año. Y para variar, Juan Carlos Valdivia nos presenta su película Yvy Maraey una exploración al mundo guaraní en territorio chaqueño. ¿Qué tiene el Chaco, ese espacio árido y maravilloso que, de cuando en cuando, nos enfrenta de alguna u otra manera a los bolivianos?

No conozco el Chaco, pero Valdivia me obligó a viajar con él a través del celuloide, y me hizo pensar, sin querer y con nostalgia, en Urzagasti, porque si vas al Chaco hay que viajar pues, tienes que ser un caminante, un errante, un “nómada” en busca de algo, el viajero de un país. Y ese viaje se dirige siempre al Chaco, en forma de soldados cambas y collas sedientos buscando agua en un pozo inventado, en forma de todos los árboles de la tribu, en forma de un jailón conversando con un guaraní, bolivianos encontrados, desencontrados, el otro y el otro, él y yo, cineasta y cinéfila, todos… mezcladitos en esa tierra.

Ya estaba alertada de que Yvy Maraey iba a rendir tributo a la palabra, pero no sabía que también iba a rendir tributo a la poesía, esa mirada extraviada en voz guaraní, en los ladridos de perro y en el chirrido de violines. Me emocioné, porque mediante el cine me encontraba con otro pensamiento y me gustaba, con otro que yo se que está más allá, con ese otro que sabe que yo también existo. Era de suponer, que la otredad iba a ser el tema para la crítica, para un análisis del otro, de la jailonés encontrada con lo indígena, de Valdivia y su manera de hacer cine; pero yo me quedo con la palabra y la tierra como un lugar de encuentro con nosotros mismos para recién encontrarnos con cualquier otro.

Entrar en la casa de un guaraní debe ser especial, entrar en la casa de Valdivia debe ser especial también, descansar y saber que hay una obra que te acoge en sus butacas nos pone a conversar. Elio Ortíz y Felipe Román, guaraníes que trabajaron el argumento junto a Valdivia y actuaron en la película, llegaron desde Camiri para el estreno. Los vi y al estilo Valdivia, me acerqué para conversar con ellos, para seguir practicando la famosa interculturalidad, así de orureña a guaraní, y comprender esa filosofía hermosa plasmada en el cine. Seguramente se rieron por mi manera de pronunciar el nombre de la película; pero sentí su respeto inmediato por mi “no saber mucho”, y así a ojo cerrado entregué el oído y mi grabadora a sus voces. Muchas cosas salieron, entre esas, ese deseo de que no sólo unos cuantos, como Valdivia, se inquieten por conocer al otro, de que en los colegios urbanos también se enseñe bien las lenguas nativas, de que sus templos están en cada paso que dan, entre desconocidos y de que por ser “otra”, pueden disculpar mi ignorancia con respecto a su cultura. Ellos, Elio y Felipe, están conscientes de utilizar la película para su beneficio y de que Valdivia también los use, porque de eso se trata, de utilizarse mutuamente, ver en el otro lo que puede servir… para crecer. Y creo que Valdivia creció, mucho, no sólo en su cine, sino de alma, porque encontrarse con Elio y Felipe seguramente le dejó un aire de humildad, un aire distinto de crear en comunidad, de apropiarse de una poesía para mostrarla desde su ojo. Creo que los guaraníes han crecido, de la misma manera, en pantalla gigante, en esa manera moderna de mostrarse, de tener la posibilidad de enfrentarse con el karay, de decirnos karay, otro, vos no ves como yo veo. Y obviamente crecí yo, la tercera persona metiche en este diálogo, porque de pronto en mi delante se regalan cosas, se recriminan cosas, se devuelven cosas, y así entre cosa y cosa yo asumo el rol de tejedora y viajera de sus silencios, para entrelazar el sentimiento de uno y del otro, mirando al cineasta de la zona sur y al actor de Camiri y sin saber a quién apostarle.

Quedará escoger a las estrellas porque esas no tienen miramientos al momento de alumbrar y quedará también una lección maravillosa cuando te entiendes con un lejano a vos: “Cuando alguien de afuera viene a tu casa, tienes que regalarle lo mejor que tengas, y cuando esa persona te reciba en su casa, debe regalarte igual, lo mejor que tenga, es como un símbolo de pacto, un pacto de amistad y para eso hay que convivir, la verdadera interculturalidad es viviéndola, sintiéndola, palpándola” afirma Elio, al momento de explicar el encuentro entre desconocidos. Es ahí donde el círculo entre un Chaco y otro Chaco se cierra. Me atormento, desde entonces, con los beneméritos del Chaco quienes nos han dado lo mejor de sí, cuántas novelas del Chaco se han escrito y se siguen escribiendo, cuánto nos dejó Urzagasti, qué película nos están entregando el Elio, el Felipe y el Juan Carlos. ¿Y qué estoy haciendo yo como la otra? ¿Estaré valorando por lo menos lo entregado? ¿Estaré devorando, comiendo, vomitando esas novelas? ¿Qué es lo mejor de mí para que yo pueda entregarle a todo este Chaco que me está gritando a diario un sin fin de cosas desde su aridez?

Tal vez me venga una nostalgia por la propia humanidad, esa que se peina el cabello largo en el rio, esa que de generación en generación canta para sanar y habla para ser. Todo eso lo han hecho mis abuelos y de alguna manera lo hago también yo, es así que no me siento tan ajena y no me sorprende un mundo tan lejano; pero sí me emociona porque mi alma recuerda ese propio Chaco, mi Chaco, mi desierto. Ese lugar silencioso, esa tierra donde moribunda suelo alucinar, esa memoria del agua, esa manera de zambullirme en la nada, esos road movies personales que todos hemos tenido en la vida y donde hemos aprendido con sangre a respetar el sendero… donde el universo se vuelca para hablarnos en otro idioma.

Hay que viajar, entonces, hay que viajarnos, hay que hacer el esfuerzo de recorrernos de una manera fascinante y regalarnos entre nosotros, para transitarnos honestamente y ser un nómada más, para dar y para recibir, es la única manera de crecer, tocando el fondo de los ríos y así pararnos y darnos cuenta con quién nos estamos mirando. Vamos al cine a ver la película de Valdivia, leamos todas las novelas del Chaco, aprendamos a bailar la chacarera, aprendamos guaraní aunque sea por snobs, leamos y releamos a ese guardián de las palabras (Jesús Urzagasti), lloremos un bolero de caballería, seamos Rositas Pochi por un instante, viajemos al Chaco cual soldados modernos, en jeep o a pie. Así… después de muchos años, como nuestros abuelos, todos podremos ser beneméritos de nuestro propio Chaco y guardianes de nuestras propias lenguas, para qué…para sanarnos de nuestras propias guerras.

Artículo escrito en EL DESACUERDO No. 12

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Para Francisco José Suárez (o Torombo), Bolivia es el país de la papa, nuestros cerros, nuestros apus y la tierra de donde sacan semejante tubérculo.

El Torombo es un hombre grande, 45 años, cabello largo y ondulado, toma mucha agua, en su brazo una flecha tatuada se extiende cada vez que lo levanta, sus pies son hermosos y es uno de los grandes maestros del compás flamenco, por ende, es un centauro
completo.

Varios tarsos, metatarsos y falanges nos dimos cita con sus pies y sus ojos. Sabíamos que nos iba a interpelar hasta el tuétano, porque simplemente escarbó hasta el jondo. Lo primero que nos mostró fueron sus pies descalzos y al final sus zapatos bien colgados en
el hombro, ya dispuestos para el baile.

Llegó a Bolivia de la mano de Yadir Vásquez, bailarín cubano y director de la compañía de baile A Compás. Lo primero que hizo fue congregar a fanáticos del flamenco, a escuchar una charla magistral de tres horas organizada en el Centro de España. Y allí, delante de
los diplomáticos de la embajada española, señaló con orgullo que su pueblo era la falta ortográfica de un país, pero que con esa falta habían enamorado al mundo y es por eso que ahora son patrimonio inmaterial de la humanidad.

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Patrimonio porque el flamenco es una forma de vida, porque su música es una forma de entender la vida, su pueblo, el gitano. Con el flamenco… el Torombo se peina y se despeina, y baila entre la locura y la cordura, la calma y la tormenta, con lo dulce como remate
después del arrebato. Y así, una y otra vez lo recalcó: “eso no lo hace la tecnología, eso noj han enseñado nuejtro abuelo”.

Durante sus primeros años, muchos sólo miraban sus pies porque estaban chuecos, porque estaban malitos como los de Forrest Gump; sin embargo con el tiempo y este arte, se supo corregir. Es por eso que a Torombito le interesa mirar a los ojos, y no las minusvalías
de la gente. Mirar a los ojos de los artistas, de los niños, de los bailaores y cantaores, estableciendo un cordón umbilical entre seres humanos, entre su familia flamenca no sólo de España sino también toda aquella que ha hecho de este arte su forma de vida en el
mundo, en Asia , en América, en los Andes, en La Paz.

A él ya no le interesa brillar, ya ha visto de todo, a él le interesa difundir este sentir en otros lugares donde la semilla está plantada, donde corazones inquietos se han enamorado profundamente de las palmas, el taconeo y sus remates. Aprovechando, por tal razón,su gira sudamericana “Despacito y a Compás” es que se tomó el tiempo de venir. Quiso bailar en la altura, enseñar y demostrar que todo se trata de entrañar el ritmo y es así cómo la gente cambió…bailando, tocando y escuchándolo atentamente.

Ya en sus clases, muchas mujeres y algunos hombres fuimos testigos de su sabiduría, le sujetamos la mano, giramos descalzas haciendo un círculo bailando diferentes ritmos, sentimos nuestros corazones con su estetoscopio, sí, él lleva muchos juguetes para hacer de su clase momentos lúdicos. Muy detallista en sus explicaciones, paso a paso, despacito y a compás, jamás desorejado, directo y sin anestesia al momento de corregir errores.

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Y es así que fue parte de la familia boliviana, porque no sólo se dio tiempo de dar clases a bailarines apasionados por este arte, sino que también dio charlas en el Centro de Orientación Femenina en La Paz. Y para rematar en fiesta, compartió con la comunidad
flamenca en un apthapi organizado en la casa de Mónica Medina, quien lleva en ella a una gitana desde muy joven. Allí, Mónica, la comadre, le dio serenata con sicureada y todos alrededor bailamos al ritmo de los Andes, pero con movimientos flamencos. Así sentimos
la unión de nuestros pueblos, los gitanos, los flamencos y los andinos, y pudimos entender por supuesto que la tierra ya estaba preparada y que con su visita podíamos comenzar a
tener nuevos sueños.

Torombito se fue al continente asiático, de ahí directo para su casa. Allí seguirá dandoclases, y nosotros posiblemente lo seguiremos viendo en Youtube. Pero eso sí, los que bailamos
a su lado, los que le sujetamos de la mano, ganamos un maestro directo, de esos que te miran a la cara y te cuentan sus secretos, esos secretos que sólo te regalan los abuelos.

Artículo publicado en el número 8 de EL DESACUERDO

https://ia801006.us.archive.org/22/items/Desacuerdo8Low1/Desacuerdo%208_low%20%281%29.pdf

Entrevista realizada por Iblin Linarez

Conduce cinco programas, entre cultura e investigación, en radio París 106.9 FM. Es jefa de Prensa del noticiero Pica, que se emite por ATB, y baila flamenco desde sus 13 años.

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— ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

— Me encanta escuchar las historias: desde una entrevista, con testimonios de vida. La aventura comenzó en radio París hace diez años, conduzco cinco programas. Transité por varios ámbitos de la cultura con estos espacios, lo que me permitió conocer a mucha gente y de ahí nació la inquietud de estudiar antropología.

— ¿Cómo llegó Pica a su vida?

— Emiliano Longo (mi re amigo de la vida) me hizo la propuesta, primero era para trabajar como periodista en Pica y ya han transcurrido dos años desde eso. Actualmente soy la jefa de Prensa de este espacio televisivo. Me gusta hacer varias cosas: también bailo flamenco desde hace 22 años y últimamente escribo poesía.

— ¿Cuál cree que es su aporte en la radio y en la televisión?

— Son dos espacios en los cuales me muevo. En uno visibilizo a los investigadores, a la gente del ámbito cultural y con los programas de radio puedo profundizar en diferentes temas. Lo que hago con Pica es mostrar el mundo de los “changos”, qué les gusta y qué les interesa.

— ¿Cuál es la ventaja de trabajar en estos espacios?

— En Pica no marco tarjeta, me muevo en función de lo que yo planifico con los entrevistados. Con la radio cumplo fechas y lo lindo es que puedo ser hippie, no importa (ríe).

— ¿Qué programas conduce en radio París?

— El que más años tiene, diez en total, es Narradores del pasado, que es sobre historia. Otro es Voces y música, para compartir joyas musicales que no son comerciales. Con Voces y letras se da lugar a la gente que opina sobre géneros, escritores y libros. Uno que ha ido mutando es Los especialistas, encargado de ir por diferentes áreas de la investigación y, por último, está Sentidos críticos, en el que hablamos de eventos culturales, de un fenómeno en particular o presentaciones, a través del público y de especialistas.

— ¿Cómo le alcanza el tiempo para realizar estos trabajos?

— Me organizo y sí (ríe), soy hiperactiva. Amo la cultura y por ello estoy en la radio gracias a mi gurú Jaime Reyes (fallecido catedrático de Comunicación Social), quien me enseñó a escribir guiones y hacer entrevistas. Además me encanta escuchar las voces. Nada de esto pasaría sin el apoyo de mi jefe Jimmy Vásquez, quien cree en mis propuestas.

— ¿Hay interés por los temas no comerciales que toca en la radio?

— Sí, hay gente que escucha y personas que tienen mucho que decir sobre sus propuestas. Yo no dejaría el medio porque el capital que tengo es la gente que voy conociendo. Aprendo mucho de ellos y estoy enamorada de la radio. Jimmy me dice que mi voz es como una paleta y la música es mi aliada en la radio y en Pica.

— ¿Qué es lo más lindo de hacer un programa como Pica?

— Uy, le saco el jugo a todas las personas que entrevisto. Con todo el equipo pasamos horas debatiendo sobre enfoques, lo que enriquece nuestras notas. Me divierto y aprendo mucho con los chicos. Estamos comprometidos porque hay que mostrar lo que los jóvenes piensan, pero a su manera. El reto es hacer una televisión nada aburrida.

— Al final, ¿si tuviera que elegir, con qué medio se quedaría, ?

— No podría. Para mí, lo que cuentan son las historias, en Tv o en radio. También trabajé en un medio escrito, pero al final quedan las historias. Si me dijeran que haga cine, lo haría. Yo me siento bendecida porque no estudié en vano comunicación, aprendí que la clave es saber contar historias y saber llevar a tu entrevistado por el camino en que te revele sus vivencias.

Publicado en La Razón, 16 de agosto de 2013.

MI ESTANTERIA DICE

LIBRO
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Mi libro favorito es Revelación de un mundo de Clarice Lispector, quien nos dejó también muchas crónicas en el Journal de Brasil sobre diferentes temas. A este libro le agradezco por todas las recomendaciones para llorar correctamente, para conservar el calor humano de los cementerios, para vivir feliz e infeliz en los insomnios. Me parece una brasileña hermosa, una ucraniana hermosa, llena de luz y de oscuridad, que vive al margen de los accidentes y de los astros, dejándose juzgar por sus propios fantasmas, con un corazón por delante, con una taquicardia permanente en sus palabras, con una locura diferente a la demencia. Quizás, como decía ella, no logró catalogar sus alegrías y tampoco utilizar las palabras saudade, amor o gallina como los demás. Por eso siento que con este libro ella supo revelar su mundo, sus mundos,nuestros mundos.

PELI
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La que más me gusta es Agua de la indo-canadiense Deepa Mehta. Para Mehta, el cine es un medio poderoso y su esperanza es provocar diálogo. En Agua expone claramente su molestia ante las desigualdades y las injusticias, en este caso la situación de las viudas en la India. Por ésta y sus otras películas, Mehta ha tenido fuertes problemas con el fundamentalismo de su país. Ella misma señala: “Me di cuenta de que Agua reflejaba lo que ocurría en la India, el ascenso del fundamentalismo hindú y de la intolerancia hacia cualquier cosa; por lo tanto éramos el blanco perfecto”. A su vez esta cineasta cree que la mirada femenina y la fuerza de las mujeres tienen mucho que ver con la compasión en un mundo lleno de intolerancia. Gracias a Rodrigo Bellott, esta película llegó a mi corazón y lloro cuando la vuelvo a ver porque es fantástica y tremendamente urgente.

MUSIQUITA
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El eclecticismo invade mis oídos. Sudar flamenco con la soléa por bulerías, comer con gusto las morenadas, cronopiar tangos, llorar y gritar trova, saltar lo balcánico-gitano, celebrar a las compositoras indi y criollas, pijchar sicureadas de pueblo, agitar el cabello y servir al rock, agitar el alma con cuecas de desamor, callar ante los quejíos del medio oriente, vivir el contentamiento ante cualquier canción con saudade y obviamente coreografiar lo más “in” frente a la tele. Todos esos verbos se activan cuando escucho las músicas de esos rincones. Y si tengo que decir nombres: Lennon, Cazasola, Cohen, Luzmila, Camarón, Radiohead, Muse, Spektor, Astor, Goran… mis oídos son muy promiscuos, no puedo vivir en fidelidad.

Publicado en MIRADAS de Página Siete, el 12/12/2012

RESEÑA del concierto de presentación del disco Destrenzas, del guitarrista paceño Gabriel Guzmán.
22/10/2011gabo

Sin duda, el Gabo, nuestro guitarrista Gabriel Guzmán, está chocho con su primer disco Destrenzas. Con este su grito de independencia, se ha soltado el cabello y ha dejado de (sólo) acompañar a otros músicos; pero ellos, sus amigos, sus hermanos y sus magos tampoco lo han dejado solito.

¿Qué diciendo ahora puedo criticarlo al Gabo, cuando es él mismo quien nos cuestiona, siempre, con su ojo raro? No queda otra, pues, que analizar su presentación, el lanzamiento y ch’alla de este su disco, con el mismo ojo que a veces nos mira.

Es muy triste cuando el Teatro de Cámara no se llena; pero el Gabo volcó taquilla con sus amigos y sus perseguidores musicales.

El ritual tuvo su mística. En una esquina yacía el disco challado, invitando a ser mojado nuevamente con el alcohol. El guitarrista salió maquillado y con trenza; en algún momento pensé que se iba a destrenzar, como un performance paralelo, pero no, no movió nunca la cabellera.

Lo que sí movió y bastante fue a sus músicos invitados, quienes, tras una presentación al estilo del Gabo, salieron, tocaron un temita y se volvieron a entrar al camerino donde, según se escuchaba de rato en rato, parece que vivieron una fiesta aparte.

Vamos a la música. No pues, el Gabo supo abrazarnos como abraza a sus guitarras, a la acústica y a la eléctrica. El Gabo demostró que la dulzura es capaz de ir acompañada de la furia, y que no importa la soledad de un instrumento para confundir las sensaciones.

Es un guitarrista pulcro que ha hecho arreglos musicales de varios cantantes, y ésta era su oportunidad para mostrarse así, solito y como es, bien capo.

Y se acompañó de aquellos que lo conocen y saben cuándo quiere música tierna, cálida o fuerte. Tal es el caso del percusionista Marcelo Murillo, con quien tiene una especie de pacto musical; ni qué decir de Vadik Barrón, con quien compuso una canción del disco.

También estuvieron en escena -para deleite de la gente- Sergio Antezana, Sobrevigencia, Álvaro Montenegro y Óscar García. Faltó Melissa Herrera -de todos con los que grabó el CD-, quien no pudo estar para la presentación; de cierta forma la extrañé porque había muchos hombres en el escenario y lo único femenino fue la guitarra.

Dos temas me conmovieron especialmente, no sé si por el encuentro de generaciones o por la ternura de interpretación. Tanto Óscar García como Álvaro Montenegro -por separado, y a su turno- se mostraron tan niños y tan dulces como es el Gabo en sus composiciones.

Lloré porque es raro verlo cantar al Óscar, y más aún si lo hace casi sollozando, casi leyendo un poema como lo hizo tantas veces con el poeta Juan Carlos Orihuela. En cuanto a la cueca La tejedora, interpretada con Álvaro Montenegro, me pareció un pacto nuevo con la ciudad moderna; unión de cuerdas y metal.

Por lo demás, la familia musical del Gabo, Sobrevigencia, se mostró con todo para reventar el teatro como siempre lo hace. No cabe duda que Gabriel Guzmán se forjó en este grupo, cuya solidez y fuerza vibran a través de los instrumentos de viento y percusión.

Tocaron el tema Teoponte, y con eso bastó para corroborar que vale la pena seguir escuchando nuestra música, que por sí sola hace crítica social, incluso sin palabras. Busqué el tema en el disco porque fue el que más me impactó, y sólo después caí en cuenta que era de Sobrevigencia. Queda buscarlo y escucharlo de nuevo.

Aunque el repertorio respetó casi rigurosamente el orden de las canciones en el disco, el tiempo quedó corto; parecía que habían tocado cuatro temas y ya había terminado el concierto.

Quería más, esperé que en algún momento se haga un ensamble entre todos los artistas, pero no se pudo llegar a un clímax general, y nos quedamos con los estilos personales.

El concepto quedó claro, pero quizás no se pudo manejar en escena ese desprenderse, esa distancia, para quedarse al final, el guitarrista, con su propio fantasma, sin arreglo ajeno, con su guitarra desnuda, sólo cuerdas.

Queda decir que el Gabo me hace recuerdo a su abuelo, Mario Guzmán, porque tiene un aire que no tiene cualquier artista: parece que ha sobrevivido del pasado, porque lo trae en sus melodías, en sus maneras tan paceñas de hablar, en esa manera’ de tocar.

* Columna coordinada por Bunker, espacio cultural.
Publicado en Página Siete